🛋️ PASIÓN PELIGROSA Y UNA REUNIÓN INESPERADA EN EL APARTAMENTO
Esa noche, entre las sombras de la alcoba, Gala Lorena y Gerardo se entregan con frenesí a un juego de seducción salvaje. Gerardo, obnubilado por la desbordante belleza de la mujer, gime insistentemente su nombre entre sábanas: «Gala Lorena... Gala Lorena». Sin embargo, detrás de los espasmos de placer, la mente de Gala opera con fría lucidez. Sabe perfectamente que este hombre, con sus conexiones en la policía, es el único cabo suelto que podría descubrir que fue ella quien asesinó a Aleysha Lorena. Su misión es clara: mantenerlo saciado, ciego y encadenado a su cuerpo para que jamás sospeche la verdad.
—¡¡¡Uau!!! —exclama Gerardo, dejándose caer de espaldas, jadeando—. ¡Te juro que nunca en la vida había disfrutado tanto de un momento así! ¡Gracias, preciosa!
—Gracias a ti, guapo —responde ella, acomodándose el cabello con calculada ternura—. Ahora que nos conocemos mejor... ¿ya te convenciste de que yo no tuve absolutamente nada que ver con la muerte de tu adorada Aleysha?
—Por supuesto que te creo, mi amor —asiente el hombre, recorriendo con besos ardientes la piel desnuda de la mujer.
—Pero dime, intrigante... ¿de verdad no sientes ni un gramo de tristeza por su trágico fallecimiento?
—Para nada. Si te soy honesto, su muerte ha sido lo mejor que me ha pasado en años. Por fin me libré de sus malditos celos enfermizos. Ahora soy dueño de mi destino y puedo hacer lo que me venga en gana.
—¿Ah, sí? ¿Y se puede saber qué es exactamente lo que quieres ahora mismo?
—Hacer salvajemente el amor contigo... una y otra vez.
—¡¡¡Uau!!! —exclama Gerardo, dejándose caer de espaldas, jadeando—. ¡Te juro que nunca en la vida había disfrutado tanto de un momento así! ¡Gracias, preciosa!
—Gracias a ti, guapo —responde ella, acomodándose el cabello con calculada ternura—. Ahora que nos conocemos mejor... ¿ya te convenciste de que yo no tuve absolutamente nada que ver con la muerte de tu adorada Aleysha?
—Por supuesto que te creo, mi amor —asiente el hombre, recorriendo con besos ardientes la piel desnuda de la mujer.
—Pero dime, intrigante... ¿de verdad no sientes ni un gramo de tristeza por su trágico fallecimiento?
—Para nada. Si te soy honesto, su muerte ha sido lo mejor que me ha pasado en años. Por fin me libré de sus malditos celos enfermizos. Ahora soy dueño de mi destino y puedo hacer lo que me venga en gana.
—¿Ah, sí? ¿Y se puede saber qué es exactamente lo que quieres ahora mismo?
—Hacer salvajemente el amor contigo... una y otra vez.
Gerardo la toma por la cintura con brusquedad, aprisionando su esbelto cuerpo contra el colchón mientras llena su cuello y su boca de besos posesivos. Gala Lorena, oculta al hombro del hombre, arquea una ceja con una sonrisa cargada de malicia. En ese instante de intimidad, el teléfono celular de Gerardo comienza a vibrar ruidosamente sobre la mesa de noche. Al reojo, el nombre de Amber parpadea en la pantalla, pero él lo ignora por completo.
—Oye, guapo... ¿No vas a responder a tu teléfono? —pregunta Gala con fingida inocencia.
—¡Bah! ¡Es solo una tipa fastidiosa que no para de molestar a todas horas! Prefiero mil veces seguir disfrutando de este bello momento contigo.
—¿Y si se trata de un asunto de verdadera urgencia?
—¡Que ruede! A esa tipa solo le encanta fastidiarme la existencia. Dime... ¿en qué nos quedamos, mi reina?
Gala Lorena le lanza un sutil guiño de ojo que termina por encender la líbido de Gerardo. El hombre, completamente embelesado, la cubre de caricias y besos lujuriosos. Sin embargo, en una esquina de la habitación, invisible para los ojos de los amantes, el espíritu errante de Noelia contempla la escena; su silueta espiritual vibra con una mezcla de coraje y repulsión al presenciar la bajeza con la que Gala Lorena manipula al asesino.
Mientras tanto, en el otro extremo de la ciudad, Amber camina de un lado a otro en la sala de su apartamento. El televisor se encuentra encendido reproduciendo los melodramas de la barra nocturna, pero ella es incapaz de concentrarse. La angustia le carcome el pecho: Gerardo no responde a ninguna de sus llamadas. ¿Le habrá ocurrido un accidente bajo la lluvia? ¿Habrá sido víctima de un secuestro? De pronto, unos golpes firmes en la puerta interrumpen sus sombríos pensamientos.
—Oye, guapo... ¿No vas a responder a tu teléfono? —pregunta Gala con fingida inocencia.
—¡Bah! ¡Es solo una tipa fastidiosa que no para de molestar a todas horas! Prefiero mil veces seguir disfrutando de este bello momento contigo.
—¿Y si se trata de un asunto de verdadera urgencia?
—¡Que ruede! A esa tipa solo le encanta fastidiarme la existencia. Dime... ¿en qué nos quedamos, mi reina?
Gala Lorena le lanza un sutil guiño de ojo que termina por encender la líbido de Gerardo. El hombre, completamente embelesado, la cubre de caricias y besos lujuriosos. Sin embargo, en una esquina de la habitación, invisible para los ojos de los amantes, el espíritu errante de Noelia contempla la escena; su silueta espiritual vibra con una mezcla de coraje y repulsión al presenciar la bajeza con la que Gala Lorena manipula al asesino.
+++
—¿Quién estar ahí? —pregunta Amber, aproximándose al umbral.
—Soy yo, Amber... Benito. Abre, por favor.
La joven abre la puerta de par en par, parpadeando con evidente asombro ante la inesperada visita.
—¡¿Benito?! —exclama Amber, frunciendo el ceño—. ¿Qué... tú... hacer... here, aquí a estas horas?
