***Personaje recurrente:
*Profesor Finn (Foto: Jack Black):
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Ana Lu se queda mirando fijamente el afiche de la convocatoria para el nuevo proyecto musical del profesor Finn. A su lado, flotando con su habitual andar etéreo, se encuentra el espíritu de la señora Noelia.
—Es una idea maravillosa —comenta la señora Noelia con una sonrisa—. Cultivar el amor por la música en los niños es algo hermoso. Estoy segura de que mi pequeña Noelia heredó su buen oído musical de nosotros.
—¿De qué estás hablando? —pregunta Ana Lu en un susurro, tratando de no llamar la atención.
—Yo solía tocar el piano, pero quien tenía una verdadera vocación para la música era José Emilio. ¿Sabías que él canta una versión preciosa en catalán de “Blowin’ in the Wind”? Y su hermana Magdalena es una excelente pianista, además de compositora.
—No tenía la menor idea.
—Lamentablemente, desde mi partida, José Emilio descuidó la música por completo. Ya no canta, no toca ningún instrumento y ni siquiera escucha melodías en la casa. Su hermana, por su parte, ahora solo se dedica a criticar a los artistas en internet. Quizás... tú seas la clave para ayudar a que ellos se reencuentren con la música, tal como era antes de que yo me fuera.
Ana Lu se queda pensativa, asimilando la profunda recomendación del espíritu de Noelia.
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Decidida a actuar, Ana Lu se dirige de inmediato a la oficina de la rectora, Miss Halsey, para comentarle su interés en el proyecto musical del profesor Finn. Miss Halsey asiente y llama a Jack Finn, el profesor de música, para que se una a la reunión. A los pocos minutos, el profesor ingresa a la oficina vestido de manera muy informal: un saco casual, blue jeans y zapatillas.
—Profesor Finn... —empieza Ana Lu.
—Por favor, solo dime Jack —interrumpe él con una mirada galante y coqueta—. Creo que no nos han presentado formalmente. ¿Tú eres...?
—Ejem... —interviene Miss Halsey, aclarándose la garganta—. She's Ana Lu Smith, Carol's substitute teacher.
Jack Finn toma con delicadeza la mano de Ana Lu y le planta un beso muy caballeroso. Ana Lu sonríe, un tanto sonrojada por la coquetería. Acto seguido, la rectora le explica a Jack, en inglés, que Miss Smith desea colaborar activamente en el proyecto musical con sus alumnos de octavo grado. Jack Finn acepta encantado y, de inmediato, empieza a detallar el plan. El proyecto consiste en formar una auténtica banda de rock clásico, con el objetivo de rescatar aquellas joyas musicales del pasado para presentárselas a las nuevas generaciones. Sin embargo, también planea incluir algunos temas de música disco e incluso baladas románticas; después de todo, hay que abrir los horizontes musicales de los estudiantes.
Entonces, Ana Lu propone una idea: incluir también algunas baladas y canciones clásicas en español. ¿En español? Tanto Miss Halsey como Jack Finn tuercen el gesto, un tanto confundidos por la propuesta. ¿Acaso querrá meter música de Maluma, J Balvin, Shakira, Karol G o Bad Bunny? Nada de eso. Ana Lu les aclara que su intención es presentarles a los alumnos música de verdaderos grupos legendarios... aquellas grandes canciones que su propia madre escuchaba cuando Ana Lu era apenas una niña.
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A la hora de la salida, Ana Lu se despide en los pasillos de sus colegas, Jack Finn y Erwin Sear, quienes le prometen reunirse pronto para seguir coordinando los detalles del proyecto. Los profesores se retiran tomando rumbos opuestos. Al llegar a la puerta principal de la escuela, Ana Lu se encuentra de frente con Viviana, quien viene a recoger a su hermana.
—¡Hola, Viviana! —la saluda Ana Lu de buen humor—. Aprovecho para contarle que hoy su hermana nos dio una cátedra y una revisión completísima sobre la historia del descubrimiento de América. Sostuvo firmemente que en realidad se trató de un genocidio hacia los pueblos nativos.
—Ay, no me diga... Lliwsisa debió haber leído todo eso en internet. Debe disculparla, profesora. A veces ya no sé qué hacer con ella. En lugar de preocuparse por cosas normales de su edad... se la pasa pensando en cómo cambiar el mundo.
