CAPITULO 17: AMOR SIN LIMITES (Versión corregida con IA)
***PERSONAJES RECURRENTES:
*Mencha y Sebastián, padres de Sofía (Foto: Margarita Rosa de Francisco y Guy Ecker):
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🏫 LA VERDAD REVELADA Y EL REFUGIO EN EL PENTHOUSE
El sol de la tarde cae a plomo sobre la entrada del colegio, pero la verdadera tormenta se desata entre los adultos. Marcelo, con el pecho encendido por el descubrimiento de su paternidad, sostiene una mirada desafiante frente a Raúl. Es en ese instante de máxima tensión cuando doña Charo da un paso al frente, interponiéndose con los brazos cruzados y el rostro rígido de indignación.
—¡Lárguese de nuestra presencia ahora mismo, jovencito! —sentencia doña Charito, con la voz temblando de rabia—. Lillwsisa es hija nuestra y de nadie más. Nosotros la recibimos en este mundo, la criamos día con día y le dimos nuestro apellido legítimo. Legalmente, ella es nuestra hija ante la ley y ante Dios.
—Es completamente cierto, señora Charo —responde Marcelo, obligándose a mantener la calma, aunque la firmeza de su voz delata su determinación—. Ustedes están en todo su derecho de exigir y defender la paternidad de la niña. Fue una labor impecable la que hicieron, le dieron un hogar y los felicito de corazón por ello. ¡¡¡Pero la biología no se borra con un papel, y Lillwsisa es mi hija de sangre y tiene el derecho absoluto de saberlo!!!
Justo detrás de los arbustos del patio, la pequeña Lillwsisa, que había olvidado uno de sus cuadernos, se detiene en seco. Las palabras de los adultos impactan en sus oídos, provocando que su rostro infantil se contraiga en un gesto de profunda confusión y espanto.
—Papá... mamá... —exclama la pequeña, saliendo de su escondite con los ojos muy abiertos y la voz temblorosa—. ¿De qué demonios están hablando? ¿Por qué Marcelo está diciendo que él es mi verdadero padre?
—No, mi vida, no es nada de eso —interviene Raúl de inmediato, suavizando el tono y aproximándose a ella con ademán amoroso—. Has escuchado mal, mi cielo. Es solo un malentendido de adultos.
—¡¡¡Yo escuché perfectamente bien!!! —estalla Lillwsisa, dando un paso atrás, con las lágrimas a punto de brotar—. ¡¡¡Este hombre acaba de gritar que es mi padre!!! ¡¡¡Les exijo que me digan la verdad ahora mismo!!!
—Hijita... —suplica Charito, buscando desesperadamente tomarla de las manos—. Este no es el lugar ni el momento adecuado para hablar de cosas tan complejas. ¿Por qué no vamos a casa y allá te explicamos todo con calma?
—¡¡¡No!!! ¡¡¡Exijo que me lo expliquen todo aquí y ahora mismo!!! —exclama Lillwsisa, adoptando una postura tajante que congela a sus abuelos.
En ese instante de máxima vulnerabilidad, Viviana emerge a toda prisa por el pasillo principal de la escuela. Al ver el callejón sin salida en el que se encuentran, exhala un hondo suspiro de resignación.
—¡¡¡Ejem!!! —interviene Viviana, atrayendo las miradas de todos—. Ya no tiene caso seguir ocultándolo, Lillwsisa... Yo no quería por nada del mundo que te enteraras de la verdad de esta manera tan espantosa. Pero es un hecho: Marcelo y yo somos tus verdaderos padres biológicos. Lo siento en el alma, mi niña.
—¿Eso... eso es verdad? —balbucea Lillwsisa, sintiendo que el mundo bajo sus pies se desmorona—. Díganme, por favor... ¿Por qué Viviana está diciendo que yo soy su hija y no su hermana?
—Pues... sí, mi amor —admite Charito, quebrando en llanto—. Es la verdad. Viviana y Marcelo son tus padres biológicos.
—¡¡¡Ustedes me han mentido toda mi vida!!! —exclama Lillwsisa, con el corazón roto.
Dominada por la traición, la niña da media vuelta y echa a correr por la explanada, buscando refugio en donde divisa a sus mejores amigos, la pequeña Noelia y el niño Deniz Cihan. Detrás de ella, Charo, Raúl, Viviana y Marcelo emprenden una veloz carrera para intentar detenerla.
—¿Qué te pasa, Lillwsisa? ¿Por qué estás llorando así? —pregunta la niña Noelia, alarmada al ver el estado de su amiguita.
—¡¡¡Son unos malditos mentirosos todos!!! —estalla Lillwsisa entre sollozos y gritos—. ¡Resulta que mis padres no son mis padres, sino mis abuelos! ¡Y que Viviana no es mi hermana mayor, sino mi madre, y que este hombre, Marcelo, es mi verdadero padre!
—¡¡¡Uau!!! —exclama el niño Deniz Cihan, abriendo los ojos de par en par con asombro—. ¡¡¡Esto parece un capítulo de estreno sacado de la mejor telenovela de la noche!!!
—¡Cállate, Deniz Cihan, esto es un asunto sumamente serio! —lo reprende la pequeña Noelia, dándole un leve empujón.
En ese preciso instante, la profesora Ana Lu se aproxima presurosa al grupo. De inmediato, Noelia y Deniz Cihan se encargan de resumirle el dramático panorama y la dolorosa revelación que acaba de sacudir el mundo de la pequeña Lillwsisa.
—A ver, mi hermosa Lillwsisa... —dice Ana Lu, agachándose a su altura con infinita ternura—. Debes intentar tranquilizarte un poco, mi amor. Te juro que todo en esta vida tiene una explicación lógica y una razón de ser.