—Buenas noches, Amber. Disculpa la impertinencia, solo pasaba por el vecindario y sentí el impulso de venir a visitarte para ver cómo estabas. Oye... ¿qué estás viendo en la televisión?
—Shhh... Yo... estar ver la telenovela de la noche...
—Vaya, esto se ve bastante interesante —comenta Benito, dando un paso al frente y observando el rostro de la extranjera—. Pero dime una cosa, Amber... ¿Por qué noto tanta tristeza en tus ojos?
—Soy yo, Amber... Benito. Abre, por favor.
La joven abre la puerta de par en par, parpadeando con evidente asombro ante la inesperada visita.
—¡¿Benito?! —exclama Amber, frunciendo el ceño—. ¿Qué... tú... hacer... here, aquí a estas horas?
—Buenas noches, Amber. Disculpa la impertinencia, solo pasaba por el vecindario y sentí el impulso de venir a visitarte para ver cómo estabas. Oye... ¿qué estás viendo en la televisión?
—Shhh... Yo... estar ver la telenovela de la noche...
—Vaya, esto se ve bastante interesante —comenta Benito, dando un paso al frente y observando el rostro de la extranjera—. Pero dime una cosa, Amber... ¿Por qué noto tanta tristeza en tus ojos?
—¡¿Yo?! Yo no estar triste para nada, Benito.
—No intentes engañarme, lo veo perfectamente en tu mirada. Debe ser por la trama de la telenovela, ¿verdad?
—Snif... Sí, ser la telenovela... La historia estar muy sad... muy triste, de verdad.
—Bueno, si es así, no te preocupes. Yo me quedo a ver la telenovela contigo para que no llores sola. Déjame preparar el popcorn y servirnos unas gaseosas. ¿Te parece bien?
—Ok... Está bien, Benito. Pasa.
Benito se encamina a la cocina con una sonrisa, dispuesto a consentir a la muchacha, mientras ambos se acomodan en el sofá para compartir el resto de la velada frente a la pantalla.
🌃 CONFIDENCIAS EN UN RINCÓN Y LA TENTACIÓN DE SOFÍA
Por otra parte, en el bar restaurante del centro, la música disminuye su intensidad tras una contagiosa tanda de música country. Aprovechando la calma, José Emilio toma con delicadeza a Ana Lu de la mano y la guía hacia un rincón apartado de la barra con la firme intención de hablar a solas sobre los misterios que rodean su vida.
—No intentes engañarme, lo veo perfectamente en tu mirada. Debe ser por la trama de la telenovela, ¿verdad?
—Snif... Sí, ser la telenovela... La historia estar muy sad... muy triste, de verdad.
—Bueno, si es así, no te preocupes. Yo me quedo a ver la telenovela contigo para que no llores sola. Déjame preparar el popcorn y servirnos unas gaseosas. ¿Te parece bien?
—Ok... Está bien, Benito. Pasa.
Benito se encamina a la cocina con una sonrisa, dispuesto a consentir a la muchacha, mientras ambos se acomodan en el sofá para compartir el resto de la velada frente a la pantalla.
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🌃 CONFIDENCIAS EN UN RINCÓN Y LA TENTACIÓN DE SOFÍA
Por otra parte, en el bar restaurante del centro, la música disminuye su intensidad tras una contagiosa tanda de música country. Aprovechando la calma, José Emilio toma con delicadeza a Ana Lu de la mano y la guía hacia un rincón apartado de la barra con la firme intención de hablar a solas sobre los misterios que rodean su vida.
—No sabes lo bien que la he pasado bailando a tu lado esta noche, Ana Lu —confiesa José Emilio, mirándola con ternura.
—Muchísimas gracias, guapo —responde Ana Lu con una sonrisa radiante, guiñándole un ojo con total coquetería.
—Ana Lu... —pronuncia él, carraspeando la garganta y adoptando un tono más serio—. Dime una cosa... ¿Noelia se encuentra aquí con nosotros en este momento?
—¿Perdón? No te comprendo, José Emilio.
—Hablo de Noelia, mi difunta esposa... ¿Su espíritu está contigo ahora mismo en este bar?
—¿Ahora? No, José Emilio... Ella no se encuentra aquí en este instante. El entorno está en calma.
—No sabes las ganas tan inmensas que tengo de poder verla una vez más. ¿Recuerdas que te platiqué que el otro día soñé con ella? En el sueño me abrazaba y me decía que me amaba con locura, pero que ya era hora de que yo rehiciera mi vida amorosa en la tierra... Y eso no fue todo, Ana Lu. Me insistió muchísimo en que debo organizarle una gran fiesta de cumpleaños a nuestra pequeña hija.
—¿Y de verdad estás dudando en celebrarle el cumpleaños a la niña?
—Es complicado, Ana Lu... Ese mismo día del año coincide exactamente con la fecha en que Noelia falleció en el hospital. Es una fecha cargada de mucha nostalgia para mí.
—Pues yo creo firmemente que deberías hacer a un lado los temores y organizarle esa fiesta a la pequeña —le aconseja Ana Lu, colocándole una mano en el brazo—. Te aseguro que a Noelia madre le va a fascinar desde el más allá ver que le preparas una celebración llena de alegría a su hijita.
José Emilio medita profundamente las palabras de la sabia maestra. Conmovido, le pide un breve permiso para apartarse y realizar una llamada telefónica directo a su hogar para escuchar la voz de su pequeña. Ana Lu lo contempla a la distancia con el corazón henchido de dicha, observando cómo el rostro del hombre se ilumina al platicar con su hija; con una sonrisa de satisfacción, la joven decide retirarse sutilmente del rincón para otorgarle privacidad.
Mientras tanto, en el epicentro de la pista de baile, la energía no decae. Sofía y Rigo, Jelly Lorena junto a Neville, y la pareja conformada por Alya y Cihan continúan moviéndose con entusiasmo al compás de las luces estroboscópicas.
—Muchísimas gracias, guapo —responde Ana Lu con una sonrisa radiante, guiñándole un ojo con total coquetería.
—Ana Lu... —pronuncia él, carraspeando la garganta y adoptando un tono más serio—. Dime una cosa... ¿Noelia se encuentra aquí con nosotros en este momento?