—Al contrario, me parece muy loable que se mantenga tan informada de las noticias y que desarrolle su propio criterio. Eso dice cosas maravillosas de ella.
Viviana sonríe aliviada y se despide de la guapa profesora. Ella y su pequeña hermana Lliwsisa se suben al auto. Viviana enciende el motor y, durante el trayecto, la niña rompe el hielo.
—Oye, hermana... pero Miss Smith se está comportando muy rara últimamente. Noelia y yo la vimos hoy hablando completamente sola en el pasillo.
—¿La profesora Smith habla sola? —pregunta Viviana, mirando de reojo por el retrovisor.
—Sí. Y el otro día hasta le habló a Noelia de su mamá, como si la conociera, cuando la señora murió hace muchísimos años.
—Bueno, mi amor, mejor no te preocupes por esas cosas de adultos. ¿Qué te parece si dejamos el misterio y vamos por un milkshake?
—¡Ay, qué rico, hermana! Sí, vamos.
Deciden desviar el camino y estacionan el auto en un restaurante McDonald's cercano.
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Por su parte, Ana Lu se dirige caminando hacia su automóvil cuando, de repente, una voz varonil la llama a sus espaldas. Al voltear, se encuentra con José Emilio.
—Hola, Ana Lu.
—Oh, hola, José Emilio. Qué sorpresa.
—Vine a recoger a Noelia. ¿Qué tal estuvo todo hoy con ella?
—Excelente. Es una niña sumamente inteligente. Hoy se ganó una estrellita en la frente por su gran desempeño.
—Vaya, definitivamente eso lo heredó del lado de su madre —sonríe él con nostalgia.
En ese preciso instante, el espíritu de la señora Noelia aparece al lado de su exesposo, mira a Ana Lu con picardía y le susurra al oído el nombre de un perfume: "Gucci Bloom". Sin pensarlo, Ana Lu repite la frase en voz alta.
—¿Gucci Bloom? —exclama Ana Lu.
José Emilio se detiene en seco, completamente impactado por las palabras de la maestra.
—Ese... ese era el perfume favorito de mi difunta esposa, la madre de Noelia. ¿Cómo demonios sabes eso, Ana Lu?
—Eh... bueno... la verdad es que creo que vi un anuncio publicitario de ese perfume en una revista hace poco y se me quedó grabado —miente Ana Lu, poniéndose sumamente nerviosa.
Aprovechando el momento, el espíritu de la señora Noelia le da un sutil empujón empujando a Ana Lu hacia el frente, haciéndola quedar a escasos centímetros de José Emilio. Ambos se clavan la mirada en los ojos, sumergidos en un silencio absoluto y lleno de magnetismo.
De pronto, la pequeña Noelia aparece corriendo y rompe el trance. José Emilio se aparta de inmediato y abre los brazos para recibir y abrazar fuertemente a su hijita. Ana Lu contempla la escena con una ternura infinita. Con una sonrisa, José Emilio se gira hacia la profesora y le hace una invitación.
—Vamos, Miss Smith, no sea malita... ¿nos acompaña a comer algo con la niña?
—Ay, no lo sé... No quiero ser una molestia.
—¡Vamos, sí, por favor! —suplica la pequeña Noelia, tomándola de la mano.
—Está bien, Noelia. Acepto la invitación entonces —cede Ana Lu con una sonrisa.
—Nos alegra muchísimo que vengas con nosotros —responde José Emilio con los ojos brillantes.
Aunque a Ana Lu le da un poco de vergüenza aceptar, la insistencia de la niña la convence. Suben a sus respectivos vehículos y se dirigen en caravana hacia el mismo McDonald's donde, casualmente, se encuentran Viviana y la pequeña Lliwsisa.
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Ya instalados en el McDonald's, las niñas disfrutan alegres de sus Happy Meals acompañados de cremosos milkshakes, mientras que Viviana, José Emilio y Ana Lu comparten una mesa conversando con una taza de café de por medio. Ana Lu aprovecha el momento para comentarles a todos sobre el nuevo proyecto de la banda de rock que está organizando el profesor de música. Viviana asiente de inmediato, entusiasmada con la idea. Sin embargo, a José Emilio no parece hacerle mucha gracia.
—De ninguna manera —sentencia José Emilio con seriedad—. No quiero que mi hija descuide sus deberes escolares por andar enfocándose en la música.