—¡¡¡La única explicación real es que se burlaron de mí y me mintieron desde que nací!!! —exclama Lillwsisa, con la mirada encendida de resentimiento—. ¡¡¡Yo los odio a todos!!! ¡¡¡Quiero ver a esas personas completamente fuera de mi presencia ahora mismo!!! ¡¡¡No los quiero volver a ver en mi vida!!!
Lillwsisa toma fuertemente de la mano a la pequeña Noelia, exigiéndole que se retiren juntas del lugar para escapar de los adultos. Charito y Raúl intentan darles el alcance con desesperación, pero doña Lydia, la madre de Ana Lu, interviene con una enorme templanza, deteniéndolos físicamente en el andén: «Déjenlas respirar un momento, por favor, no la presionen más».
Aprovechando la tregua, la profesora Ana Lu y José Emilio Arizmendi intercambian una mirada de complicidad, deciden darle alcance a las pequeñas por cuenta propia y corren a subirse al lujoso automóvil de él.
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El motor del vehículo ruge y, tras avanzar un par de calles, Ana Lu y José Emilio logran emparejarse con las niñas, quienes caminan a paso apresurado por la acera. Ana Lu presiona el botón, baja el vidrio del copiloto y les habla con voz suave pero firme.
—¡¡¡Yo no quiero estar cerca de esas personas ni regresar a ese apartamento!!! —exclama Lillwsisa, marchando con la cabeza baja.
—Ellos te aman con el alma, Lillwsisa... Ellos son tu verdadera familia —le recuerda Ana Lu con dulzura.
—¡¡¡No son absolutamente nada mío!!! ¡¡¡Son una sarta de mentirosos!!! —insiste la niña, limpiándose las lágrimas con rabia.
—Bueno, está bien, no hablaremos de eso ahora —cede Ana Lu, adoptando un tono estratégico—. Pero es sumamente peligroso que ustedes dos caminen solas a estas horas por estas avenidas. ¿Por qué mejor no suben al auto y platicamos con calma? Por favor, Noelia, dile a tu amiguita que suba con nosotros.
—Lillwsisa... —interviene la pequeña Noelia, deteniéndose y mirando a su amiga con ojos suplicantes—. Por favor, hazle caso a la maestra Ana Lu y sube al auto. Hazlo por mí, por favor. Yo solo quiero que estemos a salvo con mis padres.
—Al menos tú tienes suerte, Noelia... Tú siempre supiste perfectamente quiénes eran tus verdaderos padres —comenta Lillwsisa con amargura.
—Te juro que todo este espantoso malentendido se va a aclarar muy pronto, pero por favor sube al auto, ¿sí? —insiste Noelia, extendiéndole la mano.
Lillwsisa, vencida por los ruegos de su mejor amiga, obedece finalmente y se sube al asiento trasero del automóvil de José Emilio. Una vez adentro y con los cinturones abrochados, la pequeña Noelia mira a su padre a través del espejo retrovisor con expresión convincente.
—No lo sé, hijita... —duda José Emilio, carraspeando la garganta—. La familia de tu amiguita debe estar muriendo de la angustia en la escuela. Lo correcto es que ella regrese con sus padres.
—Vamos, papito lindo... —insiste la pequeña Noelia con voz sumamente persuasiva—. No seas malito con nosotras. Debemos llevar a mi amiguita a la casa para que descanse y se calme, ¿okay?
—¡¡¡Ejem!!! —interviene Ana Lu, apoyando la moción de la niña—. José Emilio, yo creo firmemente que en esta ocasión debemos hacerle caso a Noelia. Yo misma me encargaré de contactar a su familia a escondidas para avisarles que la niña está bajo nuestro resguardo. Por favor, hazlo. Ella necesita urgentemente un espacio neutral para tranquilizarse, asimilar el golpe y reconsiderar las cosas.
José Emilio se deja convencer por los ruegos combinados de su hija y de la bella maestra, da marcha al vehículo y enrumba directo hacia el exclusivo conjunto residencial. Para aligerar la pesada atmósfera de tensión, Ana Lu enciende el estéreo del auto y sintoniza una melodía sumamente pegajosa: «Golden», de la banda sonora de la película animada K-Pop Demon Hunters. Las vibrantes notas musicales y el ritmo enérgico de la canción actúan como un bálsamo, devolviendo gradualmente la paz y la alegría a los atribulados corazones de las pequeñas.
Una vez instalados en la seguridad del lujoso penthouse, Ana Lu se aparta hacia el estudio y, tal como lo prometió, realiza una llamada telefónica a escondidas para contactar a la desesperada familia de Lillwsisa. Con voz firme y tranquilizadora, les asegura que la niña se encuentra completamente sana, salva y bajo la protección de la familia Arizmendi, pidiéndoles que le otorguen unas horas de tregua para que la menor pueda asimilar la verdad sin presiones.
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🇺🇸 ORGULLO NATIVA AMERICANA EN LA BOUTIQUE
Mientras tanto, en el centro de la ciudad, Amber se encuentra al frente de las labores cotidianas en su elegante boutique de modas. De pronto, un altercado verbal rompe la armonía del establecimiento. Un hombre de tez blanca, anglosajón, alto y de porte arrogante, gesticula con violencia en medio del pasillo frente a un cliente de rasgos mestizos y baja estatura. El agresor lo mira con absoluto desprecio, lanzándole insultos racistas a viva voz para que se marche del lugar:
—Get out of here, you beaner... low-class trash! (¡Lárgate de aquí, frijolero... basura de baja clase!) —grita el anglosajón, alzando los puños—. ¡No queremos a ningún maldito inmigrante invadiendo nuestra sagrada tierra!