—¿Perdón? No te comprendo, José Emilio.
—Hablo de Noelia, mi difunta esposa... ¿Su espíritu está contigo ahora mismo en este bar?
—¿Ahora? No, José Emilio... Ella no se encuentra aquí en este instante. El entorno está en calma.
—No sabes las ganas tan inmensas que tengo de poder verla una vez más. ¿Recuerdas que te platiqué que el otro día soñé con ella? En el sueño me abrazaba y me decía que me amaba con locura, pero que ya era hora de que yo rehiciera mi vida amorosa en la tierra... Y eso no fue todo, Ana Lu. Me insistió muchísimo en que debo organizarle una gran fiesta de cumpleaños a nuestra pequeña hija.
—¿Y de verdad estás dudando en celebrarle el cumpleaños a la niña?
—Es complicado, Ana Lu... Ese mismo día del año coincide exactamente con la fecha en que Noelia falleció en el hospital. Es una fecha cargada de mucha nostalgia para mí.
—Pues yo creo firmemente que deberías hacer a un lado los temores y organizarle esa fiesta a la pequeña —le aconseja Ana Lu, colocándole una mano en el brazo—. Te aseguro que a Noelia madre le va a fascinar desde el más allá ver que le preparas una celebración llena de alegría a su hijita.
José Emilio medita profundamente las palabras de la sabia maestra. Conmovido, le pide un breve permiso para apartarse y realizar una llamada telefónica directo a su hogar para escuchar la voz de su pequeña. Ana Lu lo contempla a la distancia con el corazón henchido de dicha, observando cómo el rostro del hombre se ilumina al platicar con su hija; con una sonrisa de satisfacción, la joven decide retirarse sutilmente del rincón para otorgarle privacidad.
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Mientras tanto, en el epicentro de la pista de baile, la energía no decae. Sofía y Rigo, Jelly Lorena junto a Neville, y la pareja conformada por Alya y Cihan continúan moviéndose con entusiasmo al compás de las luces estroboscópicas.
Todos disfrutan al ritmo de «Bliksem», la contagiosa pieza bailable interpretada por la cantante neerlandesa Stefanía Liberakakis. Los presentes levantan las manos al unísono, subiendo y bajando los brazos con perfecta sincronía mientras corean el estribillo que retumba en las bocinas:
Inmediatamente después, el pinchadiscos saca a relucir el tema «Golden», perteneciente a la banda sonora de la película animada K-Pop Demon Hunters, desatando la euforia en la pista:
En medio de los giros y las risas, Sofía se detiene en seco y se aparta sutilmente de los brazos de Rigo, mostrando un semblante de repentina indiferencia.
«Het Bliksemt en het dondert / Mijn hartslag over 100...»
Inmediatamente después, el pinchadiscos saca a relucir el tema «Golden», perteneciente a la banda sonora de la película animada K-Pop Demon Hunters, desatando la euforia en la pista:
«I'm done hidin' now I'm shining / Like I'm born to be / We dreamin' hard, we came so far / Now I believe...»
En medio de los giros y las risas, Sofía se detiene en seco y se aparta sutilmente de los brazos de Rigo, mostrando un semblante de repentina indiferencia.
—Espera un segundo, Sofía... ¿A dónde vas con tanta prisa? —la detiene Rigo, tomándola de la mano.
—Voy un momento al tocador de damas, Rigo. Con permiso.
—Dime la verdad... ¿Te la estás pasando bien conmigo esta noche?
—Sí, claro, la estoy pasando bien. Con permiso.
—Voy un momento al tocador de damas, Rigo. Con permiso.
—Dime la verdad... ¿Te la estás pasando bien conmigo esta noche?
—Sí, claro, la estoy pasando bien. Con permiso.
Sofía lo mira con cierta frialdad y se zafa de su agarre para caminar por el pasillo. A mitad del trayecto hacia el baño, la joven se cruza de frente con Ana Lu.—¡Hola, Sofía! Qué alegría verte en la pista. Veo que te la estás pasando espectacular con ese chico, Rigo. Te felicito de verdad, se nota a leguas que es una excelente persona.
—Sí, admito que es un buen muchacho, Ana Lu... Pero la verdad es que...
—¿Qué pasa, Sofía? ¿Hay algún problema con él?
—Es que... ¡ay, por favor! Es un hombre tan... ejem... pobre y limitado en sus aspiraciones. Tú me entiendes perfectamente a lo que me refiero.
—Para serte sincera, Sofía, yo no veo absolutamente nada de malo en su condición económica. El trabajo dignifica.
—¿Es que acaso no lo dimensionas, Ana Lu? Yo no empaqué mis maletas ni dejé mi país, mi patria y a mi gente para venir al extranjero a meterme con un simple pelagato muerto de hambre. Pero bueno, cambiemos drásticamente de tema; veo que tú también la estás pasando de maravilla con José Emilio Arizmendi. Bien por ti, muchacha. Estás logrando conquistar al soltero más codiciado y adinerado de toda la ciudad.
—¡¡¡Bah!!! ¡No digas tonterías, Sofía, es solo un baile de cortesía! Además, yo jamás me fijaría con intenciones románticas en el padre de una de mis pequeñas alumnas del colegio.
—Bueno, tú no sabes de la tremenda fortuna que te estás perdiendo por tus prejuicios.
—Eso mismo podría preguntarte yo a ti con respecto a Rigo.
—No es la misma situación, Ana Lu. No te confundas.
—¡¿Cómo que no es lo mismo?! Yo sé perfectamente que en el fondo te atrae muchísimo ese chico con el que bailabas. ¿Por qué no dejas a un lado el orgullo y aceptas iniciar una relación formal con él?
—No lo sé, Ana Lu... La verdad es que me da desconfianza...
En medio de la encrucijada, la imponente silueta de doña Lydia se aproxima al pasillo, interrumpiendo la plática de las jóvenes.
—¡Hijita mía! ¿En dónde te habías metido? Tu padre y yo llevamos varios minutos buscándote por todo el local. ¿Quién es tu hermosa acompañante?
—Mamá, ella es Sofía, una vecina del barrio.