—¡Pero a mí me encantaría, papi! —interviene la pequeña Noelia—. Recuerda que mi nombre viene justamente de una canción. Vamos, papito lindo, no seas malito... ¿sí?
Noelia mira a su padre con una perfecta expresión de súplica que desarma a cualquiera.
—Yo estoy totalmente de acuerdo en incentivar el amor por la música en las niñas —apoya Viviana—. Lliwsisa es sumamente talentosa para los instrumentos andinos, como la quena y la zampoña. Eso sí, ellas tendrían que tocar música de los Andes.
—¡Hermana! —se queja la niña Lliwsisa, poniéndose colorada—. ¡Si hace una eternidad que no toco nada de eso!
—Papi, papi... ¿por favor me dejas ser parte del proyecto? —insiste Noelia, abrazando el brazo de su padre.
Ante los encantos de su hija, a José Emilio no le queda más remedio que ceder y aceptar con una sonrisa rendida. Ana Lu celebra el momento con una mirada llena de alegría.
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Mientras tanto, en otra zona de la ciudad, Sofía conduce su automóvil y se detiene al llegar a un semáforo en rojo. A su lado, un auto moderno se frena de golpe escuchando un clásico vallenato del Binomio de Oro a todo volumen:
"Un grande nubarrón se alza en el cielo / Ya se aproxima una fuerte tormenta..."
El vidrio del vehículo vecino se baja lentamente, dejando ver el rostro sonriente de Rigo, el handyman.
—¡Hola, mi hermosa caleñita! ¿Qué milagro nos trae por acá que nos volvemos a ver? —dice Rigo con su acostumbrado tono coqueto.
—¡¡¡Bah!!! —exclama Sofía con fastidio—. ¡De tantos miles de semáforos que hay en esta bendita ciudad y justo me tenía que tocar el rojo al lado de usted!
—Es el destino, honey, jejeje —se burla él, apoyando el codo en la ventana.
—¿Qué destino ni qué ocho cuartos? Déjeme tranquila de una vez, Rigo, o juro que le voy a poner una demanda formal por acoso sexual.
—Por mí, puedes hacer lo que quieras, mi amor... Yo siempre voy a estar aquí al ladito tuyo.
En ese preciso instante, la luz del semáforo cambia a verde. Sofía suelta un bufido, pisa el acelerador a fondo y el motor de su auto ruge, perdiéndose rápidamente de la vista del confiado reparador.
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Por su parte, Amber disfruta de su día libre en el trabajo y decide salir a dar un paseo por el bulevar, una hermosa calle peatonal al aire libre repleta de tiendas de moda y acogedores cafés. De pronto, se detiene fascinada al divisar a un artista callejero espectacularmente vestido como el Predator —el Depredador—, el famoso monstruo alienígena de la saga de ciencia ficción. Amber se acerca, le deja unos billetes en su caja y el artista comienza su vistoso show. Amber, divertida, repite la icónica frase de la película:
—You are one ugly motherfker.
El artista, oculto bajo el impresionante disfraz de Predator, reacciona de forma sumamente coqueta; saca una hermosa flor de la nada y se la entrega a la bella Amber con una reverencia. Amber sonríe encantada y le regala un guiño de ojo, haciendo que el enmascarado deje escapar un suspiro de admiración.
En ese momento, Gerardo va pasando por el lugar y se detiene al verla.
—Hola... Amber, ¿verdad? Veo que estás en excelente compañía —comenta Gerardo con una sonrisa amigable.
—Sí, yo... "estar ayudando" al street artist —responde Amber con su característico acento.
—Es una gran idea. A mí también me encanta el Depredador, es por mucho mi monstruo favorito del cine. No me pierdo ninguna de sus películas. De hecho, dentro de muy poco van a estrenar la nueva entrega en los cines. ¿Te gustaría ir a verla conmigo?
—¿Acaso esto "ser" un date... una cita? ¿Y qué va a decir tu girlfriend, tu novia?
—A Aleysha no le gusta en absoluto ese tipo de películas de acción y monstruos. ¿Qué dices, aceptas?
Amber mira fijamente al chico con ojos coquetos y una sonrisa cómplice.
—Está bien... I accept... vamos, guapo.
El artista callejero vestido de Predator, habiendo escuchado toda la conversación, retoma su espectáculo con más energía y hace gestos cómicos de felicitación hacia Amber y Gerardo.
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Mientras tanto, en una elegante cafetería no muy lejos de allí, Vanessa Lorena se encuentra compartiendo la mesa con Gala.