Es en ese preciso instante cuando Amber, con la sangre hirviendo de indignación, sale de detrás del mostrador y encara al agresor blanco con una postura imponente y una mirada de fuego. El sujeto, al observar las facciones exóticas y el tono de piel de Amber, asume de inmediato que se trata de otra extranjera y la ataca verbalmente:
—Get out of here, you fucking latina! (¡Lárgate de aquí, maldita latina!)
—I am not latina! —responde Amber con un inglés perfecto, fluido y una voz que resuena con un eco ensordecedor por todo el local—. I am a proud Native American heritage! This land is my land. You are a descendant of the white trash that stole our lands! (¡Yo no soy ninguna latina! ¡Yo poseo un orgulloso legado de nativos americanos! Esta tierra es legítimamente mi tierra. ¡Tú eres simplemente el descendiente de la basura blanca que vino a robarse nuestras tierras ancestros!)
La contundencia de las palabras de Amber deja mudo al agresor, recordándole con orgullo histórico que él también desciende de inmigrantes europeos que usurparon los territorios originarios. En ese momento de máxima tensión, las sirenas de la policía resuenan en el exterior; las autoridades ingresan de inmediato al establecimiento y proceden con la detención de los implicados en el altercado por alteración del orden público. Benito, quien se encontraba realizando unas compras en la acera de enfrente y presenció toda la escena, se aproxima a Amber con el rostro iluminado de admiración.
—¡Hola, Amber! Déjame decirte que fuiste una mujer verdaderamente valiente al encarar a ese tremendo energúmeno. Le dijiste sus cuantas verdades en la cara y pusiste en alto tus raíces. Te felicito de todo corazón.
—That's true, Benito... —responde Amber, intentando normalizar su respiración—. Yo no... poder "soportar"... la maldita "injustice", la injusticia ante mis ojos.
Benito la contempla con un indiscutible orgullo, esbozando una tierna sonrisa con la esperanza de iniciar una conversación más íntima; sin embargo, Amber desvía su mirada con frialdad hacia la calle, recordando la ausencia de Gerardo, da media vuelta y se retira de su presencia sin despedirse. Benito exhala un hondo suspiro, sintiendo una inmensa frustración ante el constante rechazo de la extranjera hacia su persona.
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📝 EL PERDÓN EN IDIOMA QUECHUA
Un par de horas más tarde, en la tranquilidad de la sala del penthouse de los Arizmendi, la profesora Ana Lu se sienta en el sofá al lado de Lillwsisa, quien tras haber tomado un vaso de leche se encuentra visiblemente más calmada.
—Tus padres están sumamente preocupados por ti, mi hermosa Lillwsisa —comienza Ana Lu con tono maternal—. Ellos no han parado de llorar y lo único que desean en este mundo es que regreses sana y salva a casa.
—¡¡¡Pero es que ellos me mintieron durante ocho años, maestra Ana Lu!!! —insiste la pequeña, bajando la mirada.
—Lo sé, mi amor, y entiendo perfectamente tu dolor. Pero ponte a pensar por un momento: ellos habrán tenido sus poderosas razones familiares para actuar así en el pasado. No los juzgues con tanta severidad, te lo pido por favor. Esos señores han sido unas personas extraordinarias contigo, te han brindado un hogar maravilloso y te criaron para ser la niña noble, inteligente y educada que eres hoy. Vamos, mi cielo, debes calmarte. Comprendo perfectamente tu primera reacción de enojo, pero el rencor no deja nada bueno en el corazón. Ellos te adoran y siempre han buscado lo mejor para tu bienestar.
La pequeña Lillwsisa permanece en absoluto silencio, procesando las sabias palabras de su mentora.
—Bueno, y cambiando drásticamente de tema para alegrarte el día... Déjame darte una excelente noticia: acabo de revisar las calificaciones y sacaste una bien merecida "B" en tu examen de Matemáticas —anuncia la profesora con una gran sonrisa—. ¡Te felicito muchísimo, mi niña! Sigue adelante con ese mismo empeño en tus estudios.
—¡¿Cómo que solo una "B", maestra?! —reacciona la niña, esbozando un tierno mohín de orgullo—. ¡Yo no me conformo, yo quiero estudiar el doble para sacar una "A+" en la siguiente prueba!
—¡Y ten por seguro que lo vas a conseguir muy pronto! Eres una niña sumamente inteligente, lista y capaz de convertirte en la alumna más sobresaliente de todo el colegio. Vamos, chiquita hermosa, saca todo ese rencor de tu pecho y regresa a casa con los tuyos, ¿okay?
—Lillwsisa... —interviene la pequeña Noelia, aproximándose al sofá para tomarla de la mano—. Yo no quiero verte sufrir más por esto. Verte triste me hace mucho daño a mí también, ¿no lo entiendes?
—Mira, Lillwsisa... —apoya Ana Lu, acariciándole el cabello—. Tu mejor amiga tiene toda la razón del mundo. No sufras más de forma innecesaria.
La pequeña Lillwsisa mira los ojos sinceros de Noelia y, conmovida por el lazo de amistad, termina por tranquilizarse por completo. Es en ese instante cuando Ana Lu saca su teléfono y realiza la llamada definitiva a los familiares. A los pocos minutos, el timbre del penthouse resuena y doña Charo junto a don Raúl ingresan a la sala con los rostros desencajados por el llanto. Sin dudarlo, se lanzan de rodillas ante la pequeña para rodearla en un abrazo asfixiante, pidiéndole perdón por haberle ocultado la verdad por tanto tiempo.
—¡Aanchatam kuyaykiku! (¡Te queremos con todas las fuerzas de nuestra alma!) —exclamaron Charito y Raúl entre sollozos, apelando al idioma quechua—. Tú siempre, sin importar la biología, serás nuestra adorada churi... nuestra única y legítima hija por siempre, Lillwsisa.