—Oh, sí, claro —asiente doña Lydia, entrelazando las manos—. Me parecía un rostro sumamente conocido. Dime, muchacha... ¿De qué país eres originaria?
—¿Yo? Yo soy proveniente de Cali, Colombia, señora.
—¡¿Caleña?! ¡Qué maravilla! —exclama doña Lydia con una gran sonrisa—. Yo nací en la capital, en Bogotá, pero mis padres son orgullosamente de la región del Tolima. He tenido la oportunidad de viajar muchas veces a Cali en mi juventud. La verdad es que se pasa delicioso por allá, la gente es sumamente alegre.
Doña Lydia y Sofía se enfrascan en una amena conversación sobre sus raíces sudamericanas cuando, de pronto, don Bob y el apuesto Rigo se aproximan para unirse al grupo.
—¡Hijita mía! ¿En dónde te habías metido? Tu padre y yo llevamos varios minutos buscándote por todo el local. ¿Quién es tu hermosa acompañante?
—Mamá, ella es Sofía, una vecina del barrio.
—Oh, sí, claro —asiente doña Lydia, entrelazando las manos—. Me parecía un rostro sumamente conocido. Dime, muchacha... ¿De qué país eres originaria?
—¿Yo? Yo soy proveniente de Cali, Colombia, señora.
—¡¿Caleña?! ¡Qué maravilla! —exclama doña Lydia con una gran sonrisa—. Yo nací en la capital, en Bogotá, pero mis padres son orgullosamente de la región del Tolima. He tenido la oportunidad de viajar muchas veces a Cali en mi juventud. La verdad es que se pasa delicioso por allá, la gente es sumamente alegre.
Doña Lydia y Sofía se enfrascan en una amena conversación sobre sus raíces sudamericanas cuando, de pronto, don Bob y el apuesto Rigo se aproximan para unirse al grupo.
Minutos después, la euforia colectiva vuelve a reclamar a los presentes. El grupo completo, integrado por Jelly Lorena, Neville, Alya, Cihan, la profesora Carol, la directora Miss Halsey, los docentes Jack Finn y Erwin Sear, junto a Lorena Lucía y su compañero de canto, se lanzan en masa a la pista de baile. Los acordes de «Esperanza» de Carlos Vives, seguido por el ritmo urbano de «Papacito» de Karol G, y el clásico brasileño «Taj Mahal» interpretado por Jorge Ben Jor, desatan una auténtica fiesta.
Moviendo hombros y caderas con destreza, organizan el tradicional "trencito" por todo el local, levantando los brazos y cambiando de parejas en medio del alboroto, provocando que algunas chicas lanzaran miradas de celos protectores sobre sus acompañantes. Parecían auténticos "poseídos" por la contagiosa melodía, disfrutando sin parar hasta que las luces del escenario principal se encendieron de golpe, anunciando la reanudación del concierto acústico.
🎤 HOMENAJES DESDE EL ESCENARIO Y UN ÉXITO INÉDITO
Lorena Lucía toma el micrófono central, acomodándose frente al pedestal con una enorme sonrisa dirigida a la audiencia.
—Vaya... Veo que el público la está pasando verdaderamente espectacular esta noche en la pista, y logro divisar a muchas parejas de enamorados en las mesas —comenta la cantante con emoción—. En honor al amor verdadero y a la fidelidad, permítanme compartirles un tema sumamente clásico y viejito titulado «Concierto para enamorados», original de la gran intérprete española Karina.
Moviendo hombros y caderas con destreza, organizan el tradicional "trencito" por todo el local, levantando los brazos y cambiando de parejas en medio del alboroto, provocando que algunas chicas lanzaran miradas de celos protectores sobre sus acompañantes. Parecían auténticos "poseídos" por la contagiosa melodía, disfrutando sin parar hasta que las luces del escenario principal se encendieron de golpe, anunciando la reanudación del concierto acústico.
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🎤 HOMENAJES DESDE EL ESCENARIO Y UN ÉXITO INÉDITO
Lorena Lucía toma el micrófono central, acomodándose frente al pedestal con una enorme sonrisa dirigida a la audiencia.
—Vaya... Veo que el público la está pasando verdaderamente espectacular esta noche en la pista, y logro divisar a muchas parejas de enamorados en las mesas —comenta la cantante con emoción—. En honor al amor verdadero y a la fidelidad, permítanme compartirles un tema sumamente clásico y viejito titulado «Concierto para enamorados», original de la gran intérprete española Karina.
Con una voz dulce y melodiosa, Lorena Lucía ejecuta una impecable interpretación acústica, resultando ser el marco ideal para que las parejas del lugar se estrecharan las manos con devoción: Lydia cruzando miradas de complicidad con don Bob, Alya recostando su cabeza en el hombro de Cihan, Jelly Lorena sonriéndole a Neville y Sofía manteniendo una tensa cercanía con Rigo. A la distancia, Ana Lu contempla con una mezcla de admiración y nostalgia a José Emilio, quien permanece concentrado en su llamada telefónica con la pequeña Noelia.
Al finalizar la pieza entre aplausos, Lorena Lucía adopta un semblante de profunda solemnidad. Con la mirada fija en el techo del local, decide dedicar la siguiente melodía de su repertorio. La canción elegida es «Regresarás», otro clásico de la balada española popularizado en el continente americano por la mexicana Yuri. Lorena Lucía alza la mano hacia el firmamento y exclama a viva voz: «¡Para ti, con todo mi amor, mi querido tío Emilio!».
La velada musical alcanza su clímax definitivo cuando la artista interpreta las notas de su esperado tema inédito de autoría propia, titulado «Para mí», desatando la fibra sensible del público:
📖 LA INSPIRACIÓN DE DOMINGO Y LA PROMESA DE UNA FIESTA
Esa misma noche, en la soledad de su habitación, Domingo permanece recostado en su cama devorando las páginas de la famosa foronovela «La Llamada del Alma», una obra literaria escrita en coautoría por Lorena Lucía y su tío Emilio.
Nota de homenaje: Las constantes referencias a «La Llamada del Alma», la célebre foronovela de Emilio y Lucía, constituyen un sincero tributo a dicha obra, considerada un auténtico clásico de culto en el universo de las foronovelas de la red.