—Hola, tocaya —saluda Gala al llegar.
—Oh, hola... Gala, ¿verdad? Te he visto un par de veces en la oficina de José Emilio. Pero, disculpa... ¿por qué me dices tocaya?
—¿Acaso tu segundo nombre no es Lorena? Yo me llamo Gala Lorena.
—Vaya, parece que hay demasiadas "Lorenas" en esta ciudad.
—Puede ser, pero te aseguro que yo soy la mejor de todas —afirma Gala Lorena, levantando una ceja con una sutil expresión de maldad.
En ese preciso momento, la suave melodía de "Total Eclipse of the Heart" de Bonnie Tyler empieza a sonar como música de fondo en los parlantes de la cafetería:
"(Turn around, bright eyes) / Every now and then, I fall apart / (Turn around, bright eyes) / Every now and then, I fall apart..."
—¡Ay! —exclama Gala Lorena, acomodándose en su silla—. ¡Cómo me fascina esta canción! ¿A ti te gusta, Vanessa Lorena?
—Es una canción bastante antigua... pero admito que es de mis favoritas de siempre.
—Definitivamente ya no hacen música con el alma como la de antes. Oye... ¿y qué has sabido de José Emilio?
—Está bien, supongo. Justo ahora fue a la escuela a recoger a su hija.
—Dime una cosa... ¿y por qué no lo acompañaste?
—La verdad, no me llama en absoluto la atención andar perdiendo el tiempo en escuelas.
—Dime... ¿y cómo te llevas con la niña?
—Es una escuincla de lo más normalita, nada del otro mundo.
—¿"Escuincla"? Vaya, ¿de dónde sacaste ese vocabulario tan particular?
—Es que viví durante una buena temporada en México.
—¡Qué belleza es México! Yo he ido muchísimas veces de vacaciones a Cancún, a Playa del Carmen y también a Acapulco. La gente allá es sumamente amable. Pero bueno, volviendo a lo nuestro... oye, ¿no se te ha ocurrido intentar acercarte más a la niña?
—¿Y para qué querría yo hacer eso?
—Pues para ganarte por completo al novio, querida. Cuando quieres conquistar de verdad a un hombre que tiene hijos, la regla de oro es ganarte primero el cariño y la estimación de sus niños... ganártelos por completo.
—No me interesa en absoluto hacer ese papel, Gala. Si fuera por mí, ya habría mandado a esa mocosa a un internado bien lejano.
—O sea que serías el vivo retrato de una mala madrastra de cuento, ¿verdad? —Gala suelta una risita—. En fin, ¿quieres algo de tomar? Yo invito. Te recomiendo ampliamente el capuchino de aquí, es delicioso.
Vanessa Lorena acepta la invitación de buena gana. Gala Lorena le hace señas al mesero para ordenar los dos capuchinos. Oculto entre las plantas decorativas, el espíritu de la señora Noelia observa con profunda desconfianza la escena y la alianza entre las dos Lorenas.
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Esa misma noche, Ana Lu comparte una velada tranquila en su apartamento junto a sus fieles amigos, Jelly Lorena y Neville. Los tres disfrutan de un té caliente con leche fría acompañado de unas deliciosas galletas de avena que Neville horneó siguiendo una receta que encontró en YouTube. Deciden conectar la computadora a la televisión y entran a la plataforma para revisar el canal de internet de Magdalena, llamado "Magda Aris". Sin embargo, el contenido es terrible: la mujer solo se limita a criticar destructivamente absolutamente todo... las telenovelas, las películas, la política, el clima y, sobre todo, a Karol G. Lo critica todo con amargura. Aburridos, deciden cambiar de rumbo y buscar videos musicales antiguos.
—¿Tienes alguna selección especial en mente para empezar, Ana Lu? —pregunta Neville con los dedos sobre el teclado.
En ese instante, el espíritu de la señora Noelia se materializa de repente en una esquina de la sala de estar.
—¿Puedes buscar la canción Noelia? —pide el fantasma con voz suave.
—¿Noelia? —repite Ana Lu instintivamente en voz alta.
—Vaya, esa es una canción sumamente antigua —comenta Jelly Lorena desde el sofá—, pero dale, Neville, búscala a ver qué tal.