Lillwsisa, incapaz de contener más el torrente de amor filial, rompe en un llanto liberador y se funde en el abrazo de Charito y Raúl, reconociéndolos como sus verdaderos padres de vida. Minutos después, la familia se despide agradecida y regresa a su apartamento, donde en la entrada los aguarda una silenciosa Viviana. Al ver llegar a la niña, Viviana baja la mirada con profunda vergüenza y le pide un sincero perdón por los errores del pasado; Lillwsisa la mira con una mezcla de madurez y distancia, asiente levemente con la cabeza y se retira hacia su habitación tomada de la mano de sus padres. Cumplida la misión, Ana Lu regresa a su hogar para reencontrarse con sus padres, don Bob y doña Lydia, así como con Jelly Lorena y su inseparable compañero Neville.
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💥 UN PACTO SINIESTRO Y UN TRÁGICO DESENLACE EN LA AUTOPISTA
Esa misma noche, entre las lujosas sábanas de su alcoba, Gala Lorena y Gerardo se entregan una vez más a un frenesí de pasión salvaje. Sin embargo, en medio de los espasmos de placer, la mente maquiavélica de Gala Lorena no descansa; comienza a estructurar un plan milimétrico para apartar definitivamente a José Emilio Arizmendi de los brazos de la profesora del colegio. En una esquina de la habitación, invisible para los mortales, el espíritu de Noelia madre contempla la escena con una profunda repulsión ante tanta bajeza.
—¿Te ocurre algo malo, mi bellísima Gala Lorena? —pregunta Gerardo, deteniéndose un momento y acariciándole el rostro—. Te noto un tanto distraída y distante durante el acto esta noche.
—No pasa absolutamente nada malo, guapo —responde ella, entornando los ojos con malicia—. Es solo que me da una rabia inmensa y un coraje insoportable ver a José Emilio tan cercano y sonriente con esa maldita profesora de escuela.
—¡¿Profesora?! —reacciona Gerardo, y al instante un brillo de obsesión lasciva ilumina sus ojos—. ¿De qué maestra estás hablando exactamente, mi reina?
—De la tal Ana Lu, esa estúpida jovencita entrometida.
—¿Y qué pasa con Ana Lu? —pregunta el delincuente, tragando saliva.
—¡Es una maldita metiche que no para de interferir de forma constante en mis planes corporativos y personales!
—¿Y cuáles son esos planes tuyos, si se puede saber?
—Yo quiero a José Emilio Arizmendi y a toda su inmensa fortuna exclusivamente para mí, Gerardo... Y esa maestrita barata pretende quitármelo del camino.
—Te entiendo perfectamente, preciosa... —sonríe Gerardo con cinismo, saboreando la oportunidad—. Da la casualidad de que yo también deseo con locura poseer el cuerpo de Ana Lu exclusivamente para mí en mi cama. ¿Qué te parece si unimos nuestras fuerzas, hacemos un pacto y planeamos algo verdaderamente siniestro para separarlos de una vez por todas?
—Hummm... Me parece una idea sumamente tentadora, guapo... ¿Qué gran maldad se te ocurre que podamos hacerles?
—No lo sé todavía con certeza, mi amor... Mejor sigamos haciendo salvajemente el amor y dejamos que la inspiración llegue con el placer, ¿qué te parece?
Gerardo se abalanza nuevamente sobre el cuerpo de la bellísima Gala Lorena, reanudando su noche de lujuria desenfrenada.
Un par de horas más tarde, entrada la medianoche, Gala Lorena y Gerardo deciden salir a las avenidas a bordo de su moderno automóvil deportivo para despejar la mente y disfrutar de la brisa nocturna. Gerardo conduce a gran velocidad por la autopista principal mientras ríe a carcajadas compartiendo complicidades con su amante. De pronto, al salir de una pronunciada curva bajo la niebla, los faros de un enorme vehículo que viaja en sentido contrario y a una velocidad descomunal los encandilan por completo. El conductor de dicho auto pierde el control total del volante y se estrella de forma frontal y brutal contra el coche de los amantes: ¡¡¡CRASH!!! El impacto es devastador y ensordecedor. Las carrocerías de metal se comprimen instantáneamente en un montón de chatarra humeante; Gala Lorena y Gerardo pierden la vida de forma fulminante e instantánea en el lugar del siniestro.
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🔮 LA PROFECÍA DE LAS LORENAS
A la mañana siguiente, la trágica noticia del brutal accidente automovilístico llega a los oídos de Miss Halsey, la estricta directora de la escuela. La mujer se queda completamente impactada, se desploma sobre su escritorio y comienza a llorar amargamente con desesperación ante la pérdida de su sobrino consentido. Con las manos temblorosas, toma el teléfono y se contacta de inmediato con su otra sobrina (y prima hermana del fallecido), la talentosa cantante Lorena Lucía. Al escuchar los detalles del siniestro, el corazón de Lorena Lucía se llena de un profundo rencor y sed de justicia, exigiendo a gritos a las autoridades que caiga todo el peso de la ley sobre la persona responsable de la tragedia. En los reportes preliminares de la policía vial, se revela oficialmente que la conductora del vehículo causante del choque responde al nombre de Gloria Lorena.
Por su parte, en el calor de su hogar, Ana Lu observa los detalles del reportaje en el noticiero matutino en compañía de sus padres y de Jelly Lorena. La joven maestra experimenta un escalofrío, pues conocía de sobra a Gerardo por sus constantes acosos en los pasillos de la escuela.
—Vaya... Qué dato tan verdaderamente curioso y espeluznante —comenta don Bob, ajustándose los anteojos frente a la pantalla—. Según el cintillo del noticiero, la mujer culpable del choque responde al nombre de Gloria Lorena, mientras que la mujer víctima que viajaba de copiloto se llamaba Gala Lorena.