«Hoy yo me debo a ti / De ti vivo enamorada / Yo quiero conseguir / Que tu amor también / Sea para mí...»
«Regresarás ya lo verás / Porque la niña que te conoció / Pensando en ti se hizo mujer / Y en esta carta te confiesa amor...»
«Yo por ti volví / Tal vez crecí / Pero nunca perdí / La fe en ti y en mí...»
Lorena Lucía desciende del escenario en medio de una ensordecedora y prolongada ovación por parte de todos los asistentes, consolidando su éxito de la noche.
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📖 LA INSPIRACIÓN DE DOMINGO Y LA PROMESA DE UNA FIESTA
Esa misma noche, en la soledad de su habitación, Domingo permanece recostado en su cama devorando las páginas de la famosa foronovela «La Llamada del Alma», una obra literaria escrita en coautoría por Lorena Lucía y su tío Emilio.
Nota de homenaje: Las constantes referencias a «La Llamada del Alma», la célebre foronovela de Emilio y Lucía, constituyen un sincero tributo a dicha obra, considerada un auténtico clásico de culto en el universo de las foronovelas de la red.
Domingo se emociona profundamente al seguir las intrigas de la protagonista Mariana y sus hermanas, Laura y Leticia, los dilemas del galán Patricio y, por supuesto, las desbocadas locuras de la villana Jade —¡qué pedazo de personaje!—, cuya personalidad libidinosa y extravagante la lleva a mantener desternillantes pláticas con una amiga imaginaria a través del cristal de su espejo.
Mientras avanza entre los capítulos, Domingo acompaña su lectura reproduciendo la hermosa melodía de «En el Jardín», interpretada a dúo por Alejandro Fernández y Gloria Estefan:
En ese instante de introspección, la figura de Magdalena inunda los pensamientos del joven. Se lamenta amargamente de su propia timidez, recordando cómo hace unas horas fue incapaz de dirigirle la palabra mientras platicaba telefónicamente con Fer. Cuánto daría en esta vida por armarse de valor, confesarle que la ama con locura y proponerle iniciar una relación formal alejados de las sombras; sin embargo, en medio de su idilio mental se interpone la figura de Fer, quien insiste en ganarse su afecto. Inspirado por los giros dramáticos e imposibles de la foronovela, Domingo toma una libreta y comienza a esbozar las primeras líneas de su propia historia de amor prohibido con Magdalena, cerrando los ojos mientras suspira su nombre en la penumbra.
Mientras avanza entre los capítulos, Domingo acompaña su lectura reproduciendo la hermosa melodía de «En el Jardín», interpretada a dúo por Alejandro Fernández y Gloria Estefan:
«Hoy me he vuelto a enamorar / Y nuevamente ha germinado la pasión / En el jardín donde reinó la soledad / Nació la flor que hace feliz mi corazón...»
En ese instante de introspección, la figura de Magdalena inunda los pensamientos del joven. Se lamenta amargamente de su propia timidez, recordando cómo hace unas horas fue incapaz de dirigirle la palabra mientras platicaba telefónicamente con Fer. Cuánto daría en esta vida por armarse de valor, confesarle que la ama con locura y proponerle iniciar una relación formal alejados de las sombras; sin embargo, en medio de su idilio mental se interpone la figura de Fer, quien insiste en ganarse su afecto. Inspirado por los giros dramáticos e imposibles de la foronovela, Domingo toma una libreta y comienza a esbozar las primeras líneas de su propia historia de amor prohibido con Magdalena, cerrando los ojos mientras suspira su nombre en la penumbra.
Al mismo tiempo, en el penthouse de la familia Arizmendi, Magdalena permanece en la sala de estar en compañía de su amiga Fer, vigilando los juegos de la pequeña Noelia y su invitada Lillwsisa. A pesar de las risas de las niñas, la mente de la joven Magdalena vuela directo hacia la silueta de Domingo, anhelando en secreto la oportunidad de volver a estrecharlo entre sus brazos.
De pronto, el timbre del teléfono interrumpe la dinámica familiar. La pequeña Noelia corre a responder, descubriendo la voz de su padre al otro lado de la línea. Con entusiasmo infantil, la niña le relata con lujo de detalles la maravillosa aparición espiritual de su madre junto al ventanal y su ferviente deseo de una fiesta de cumpleaños. Al escuchar las palabras de su hija, las lágrimas inundan el rostro de José Emilio en el bar.
—Sí, mi hermosa hijita, claro que sí... Si tu mami te lo ha pedido directamente desde el cielo, ten por seguro que tendrás la mejor fiesta de cumpleaños de toda tu vida —responde José Emilio con la voz entrecortada por la emoción.
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De pronto, el timbre del teléfono interrumpe la dinámica familiar. La pequeña Noelia corre a responder, descubriendo la voz de su padre al otro lado de la línea. Con entusiasmo infantil, la niña le relata con lujo de detalles la maravillosa aparición espiritual de su madre junto al ventanal y su ferviente deseo de una fiesta de cumpleaños. Al escuchar las palabras de su hija, las lágrimas inundan el rostro de José Emilio en el bar.
—Sí, mi hermosa hijita, claro que sí... Si tu mami te lo ha pedido directamente desde el cielo, ten por seguro que tendrás la mejor fiesta de cumpleaños de toda tu vida —responde José Emilio con la voz entrecortada por la emoción.
La pequeña Noelia estalla en gritos de alegría y cuelga el auricular para compartir la grandiosa noticia con su tía Magdalena, Fer y Lillwsisa. Justo en medio de los brincos de festejo, el timbre de la residencia resuena con firmeza. Al abrir la puerta, Magdalena recibe a los respetables padres de crianza de Lillwsisa: doña Charo y don Raúl, quienes acuden a recoger a su pequeña tras concluir la jornada laboral.
—¡Lillwsisa, mi amor! Ya venimos por ti. Cuéntanos... ¿Cómo la pasaste esta noche jugando con tu amiguita del colegio? —pregunta doña Charito, acomodándole la chamarra.