Neville teclea el nombre y reproduce el clásico tema Noelia, en la potente e inolvidable interpretación de Nino Bravo:
"Hace tiempo que sueño con ella / Y solo sé que se llama Noelia / Hace tiempo que vivo por ella / Y solo sé que se llama Noelia..."
El espíritu de la difunta cierra los ojos, dejándose llevar por la profunda emoción de la melodía.
—Mis padres me pusieron Noelia precisamente por esta hermosa canción —confiesa el espíritu con nostalgia—. Y José Emilio cumplió la promesa que nos hicimos: le puso mi nombre a nuestra hermosa hija.
—Oye, Ana Lu... —interrumpe Jelly Lorena, mirándola con extrañeza—. ¿Se puede saber con quién estás hablando allá en la esquina?
—Con la mamá de una de mis alumnas —responde Ana Lu con naturalidad, regalándole una sonrisa al espíritu de Noelia.
—Vaya, veo que finalmente estás superando tus traumas con el "don" y te lo tomas con calma —sonríe Neville, aliviado—. Eso me alegra muchísimo. ¿Y cómo dices que se llama la señora?
—Se llama Noelia —responde Ana Lu.
—¿Noelia? —se sorprende Jelly Lorena—. ¿Exactamente igual que la canción que acabamos de poner?
Ana Lu decide entonces presentar formalmente a sus amigos con el espíritu de la mujer.
—Señora Noelia, ellos son mis mejores amigos. Él es Neville, mi hermano de la vida venido de las Bahamas, y ella es Jelly Lorena, mi mejor amiga.
Al escuchar el nombre, el espíritu de Noelia abre los ojos de par en par, impresionada al descubrir que la mejor amiga de Ana Lu también lleva el nombre "Lorena".
—Ejem... —dice la señora Noelia con timidez—. Por favor, dile a tus amigos que estoy profundamente honrada de conocerlos.
—Chicos —transmite Ana Lu—, la señora Noelia dice que está dichosa de conocerlos.
—Igualmente, un placer, señora —responden Jelly Lorena y Neville al unísono, mirando al vacío con respeto.
—Bueno —dice Neville para continuar con la música—, ¿cuál es la siguiente petición musical de la noche?
—Oye, Neville —propone Jelly Lorena, estirándose en el sillón—, ¿por qué no buscas algún éxito ochentero en inglés? ¿Qué tal "Total Eclipse of the Heart" de Bonnie Tyler?
Al escuchar el título, el espíritu de Noelia da un respingo de sorpresa. Se llama Lorena y también le fascina esa misma canción... ¿Acaso no será demasiada coincidencia con las otras dos mujeres de la cafetería? Una alarmante sospecha cruza su mente, pero prefiere calmarse; debe ser solo eso, una simple coincidencia de la vida. Mientras tanto, la música empieza a sonar:
"(Turn around, bright eyes) / Every now and then, I fall apart / (Turn around, bright eyes) / Every now and then, I fall apart..."
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Mientras tanto, en el espectacular penthouse de la mansión Arizmendi, Magdalena se encuentra en su estudio privado finalizando la grabación de su podcast del día. En ese momento, Sofía entra silenciosamente a la habitación para anunciar la llegada de Fer. Magdalena asiente y le pide que la deje pasar de inmediato. Fer ingresa al apartamento con energía y saluda alegremente a ambas. Sofía, siempre atenta, les sirve a las dos amigas unos vasos de jugo de naranja fresco acompañados de galletas de avena. Magdalena, queriendo romper la formalidad, le pide a la sirvienta que no se vaya, que tome asiento y las acompañe a merendar. Sofía se pone un poco nerviosa por romper las reglas de la casa, pero ante la insistencia y amabilidad de Magdalena, termina aceptando y se sienta con ellas.
—Oye... tú eres Sofía, ¿verdad? —comenta Fer, detallándola con atención—. La verdad es que tú no tienes para nada la pinta de una muchacha de limpieza. Más bien pareces una modelo de pasarela. ¿Nunca has pensado en dedicarte al modelaje?
—Ejem... —Sofía baja la mirada, un tanto tímida—. Pues sí, la verdad es que yo vine originalmente a este país con la ilusión de ser modelo. Pero lamentablemente no he podido conseguir contratos ni agencias, así que por pura necesidad terminé limpiando casas. Al fin y al cabo, es un trabajo muy digno.
—Y tienes toda la razón, es sumamente digno —asiente Fer con respeto.