—Eso no tiene absolutamente nada de extraño ni de casual, mi querido Bob —interviene doña Lydia con un semblante de suma solemnidad y misterio—. Todo esto forma parte de la antigua y oscura profecía de las "Lorenas"... Aquella que dicta con fuerza que una Lorena matará a otra Lorena y, al final del camino de la vida, solo quedará una sola mujer con ese nombre sobre la Tierra.
—¡¿Qué?! —reacciona Jelly Lorena, sintiendo un sudor frío recorrer su espalda—. Pero si mi segundo nombre es legalmente Lorena... Entonces... ¿eso quiere decir que yo podría convertirme en la próxima víctima de esa maldición?
—¡¡¡Bah!!! ¡Qué sarta de tonterías estás diciendo, por favor! —estalla Neville, su solícito compañero, sueltando una carcajada para aligerar la tensión—. No le hagas el menor caso a esas viejas supersticiones de pueblo, Jelly. Existen literalmente miles de millones de mujeres llamadas Lorena en todo el planeta. No tienes absolutamente nada que temer a nuestro lado.
—A pesar de todo... no puedo evitar pensar en el dolor de Lorena Lucía —comenta Ana Lu, adoptando una postura sumamente pensativa.
—¡¿Lorena Lucía?! —se sorprende Jelly Lorena, abriendo los ojos de par en par—. ¿Qué tiene que ver ella con todo este asunto?
—Ella es la prima hermana carnal de Gerardo —le revela Ana Lu con solemnidad.
Jelly Lorena experimenta un visible ataque de nervios ante las siniestras conexiones del destino, mientras Neville la rodea con sus brazos intentando brindarle consuelo y seguridad.
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🚗 EL PLAN DE RIGO Y LAS CONFESIONES EN EL PENTHOUSE
Al día siguiente, en un lujoso complejo de apartamentos ubicado en las cercanías del conjunto residencial donde habita Ana Lu, la joven Sofía se dispone a arreglarse para iniciar su jornada de trabajo cuando, de pronto, su teléfono emite el sonido de una notificación de Whatzzap. Al abrir el mensaje, descubre con horror que sus respetables padres acaban de abordar un vuelo de conexión y estarán aterrizando en la ciudad de Miami en tan solo unas cuantas horas.
La desesperación se apodera de Sofía; sus exigentes padres bajo ninguna circunstancia deben enterarse de que ella habita en un barrio de clase trabajadora y humilde. ¿Qué estrategia debe implementar para mantener las apariencias de grandeza? Con el corazón acelerado, sale a toda prisa a la calle y se cruza de frente con Rigo, quien de inmediato nota el semblante desencajado y triste de la muchacha.
—Dime una cosa, mi hermosa princesa... ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué noto tanta tristeza y desesperación en tu rostro? —pregunta Rigo con genuina preocupación.
—¡Es una emergencia terrible, Rigo! Mis padres están a escasas horas de aterrizar en el aeropuerto nacional... ¿Y ahora qué demonios voy a hacer? —exclama Sofía, al borde de una crisis nerviosa—. Ellos son personas sumamente orgullosas y bajo ninguna circunstancia les puedo permitir descubrir que su hija vive en un barrio tan humilde y limitado como este.
—Pues si ese es todo el problema, no te preocupes más, Sofía... Yo mismo me encargo de ayudarte a salir de este embrollo.
—¡¿Tú?! ¿Y cómo se puede saber que un simple reparador como tú va a poder ayudarme a aparentar una vida de lujos ante mis padres?
Rigo esboza una enigmática sonrisa y procede a explicarle detalladamente su plan de acción a la joven, mientras de fondo en la radio local comienza a reproducirse la nostálgica melodía de «Cuando», interpretada por Ricardo Arjona.
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Horas más tarde, en la ruidosa terminal del aeropuerto internacional, una elegante pareja de mediana edad cruza con éxito el puesto de control de migración y recoge sus costosas maletas de la banda de equipaje. Al salir a la abarrotada sala de espera, son recibidos con carteles por Sofía y un transformado Rigo.
El muchacho luce un aspecto impecable, vistiendo un finísimo traje de diseñador de la exclusiva marca Louis Vuitton, zapatos de cuero italiano relucientes y un costoso reloj Rolex brillando en su muñeca izquierda. Sofía, conteniendo el aliento, corre a rodear a sus progenitores en un fuerte abrazo de bienvenida.
—¡Papi, mami! Qué felicidad tan inmensa me da que por fin hayan llegado bien. Cuéntenme... ¿Qué tal estuvo el vuelo desde Colombia?
—Todo marchó a las mil maravillas, hijita adorada. Definitivamente el servicio de atención en la sección de Business Class es de primera categoría —responde el padre, acomodándose la corbata—. Pero cuéntanos de ti, mi vida... ¿Cómo marcha tu situación laboral en la ciudad?
—Pues... excelente, papi —miente Sofía, ensayando su mejor sonrisa—. Actualmente me encuentro evaluando unas jugosas ofertas de contratación por parte de una importantísima casa de alta costura internacional. ¡Oh, pero qué cabeza la mía! Permítanme presentarles formalmente a mi distinguido pretendiente, Rigo.
—Es un absoluto honor y un verdadero placer conocerlos en persona, señores —se introduce Rigo con una galantería impecable, tomando la mano de la madre para depositar un respetuoso beso en ella—. Sofía no ha parado de hablarme maravillas de ustedes y de su gran estirpe. ¿Nos marchamos ya? Permítanme asistirlos con el traslado de sus maletas.