—¡Me la pasé increíble, mami!... Cenamos palomitas, vimos una película animada y la tía de Noelia hasta nos deleitó tocando una hermosa melodía en el piano —relata la niña con entusiasmo.
—Mucho gusto, señores... Yo soy Magdalena, la tía carnal de Noelia —se introduce la joven con una sonrisa cordial—. Déjenme felicitarlos de verdad; han criado a una niña verdaderamente hermosa, educada e inteligente.
—El gusto es nuestro, señorita. Vaya, noto que eres una mujer sumamente jovencita para estar a cargo de una casa... ¿Se puede saber cuántos años tienes? —pregunta don Raúl con curiosidad.
—Tengo apenas veintidós años, señor Raúl. Mi hermano mayor José Emilio y yo nos llevamos exactamente once años de diferencia en edad. Es una historia familiar un tanto larga y compleja.
—Vaya, qué coincidencia... Una diferencia de edad muy similar a la que existe entre mi hermana Viviana y yo —interviene la pequeña Lillwsisa con inocencia—. Por cierto, mami... ¿en dónde se metió mi hermana Viviana esta noche?
—Ella se quedó descansando en el apartamento, mi amor —responde doña Charito con un tono de ligera evasión—. Nos comentó que no se sentía del todo bien de salud. Bueno... ¿Nos marchamos a casa ya?
—¡Lillwsisa, mi amor! Ya venimos por ti. Cuéntanos... ¿Cómo la pasaste esta noche jugando con tu amiguita del colegio? —pregunta doña Charito, acomodándole la chamarra.
—¡Me la pasé increíble, mami!... Cenamos palomitas, vimos una película animada y la tía de Noelia hasta nos deleitó tocando una hermosa melodía en el piano —relata la niña con entusiasmo.
—Mucho gusto, señores... Yo soy Magdalena, la tía carnal de Noelia —se introduce la joven con una sonrisa cordial—. Déjenme felicitarlos de verdad; han criado a una niña verdaderamente hermosa, educada e inteligente.
—El gusto es nuestro, señorita. Vaya, noto que eres una mujer sumamente jovencita para estar a cargo de una casa... ¿Se puede saber cuántos años tienes? —pregunta don Raúl con curiosidad.
—Tengo apenas veintidós años, señor Raúl. Mi hermano mayor José Emilio y yo nos llevamos exactamente once años de diferencia en edad. Es una historia familiar un tanto larga y compleja.
—Vaya, qué coincidencia... Una diferencia de edad muy similar a la que existe entre mi hermana Viviana y yo —interviene la pequeña Lillwsisa con inocencia—. Por cierto, mami... ¿en dónde se metió mi hermana Viviana esta noche?
—Ella se quedó descansando en el apartamento, mi amor —responde doña Charito con un tono de ligera evasión—. Nos comentó que no se sentía del todo bien de salud. Bueno... ¿Nos marchamos a casa ya?
Lillwsisa se despide con efusivos abrazos de Noelia, Fer y Magdalena, prometiendo volver a verse al día siguiente en las bancas de la escuela primaria para seguir compartiendo sus aventuras.
🤫 UN BESO DE RECONCILIACIÓN Y EL REGRESO A CASA
Mientras tanto, en la sala del apartamento de Viviana, la pasión del pasado se niega a morir. Marcelo y la joven se mantienen fundidos en un abrazo asfixiante, uniendo sus labios en un beso cargado de promesas rotas y verdades descubiertas. Al separarse por escasos centímetros, el hombre acaricia el rostro de su antiguo amor, asimilando el peso de su nueva realidad.
—Todavía me cuesta trabajo digerir esta maravillosa verdad, Viviana... Tengo una hija legítima... Tenemos una hermosa hija de ocho años en este mundo. Te juro que no veo la hora de gritarle la verdad a los cuatro vientos y estrecharla entre mis brazos como su padre.
—¡No, por favor, Marcelo! Te lo suplico por lo más sagrado, no vayas a cometer la locura de revelarle la verdad de golpe a Lillwsisa —le implora Viviana, tomándolo por las manos—. Ella es aún muy pequeña y descubrir todo este embrollo de la noche a la mañana le causaría un daño psicológico terrible. ¿Logras comprenderme? Debemos ser sumamente cautelosos.
—Descuida, entiendo perfectamente la situación, Viviana. Lillwsisa es una niña excepcional, madura y noble; es evidente que tus padres han realizado una labor de crianza verdaderamente impecable con ella.
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🤫 UN BESO DE RECONCILIACIÓN Y EL REGRESO A CASA
Mientras tanto, en la sala del apartamento de Viviana, la pasión del pasado se niega a morir. Marcelo y la joven se mantienen fundidos en un abrazo asfixiante, uniendo sus labios en un beso cargado de promesas rotas y verdades descubiertas. Al separarse por escasos centímetros, el hombre acaricia el rostro de su antiguo amor, asimilando el peso de su nueva realidad.
—Todavía me cuesta trabajo digerir esta maravillosa verdad, Viviana... Tengo una hija legítima... Tenemos una hermosa hija de ocho años en este mundo. Te juro que no veo la hora de gritarle la verdad a los cuatro vientos y estrecharla entre mis brazos como su padre.
—¡No, por favor, Marcelo! Te lo suplico por lo más sagrado, no vayas a cometer la locura de revelarle la verdad de golpe a Lillwsisa —le implora Viviana, tomándolo por las manos—. Ella es aún muy pequeña y descubrir todo este embrollo de la noche a la mañana le causaría un daño psicológico terrible. ¿Logras comprenderme? Debemos ser sumamente cautelosos.
—Descuida, entiendo perfectamente la situación, Viviana. Lillwsisa es una niña excepcional, madura y noble; es evidente que tus padres han realizado una labor de crianza verdaderamente impecable con ella.
En ese preciso instante, los ruidos en la cerradura anuncian el regreso de la pequeña Lillwsisa en compañía de Charito y Raúl. Al cruzar el umbral, la niña estalla en júbilo al descubrir la silueta de Marcelo de pie junto a su hermana en la sala. Marcelo, incapaz de contener el llamado de la sangre, corre a su encuentro para estrecharla en un fuerte abrazo de bienvenida. Don Raúl y doña Charito observan la escena desde la entrada con una expresión de profunda indignación y desconfianza, obligando a Viviana a intervenir de inmediato para calmar las aguas.