Las tres jóvenes disfrutan de las galletas. Sin embargo, tras dar el primer bocado, Sofía prefiere retirarse discretamente para continuar con sus labores, dejando a las dos amigas a solas en el estudio.
—Oye, Magdalena —rompe el hielo Fer—, el otro día me encontré en el bar con Ángel, el DJ. Me invitó a salir este fin de semana. Estaba pensando... ¿por qué no consigues a algún amigo y salimos en una cita doble los cuatro? ¿Qué dices?
—No lo sé, Fer. La verdad es que no conozco a ningún amigo que pueda estar interesado en este momento.
—Bueno... ¿y qué tal si en lugar de un amigo invitas a una amiga? Podrías decirle a Sofía, por ejemplo.
—Oye —Magdalena frunce el ceño de inmediato, poniéndose a la defensiva—. ¿Se puede saber qué estás queriendo insinuar con eso, Fer?
—No estoy insinuando nada malo, Magda. Solo que en todos estos años jamás te he visto salir ni interesarte por ningún chico. Así que... llegué a pensar que tal vez te gustan las mujeres.
—Si viniste a mi casa únicamente para molestarme y meterte en mi vida privada, te puedes ir yendo por donde viniste —sentencia Magdalena, visiblemente molesta.
—Oye, calma, calma, no tienes por qué ponerte a la defensiva de esa manera. Tus preferencias sexuales me tienen sin cuidado, yo te quiero igual. ¿Seguimos siendo amigas? —dice Fer, extendiendo la mano con sinceridad. Magdalena la mira fijamente por unos segundos y, finalmente, estrecha su mano sellando las paces.
En ese preciso momento, la puerta principal se abre y aparece José Emilio junto a la pequeña Noelia. Magdalena y Fer salen del estudio para recibirlos en el pasillo. La niña, con una gran sonrisa, le entrega a su tía una bolsa de McDonald's con una hamburguesa y papas fritas crujientes para ella y para Sofía. Ambas mujeres le agradecen enormemente el lindo detalle a la pequeña y a José Emilio.
—Ejem... vaya —comenta José Emilio, rascándose la nuca—. Si hubiera sabido que estabas aquí de visita, Fer, te habríamos traído una hamburguesa a ti también. Pero no te preocupes, ahora mismo pedimos algo por delivery.
—No te preocupes para nada, José Emilio, muchas gracias —responde Fer con una mirada sumamente coqueta y una sonrisa sugerente.
Mientras caminan hacia la estancia, los ojos de Fer se detienen en un elegante portarretratos antiguo que descansa sobre la repisa, donde se ve a una joven Magdalena sentada frente a un piano de cola.
—Oye, Magdalena... qué curiosa foto, nunca la había detallado antes. ¿Tú tocas el piano?
—Ejem... bueno —responde Magdalena, cortando el tema con seriedad—. Eso fue hace ya muchísimo tiempo.
—Mi hermana era una auténtica virtuosa frente al piano —interviene José Emilio con orgullo—. Tenía un talento natural increíble, pero la verdad nunca entendí por qué decidió abandonarlo de la noche a la mañana.
—Yo jamás he podido ver a mi tía tocando el piano en esta casa —añade la pequeña Noelia, mirando la foto con curiosidad.
—¿Y se puede saber qué pasó, Magda? ¿Por qué lo dejaste? —pregunta Fer.
—Simplemente... encontré otros temas y pasatiempos mucho más interesantes en mi vida —responde Magdalena con tono cortante.
—Como dedicarte a criticar a la pobre Karol G en internet, ¿verdad? —bromea Fer, soltando una carcajada.
—¡Pues a mí sí me encanta Karol G! —exclama la pequeña Noelia dando un brinco, haciendo que todos en la sala olviden las tensiones y comiencen a reír y a disfrutar de un momento agradable en familia.
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🌅 FLASHBACK: HACE OCHO AÑOS
La acción se transporta en el tiempo, viajando un poco más de ocho años hacia el pasado, en una hermosa y soleada playa de Miami. Un joven y radiante José Emilio sale de darse un chapuzón en el mar, secándose el cabello con una toalla. De repente, se detiene en seco al quedar completamente impresionado por la belleza de una hermosa muchacha que camina solitaria por la orilla del mar. Con paso decidido, José Emilio se acerca a ella con una sonrisa.
—Oye, hola... disculpa la intromisión, ¿pero por qué no te metes a nadar un rato? El agua está deliciosa y tibia.