Rigo, adoptando los modales de un auténtico caballero de la alta sociedad, toma el equipaje de los suegros y los guía con paso firme hacia la salida de la terminal, donde los aguarda un lujoso automóvil BMW de último modelo con chofer privado uniformado incluido.
El vehículo avanza hasta detenerse en el acceso de un espectacular y opulento penthouse ubicado en la zona más exclusiva y costosa de la bahía, dispuesto por Rigo para hacerlo pasar legítimamente como la residencia oficial de Sofía. Los padres de la joven quedan completamente deslumbrados y con la boca abierta ante el derroche de mármol, lujos y obras de arte que adornan la mansión.
Acomodados en la terraza, Rigo se desboca en pláticas, relatándoles con total naturalidad que es un destacado Arquitecto egresado con honores de la Universidad de Nebraska (¡¡¡Go Cornhuskers!!!), platicando sobre sus millonarias acciones en las principales corporaciones petroleras, sus constantes viajes de negocios a las exóticas tierras de Doha en los Emiratos Árabes y a la China, sus cenas de gala con los más altos círculos políticos del país y el cierre de contratos comerciales con poderosos empresarios coreanos.
Para rematar el espectáculo, Rigo atiende llamadas telefónicas de supuestos inversionistas empleando el último modelo de iPhone en el mercado. Sofía, con el rostro pálido y sudando frío por el temor a meter la pata, le propina discretos pisotones por debajo de la mesa, suplicándole con la mirada que no exagere tanto con las mentiras. Sin embargo, la presión psicológica se vuelve insoportable para la joven; incapaz de sostener por más tiempo semejante farsa frente a las personas que le dieron la vida, Sofía se pone de pie intempestivamente y estalla en llanto.
—¡¡¡Ya basta por favor!!! —exclama Sofía, con la voz quebrada por la culpa—. ¡Papá... mamá... les juro que ya no soporto decirles una sola mentira más en esta vida! ¡Yo no soy ninguna diseñadora exitosa ni mucho menos una mujer millonaria! La verdad es que gano apenas el salario mínimo legal, este espectacular penthouse ni siquiera me pertenece y mi verdadero oficio diario es limpiar casas ajenas.
—¿Ah, sí? ¿Y si no es tuya, se puede saber de quién es esta inmensa mansión, Sofía? —pregunta doña Mencha, cruzándose de brazos con severidad.
—¡¡Ejem!! —interviene Rigo, poniéndose de pie y ajustándose el saco del traje—. Les ruego que se calmen, señores. Esta fastuosa propiedad pertenece legítimamente a mis señores padres. Yo en ningún momento les he mentido con respecto a mis títulos o finanzas; todo lo que les relaté sobre mi carrera y negocios es la absoluta verdad. Incluso poseo un lujoso apartamento privado en la zona histórica de Cartagena de Indias, en Colombia.
—Pero Rigo... —balbucea Sofía, completamente estupefacta—, si tú trabajas diariamente en el barrio desempeñándote como un simple "todero" y realizando reparaciones de mantenimiento...
—Esa empresa de reparaciones y servicios técnicos es de mi exclusiva propiedad, Sofía —le sonríe Rigo con ternura—. El desempeñarme temporalmente como un handyman responde a una lección de vida de mi señor padre; él siempre me inculcó la filosofía de que un verdadero hombre debe aprender a trabajar duro desde abajo, empezando desde cero para valorar la fortuna familiar. Pero en efecto, yo sí cursé mis estudios profesionales en la Universidad de Nebraska y hace apenas unos meses solicité un transfer académico para concluir mis especializaciones en un campus de esta ciudad. Para serles honesto, quería experimentar de cerca el verdadero calor "latino", ¿saben? (jejejeje). Y la verdad es que armé todo este teatro únicamente porque sé cuánto te importaba la opinión de tus padres, Sofía, y quería que ellos se sintieran profundamente orgullosos de la gran mujer que eres. Eres una chica extraordinaria y sus padres tienen motivos de sobra para estar orgullosos de ti, sin importar tu empleo actual.
Doña Mencha guarda un prolongado silencio, respira hondo y, tras intercambiar una mirada de complicidad con su esposo, decide realizar su propia confesión familiar.
—Bueno, mi hermosa hija... Creo que ha llegado el momento de que nosotros también te confesemos un gran secreto del pasado —revela la señora Mencha con una sonrisa de nostalgia—. Yo nunca te lo quise confesar por temor a tus prejuicios, Sofía, pero en mi juventud yo fui una humilde recolectora de granos de café en las fincas de la región.
—¡¿Qué?! Pero mamá... si tú siempre me dijiste que trabajabas en una importantísima empresa exportadora de café junto a mi papá —reacciona Sofía con los ojos abiertos de par en par.
—Y así era, mi vida —asiente don Sebastián, el padre, rodeando a su esposa por la cintura—. Tu madre inició desde lo más bajo de la escala social, trabajando como recolectora bajo el sol, y era una mujer extraordinariamente hábil, dedicada y brillante en su labor diaria. Gracias a ese empeño inquebrantable, poco a poco fue escalando posiciones ejecutivas dentro de la compañía hasta convertirse con los años en la poderosa directiva que es hoy en día. Y yo, al ver su fortaleza, quedé cada vez más perdidamente enamorado de ella. A mí jamás me importó en lo más mínimo su humilde condición social de origen; fuimos escalando peldaños juntos en el mundo porque la amaba con locura. ¿Acaso no fue así, mi hermosa "gaviotica"?
—Así es, mi adorado Sebastián —responde doña Mencha con los ojos brillantes de amor.