—¡Mami, papi, miren quién está aquí de visita! —anuncia Lillwsisa con una sonrisa—. Él es Marcelo, un viejo y gran amigo del pasado de mi hermana Viviana de sus tiempos en el Perú.
—Oh, sí, por supuesto... —responde don Raúl con voz severa y cortante—. Claro que nos acordamos perfectamente de este caballero y de su historial. Oye, mi vida... ¿Por qué mejor no te encasquetas el pijama y te vas directo a la cama a descansar? Mañana tienes escuela temprano y es necesario que tu mami te acompañe a dormir.
—¡Mami, papi, miren quién está aquí de visita! —anuncia Lillwsisa con una sonrisa—. Él es Marcelo, un viejo y gran amigo del pasado de mi hermana Viviana de sus tiempos en el Perú.
—Oh, sí, por supuesto... —responde don Raúl con voz severa y cortante—. Claro que nos acordamos perfectamente de este caballero y de su historial. Oye, mi vida... ¿Por qué mejor no te encasquetas el pijama y te vas directo a la cama a descansar? Mañana tienes escuela temprano y es necesario que tu mami te acompañe a dormir.
Doña Charito toma a la pequeña de la mano y se retira hacia las habitaciones, no sin antes lanzar una mirada de advertencia sobre la pareja de jóvenes.
—Ejem... —carraspea Viviana, mirando de reojo a Marcelo con evidente nerviosismo—. Marcelo ya se encontraba de salida, padre... ¿Verdad que ya te marchabas a tu hotel, Marcelo?
—Oh, sí, por supuesto, ya mismo me retiraba —asiente Marcelo, acomodándose la chaqueta—. Mucho gusto en saludarlo de nuevo, señor Raúl. Y antes de marcharme, quiero agradecerle de todo corazón por haber criado a Lillwsisa con tanto amor; es una niña verdaderamente maravillosa.
—Nosotros simplemente nos hemos encargado de otorgarle el amor y la protección familiar que otros le negaron en su momento, muchacho —sentencia don Raúl con firmeza—. ¿Ya te vas?
Marcelo se despide de Viviana con una última mirada cargada de complicidad y se retira del apartamento. En cuanto la puerta se cierra, don Raúl encara a su hija con severidad.
—Ejem... —carraspea Viviana, mirando de reojo a Marcelo con evidente nerviosismo—. Marcelo ya se encontraba de salida, padre... ¿Verdad que ya te marchabas a tu hotel, Marcelo?
—Oh, sí, por supuesto, ya mismo me retiraba —asiente Marcelo, acomodándose la chaqueta—. Mucho gusto en saludarlo de nuevo, señor Raúl. Y antes de marcharme, quiero agradecerle de todo corazón por haber criado a Lillwsisa con tanto amor; es una niña verdaderamente maravillosa.
—Nosotros simplemente nos hemos encargado de otorgarle el amor y la protección familiar que otros le negaron en su momento, muchacho —sentencia don Raúl con firmeza—. ¿Ya te vas?
Marcelo se despide de Viviana con una última mirada cargada de complicidad y se retira del apartamento. En cuanto la puerta se cierra, don Raúl encara a su hija con severidad.
—¡¿Se puede saber qué demonios tienes en la cabeza, Viviana?! ¡¿Cómo se te ocurre traer a este hombre de regreso a nuestra casa tras todo el daño que te causó en el pasado?!
—Esta es mi propiedad, padre, yo pago las cuentas de este apartamento y tengo el derecho legal de recibir en mi sala a quien a mí me de la regalada gana.
—¡¿Acaso ya se te olvidó por completo la forma tan cobarde en que te abandonó a tu suerte cuando saliste embarazada en el Cuzco?! ¡¿Ya se te olvidó el sufrimiento?!
—Lo sé perfectamente bien, papá... No he olvidado nada. Pero Marcelo ha cambiado, ha madurado y es un hombre completamente distinto ahora.
—La gente con esa calaña de inmadurez jamás cambia de la noche a la mañana, hija mía. Te exijo que tengas muchísimo cuidado si no quieres volver a tropezar con la misma piedra. Vamos a dormir.
Don Raúl se retira hacia su alcoba sumamente contrariado. Mientras tanto, ajeno a los sermones de su suegro, Marcelo conduce su automóvil por las avenidas iluminadas de la ciudad, esbozando una enorme sonrisa de felicidad absoluta al saberse poseedor del título más valioso de su vida: ser el padre de Lillwsisa.
🏫 REVELACIONES ENTRE AMIGOS Y CONFRONTACIONES EN LA CALLE
Al día siguiente, en las oficinas corporativas del centro, Marcelo vuelve a reunirse con José Emilio para compartir los pormenores de su noche. Con el corazón acelerado, le revela finalmente que la pequeña Lillwsisa es su legítima hija biológica, fruto de aquel romance juvenil y secreto en las tierras del Cuzco. José Emilio reacciona con genuino asombro y alegría ante la noticia.
—Esta es mi propiedad, padre, yo pago las cuentas de este apartamento y tengo el derecho legal de recibir en mi sala a quien a mí me de la regalada gana.
—¡¿Acaso ya se te olvidó por completo la forma tan cobarde en que te abandonó a tu suerte cuando saliste embarazada en el Cuzco?! ¡¿Ya se te olvidó el sufrimiento?!
—Lo sé perfectamente bien, papá... No he olvidado nada. Pero Marcelo ha cambiado, ha madurado y es un hombre completamente distinto ahora.
—La gente con esa calaña de inmadurez jamás cambia de la noche a la mañana, hija mía. Te exijo que tengas muchísimo cuidado si no quieres volver a tropezar con la misma piedra. Vamos a dormir.
Don Raúl se retira hacia su alcoba sumamente contrariado. Mientras tanto, ajeno a los sermones de su suegro, Marcelo conduce su automóvil por las avenidas iluminadas de la ciudad, esbozando una enorme sonrisa de felicidad absoluta al saberse poseedor del título más valioso de su vida: ser el padre de Lillwsisa.