—No me gusta mucho meterme a nadar, la verdad —responde la hermosa joven con timidez—. Prefiero mil veces caminar por la arena y disfrutar de la brisa de la playa.
—Bueno, ya sabes lo que dicen: entre gustos y colores no hay nada escrito —sonríe él, extendiéndole la mano—. Mucho gusto, soy José Emilio. ¿Y tú cómo te llamas?
—Me llamo... Noelia.
José Emilio abre los ojos de par en par, impactado al escuchar ese nombre.
—¿Noelia? Vaya, ese es el título de una canción de amor sumamente antigua.
—Sí, lo sé —sonríe ella de forma coqueta—. Mis padres me bautizaron con ese nombre precisamente en honor a esa canción.
—Qué gran historia. Oye... ¿te gustaría ir a tomar algo fresco por aquí cerca? Yo invito.
—Está bien, acepto —responde Noelia, mirándolo fijamente.
Ambos se dirigen a un rústico y acogedor restaurante ubicado justo frente a la playa y se acomodan en los taburetes de la barra de madera. Al sentarse, Noelia cruza sensualmente sus estilizadas y torneadas piernas, haciendo que José Emilio deje escapar un suspiro ante la innegable belleza de la joven.
—Y bien, Noelia... ¿qué te gustaría tomar? —pregunta el camarero acercándose.
—Solo un jugo de naranja natural, por favor —responde ella con una sonrisa radiante.
José Emilio, por su parte, ordena una Coca-Cola con bastante hielo. Mientras esperan por sus refrescos, el joven entabla una animada conversación para conocer más a la bella Noelia.
—Bueno —empieza José Emilio—, te cuento un poco de mí. Yo soy originario de España, pero actualmente vivo aquí con mis padres y mi hermana menor, Magdalena. Estoy estudiando una especialización en Finanzas, aunque te confieso que mi verdadera gran pasión y hobby es la música. Me fascina cantar y tocar la guitarra, pero mis padres insisten en que es sumamente difícil vivir del arte.
—Sí, entiendo perfectamente a lo que te refieres —asiente Noelia con empatía—. Pero creo firmemente que si algo te apasiona con el alma, jamás deberías abandonarlo por los miedos de los demás. Pero por favor, cuéntame ahora algo de ti. ¿De dónde eres?
—Yo soy originaria de Chile —relata ella con orgullo—. Soy hija única y vine a esta hermosa ciudad de Miami con la meta de estudiar enfermería en la universidad.
—Vaya, qué excelente carrera. Así que si algún día me llego a enfermar, ya sé perfectamente a qué hermosa enfermera debo llamar.
Noelia sonríe con coquetería, bajando la mirada.
En ese preciso momento, en el pequeño escenario del restaurante de la playa, el músico local toma el micrófono y convoca a los presentes a participar en un espacio de micrófono abierto. Al escucharlo, Noelia se emociona y anima con insistencia a José Emilio para que suba a la tarima a demostrar su talento. Tras dudarlo un poco, José Emilio decide armarse de valor y sube los escalones. Toma la guitarra acústica y decide cantar una hermosa balada en español: Noelia, aquella vieja canción de su infancia popularizada por el gran Nino Bravo.
Entre el público que aplaude el inicio de la música, se encuentran casualmente dos parejas que observan la escena con ternura. Por un lado están Noelia y Juan Fernando, provenientes del Perú, quienes comentan sonrientes cómo se conocieron años atrás siguiendo una profecía mágica y persiguiendo "la séptima ola".
Por el otro lado se encuentra otra pareja venida de Colombia, conformada por Noelia y Emiliano, quienes recuerdan con amor cómo iniciaron su romance durante el inolvidable Mundial de fútbol de Sudáfrica 2010... "entre goles y amores".
José Emilio acomoda el micrófono, rasguea las cuerdas de la guitarra y, clavando su mirada fija en los ojos de la joven chilena, comienza su sentida interpretación con voz firme y melodiosa:
"Hace tiempo que sueño con ella / Y solo sé que se llama Noelia / Hace tiempo que vivo por ella / Y solo sé que se llama Noelia..."
En ese mágico e inolvidable instante, bajo el atardecer de la playa, el amor verdadero comienza a florecer con fuerza entre José Emilio y Noelia, uniendo sus destinos para siempre.
CONTINUARÁ...
***La canción elegida es "Noelia", interpretada por Nino Bravo:

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