Mencha y Sebastián sellan sus palabras sellando su amor en un tierno y apasionado beso frente a la terraza. Sofía contempla la romántica escena de sus padres con el corazón henchido de dicha; en ese instante de madurez, vuelve su mirada hacia Rigo y le lanza un sutil y sumamente coqueto guiño de ojo. Rigo, captando la señal, esboza una sonrisa nerviosa. Minutos más tarde, aprovechando que los padres se apartaron a recorrer los jardines, Sofía confronta a Rigo a solas en el salón.
—Con que esas tenemos, Rigo... Me estuviste mintiendo descaradamente todo este tiempo. Resulta que poseías una inmensa fortuna familiar y me hiciste creer deliberadamente que eras un hombre pobre y limitado —le reclama Sofía con tono pícaro.
—Jejejeje... Guilty as charged! Me declaro totalmente culpable de los cargos, princesa —admite Rigo, encogiéndose de hombros con encanto—. Siento mucho haber tenido que recurrir a esa pequeña omisión de información, Sofía, pero mi único objetivo era asegurarme de que te fijaras en mí por mis verdaderas cualidades humanas y mis sentimientos, y no por el grosor de mi billetera o mis cuentas bancarias. ¿Acaso esa pequeña mentira me convierte en una mala persona ante tus ojos?
—Hummm... —pronuncia Sofía, aproximándose a él con paso lento y actitud sumamente coqueta—. Bueno, para serte totalmente franca, admito que tus recursos y tu astucia me fueron de una ayuda verdaderamente enorme esta tarde. Y la verdad es que te lo agradezco infinitamente, Rigo.
—Si tras descubrir todo esto ya no deseas iniciar una relación sentimental conmigo por haberte mentido, lo comprenderé perfectamente y me retiraré de tu camino —se sincera el joven, bajando la mirada.
—Yo nunca dije que no quisiera estar contigo, Rigo... —le susurra ella.
Sofía le lanza un último y fulminante guiño de ojo. Rigo, completamente desarmado ante la sensualidad de la bellísima muchacha, encorva los hombros y se pone visiblemente nervioso; es en ese instante de tensión romántica cuando Sofía acorta la distancia de golpe, lo toma por el cuello y planta un impulsivo y apasionado beso en sus labios, el cual es respondido por Rigo con total entrega. Ambos se funden en un tierno beso que sella el inicio de su amor en el lujoso balcón.
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🎵 UN BAILE INOLVIDABLE EN LA TIENDA
Por otra parte, en las instalaciones de su boutique, Amber permanece sentada detrás del mostrador con la mirada triste y perdida en la nada, permitiendo que silenciosas lágrimas rueden por sus mejillas. De pronto, la campana de la entrada resuena y la figura de Benito ingresa al local, aproximándose a ella con paso apresurado al notar su llanto.
—¿Qué es lo que te pasa, mi hermosa princesa? ¿Por qué motivo estás llorando con tanta amargura en la soledad de tu trabajo? —pregunta Benito con voz dulce.
—Snif... Es que no puedo evitar sentir con mucha fuerza la terrible ausencia de Gerardo, Benito... —confiesa Amber entre sollozos, limpiándose el rostro—. A pesar de todos sus defectos y mentiras, yo lo quería muchísimo y ahora que ha fallecido de forma tan trágica, siento un vacío enorme... snif...
—Ya, por favor, no llores más, mi vida —le suplica Benito, tomándole delicadamente las manos—. No me gusta en lo absoluto verte sufrir de esa manera tan dolorosa por alguien que ya no está. Tranquila, borra esa tristeza de tu rostro. Ven conmigo, quiero dedicarte una hermosa canción especialmente para ti esta tarde.
Benito camina hacia el reproductor de audio de la tienda, conecta su teléfono y reproduce una pista musical a todo volumen, disponiéndose a cantar con gran sentimiento los versos de «Baile inolvidable», el célebre éxito de Bad Bunny:
«No, no te puedo olvidar / No, no te puedo borrar / Tú me enseñaste a querer / Me enseñaste a bailar...»
La contagiosa y rítmica melodía retumba en las paredes del local, logrando de inmediato levantar la decaída autoestima de Amber, quien no puede evitar sonreír ante el carisma del muchacho. Acto seguido, Benito le extiende la mano con caballerosidad y la saca a bailar en medio de los pasillos de ropa. Amber, dejándose llevar por el ritmo, se acurruca en el pecho de Benito y comienza a fijarse por primera vez en las verdaderas y nobles cualidades del joven que siempre ha estado ahí para protegerla.
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☕ EL ABRAZO QUE DETIENE LA MALDICIÓN
Mientras tanto, en una cafetería cercana al conjunto residencial, Ana Lu asiste a una reunión familiar acompañada de sus señores padres, don Bob y doña Lydia, así como de la pareja conformada por Jelly Lorena y Neville. Sentada en una mesa arrinconada del fondo, logran divisar a la joven Lorena Lucía, quien luce un semblante sumamente triste, apagado y con los ojos hinchados de tanto llorar. Ana Lu la reconoce al instante y le indica discretamente a su grupo que se trata de la prima hermana del fallecido Gerardo. Es en ese instante cuando la sabia doña Lydia codea a Jelly Lorena con insistencia, convenciéndola de aproximarse a entablar conversación con su tocaya.
—¿Y se puede saber por qué motivo exacto tengo que ser yo la que vaya a hablar con esa muchacha desconocida, señora Lydia? —pregunta Jelly Lorena con desconfianza.
—No me pidas explicaciones lógicas en este momento —responde doña Lydia con un tono místico y autoritario—. Solo hazme caso, ve y platica con ella ahora mismo.
Jelly Lorena, resignada, se pone de pie, camina hacia la mesa del fondo y se aproxima con timidez a la deprimida artista.
—Hola... —saluda Jelly Lorena con voz suave—. Disculpa la impertinencia... ¿Tú eres la famosa cantante Lorena Lucía, verdad?
—Sí, soy yo... —responde la artista, levantando la mirada con desgano—. ¿Y tú... quién eres, disculpa?
—Mi nombre completo es Jelly Lorena. Prácticamente somos tocayas de nombre de pila, ¿sabes?
—Vaya, eso veo... Qué coincidencia.
—¿Te molestaría si me siento a hablar contigo un breve rato para hacerte compañía?
—Está bien, no hay problema. Siéntate.
Jelly Lorena se acomoda en la silla contigua a Lorena Lucía, buscando las palabras adecuadas para romper el hielo.
—Solo quería comentarte que el otro día tuve la maravillosa oportunidad de asistir a tu concierto acústico en el bar. Cantas verdaderamente hermoso, posees un ángel único y estoy convencida de que vas a llegar sumamente lejos en la industria musical —comenta Jelly Lorena con total sinceridad.
—Muchísimas gracias por tus palabras... —responde Lorena Lucía con una débil sonrisa.
En ese momento, Jelly Lorena desvía su mirada hacia la mesa del fondo, buscando el apoyo visual de Ana Lu, don Bob, Neville y doña Lydia, quienes la observan con atención.
—¡Ejem! —carraspea Jelly Lorena, retomando la plática—. Te cuento que yo también comparto esa misma pasión por el arte; canto un poco y me dedico a componer mis propias canciones inéditas en mis tiempos libres.
—Qué bien, te felicito por eso.
—¡Ejem!... Sí, claro que a diferencia de ti, yo aún no he tenido la fortuna de contar con una oportunidad real para que el público descubra mis talentos musicales, jejejeje —comenta con una leve risa nerviosa.
—Esta carrera de la música requiere de una dosis inmensa de paciencia y resistencia, Jelly. Las oportunidades llegan cuando menos lo esperas.
—¡Ejem!... Sí, me imagino. Por cierto, mi hermana me comentó que además de la música, tuviste el talento de escribir una hermosa foronovela.
—¿Tu hermana? ¿Quién es tu hermana?
—Ana Lu, la maestra de primaria. Ella dicta clases en el mismo colegio donde trabaja tu tía, Miss Halsey.
—Oh, sí, por supuesto... Conozco perfectamente a Ana Lu, es una excelente profesora y una gran persona.
Jelly Lorena vuelve a desviar la mirada y señala con la mano hacia la mesa donde Ana Lu y sus padres saludan a la distancia a Lorena Lucía con un respetuoso ademán.
—Tienen una familia verdaderamente hermosa, unida y bendecida —comenta Lorena Lucía, con la voz entrecortada por la nostalgia—. En cambio, yo... acabo de sufrir la dolorosa pérdida de mi primo hermano.
—Sí, créeme que te entiendo perfectamente... Sé de sobra lo espantoso que se siente perder a un familiar querido de la noche a la mañana.
—Es que ahora me siento completamente sola en este mundo, Jelly... —estalla Lorena Lucía en llanto—. Primero tuve que sufrir la dolorosa partida de mi querido tío Emilio, y ahora la tragedia se ensaña con mi primo Gerardo. Siento que el piso se me hunde.
—¡Ejem!... Escúchame bien, Lorena: ellos ya no estarán contigo de forma física en la Tierra, eso es un hecho, pero te aseguro que continúan acompañándote a cada paso en espíritu y desde el cielo.
—Lo sé... pero de igual manera los extraño con toda mi alma.
Llevada por un impulso de pura empatía humana, Jelly Lorena se inclina hacia adelante y rodea a Lorena Lucía en un fuerte y prolongado abrazo solidario para consolar su dolor. Es en ese preciso instante de comunión cuando Neville y Ana Lu se aproximan a la mesa a paso lento. Ana Lu, con los ojos fijos en el espacio vacío detrás de la cantante, percibe las vibraciones espirituales del más allá y habla con total solemnidad.
—Lorena Lucía... Tu primo Gerardo y tu tío Emilio me están indicando en este momento desde el plano espiritual que ya no sufras más por su partida —revela Ana Lu con voz celestial—. Ellos se encuentran completamente felices, tranquilos y descansando en la paz eterna, y lo único que desean es verte contenta y brillando con tu música en la Tierra.
Justo en medio de la revelación mística, la silueta compungida de Miss Halsey, la tía de Lorena Lucía, ingresa a la cafetería. Al divisar a su sobrina, la estricta directora rompe su coraza de frialdad; tía y sobrina se corren a unirse en un fuerte y desesperado abrazo familiar, dejando brotar libremente todos sus sentimientos reprimidos. Miss Halsey deposita un tierno beso en la frente de su bella sobrina mientras se estrechan con todas sus fuerzas. Al presenciar semejante muestra de afecto, Jelly Lorena no puede evitar soltar una lágrima de emoción, siendo consolada de inmediato por el abrazo de su padre, don Bob. Ana Lu experimenta una inmensa paz interior al contemplar el cuadro familiar.
—Esa era la respuesta exacta que necesitábamos, Ana Lu... —susurra doña Lydia al oído de su hija con mirada mística—. El amor puro y verdadero de la familia es la única fuerza mística capaz de detener y disolver el avance de la profecía y la maldición.
Ana Lu sonríe y abraza con devoción a su bella madre. Minutos más tarde, la armonía regresa al lugar cuando Neville vuelve a unirse cariñosamente con Jelly Lorena en la barra, mientras que la joven Lorena Lucía recibe con una sonrisa la sorpresiva visita de Carlos, el apuesto chico del baile de las libélulas, abriendo la puerta a una nueva esperanza en su vida.
CONTINUARÁ...
***La canción elegida es "Golden" interpretada por Huntr/x:


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