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🏫 REVELACIONES ENTRE AMIGOS Y CONFRONTACIONES EN LA CALLE
Al día siguiente, en las oficinas corporativas del centro, Marcelo vuelve a reunirse con José Emilio para compartir los pormenores de su noche. Con el corazón acelerado, le revela finalmente que la pequeña Lillwsisa es su legítima hija biológica, fruto de aquel romance juvenil y secreto en las tierras del Cuzco. José Emilio reacciona con genuino asombro y alegría ante la noticia.
—¡¿Me estás diciendo en serio que la pequeña Lillwsisa es tu propia hija de sangre, Marcelo?! ¡Vaya, eso sí que representa la mayor sorpresa de todo el año! —exclama José Emilio, dándole un fuerte abrazo de felicitación.
—Así es, amigo... Tengo una hija hermosa en este mundo. Todavía me cuesta trabajo asimilarlo. Ahora comprendo perfectamente por qué siempre insistía en que esa niña tenía rasgos idénticos a los de mi difunta madre... Es la genética, la llamada de la sangre. Pero dime... ¿Cómo te terminó de ir a ti en el concierto acústico de Lorena Lucía?
—Excelente, de verdad. Esa muchacha posee un talento verdaderamente impresionante sobre el escenario y un futuro brillante en la industria musical. Si me lo preguntas, considero que debería inscribirse sin dudarlo en las audiciones del programa Operación Triunfo.
—No cabe la menor duda de que en este país abundan los grandes talentos ocultos esperando una oportunidad para ser descubiertos.
—Oye, Marcelo... Te cuento que estuve platicando a fondo con la profesora Ana Lu y, afortunadamente, sus sabios consejos me terminaron de convencer de organizarle una gran fiesta de cumpleaños a mi pequeña Noelia. Y por supuesto, está de más decirte que tu hija Lillwsisa es la invitada de honor del evento.
—Muchísimas gracias, José Emilio, cuenta con nuestra asistencia sin falta.
—Bueno, el deber llama. Acompáñame al colegio a recoger a Noelia de sus clases de Matemáticas.
—Te acompaño de inmediato. Quiero aprovechar para ver de lejos a mi pequeña también —responde Marcelo con una sonrisa de complicidad.
Ambos empresarios abandonan la oficina y se encaminan en sus vehículos con rumbo directo hacia las instalaciones de la escuela primaria.
Mientras tanto, en las aceras del centro comercial, Sofía camina a paso apresurado cuando de pronto es interceptada nuevamente por Rigo. El rostro del muchacho irradia una ilusión desbordante tras la velada musical del bar.
—Así es, amigo... Tengo una hija hermosa en este mundo. Todavía me cuesta trabajo asimilarlo. Ahora comprendo perfectamente por qué siempre insistía en que esa niña tenía rasgos idénticos a los de mi difunta madre... Es la genética, la llamada de la sangre. Pero dime... ¿Cómo te terminó de ir a ti en el concierto acústico de Lorena Lucía?
—Excelente, de verdad. Esa muchacha posee un talento verdaderamente impresionante sobre el escenario y un futuro brillante en la industria musical. Si me lo preguntas, considero que debería inscribirse sin dudarlo en las audiciones del programa Operación Triunfo.
—No cabe la menor duda de que en este país abundan los grandes talentos ocultos esperando una oportunidad para ser descubiertos.
—Oye, Marcelo... Te cuento que estuve platicando a fondo con la profesora Ana Lu y, afortunadamente, sus sabios consejos me terminaron de convencer de organizarle una gran fiesta de cumpleaños a mi pequeña Noelia. Y por supuesto, está de más decirte que tu hija Lillwsisa es la invitada de honor del evento.
—Muchísimas gracias, José Emilio, cuenta con nuestra asistencia sin falta.
—Bueno, el deber llama. Acompáñame al colegio a recoger a Noelia de sus clases de Matemáticas.
—Te acompaño de inmediato. Quiero aprovechar para ver de lejos a mi pequeña también —responde Marcelo con una sonrisa de complicidad.
Ambos empresarios abandonan la oficina y se encaminan en sus vehículos con rumbo directo hacia las instalaciones de la escuela primaria.
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Mientras tanto, en las aceras del centro comercial, Sofía camina a paso apresurado cuando de pronto es interceptada nuevamente por Rigo. El rostro del muchacho irradia una ilusión desbordante tras la velada musical del bar.
—La pasamos verdaderamente espectacular anoche en la discoteca, ¿verdad, Sofía? Me encantó bailar contigo —comenta Rigo con una sonrisa.—Escúchame con mucha atención, Rigo... —lo interrumpe ella, adoptando una postura rígida y fría—. Eres un chico excelente y sumamente atento, pero considero que lo mejor para ambos es que no nos volvamos a ver ni a salir nunca más en la vida.
—¡¿Pero por qué me dices eso de golpe?! ¡¿Se puede saber qué fue lo que hice mal para que ya no quieras estar a mi lado?!
—Simplemente no quiero y punto, Rigo. Además, mis respetables padres están por arribar a la ciudad esta misma tarde y bajo ninguna circunstancia voy a permitir que te vean rondando cerca de mí.
—Ah... Ya entiendo perfectamente de qué se trata todo esto —responde Rigo, transformando su sonrisa en una mueca de profunda decepción—. Te da una tremenda vergüenza social que tus padres descubran que sales con un hombre de mi condición laboral. No puedo creer que poseas una mentalidad tan superficial y clasista, Sofía. Qué enorme desilusión me llevo de ti. Con permiso.
Rigo se retira a grandes zancadas del lugar, visiblemente indignado y dolido por el rechazo. Justo en ese instante de tensión, Amber emerge de una tienda cercana y se aproxima a Sofía, habiendo presenciado el desenlace de la discusión.
—What happened? ¿Qué haber pasado aquí, Sofía? —pregunta Amber, cruzándose de brazos—. ¿Por qué... Rigo... estar... tan mad, tan enojado contigo?
—Ay, amiga, por favor no empieces tú también... Es que simplemente es imposible que yo mantenga una relación sentimental con un hombre como él.
—Why? ¿Por qué dices eso? Él ser un muchacho bueno, un hombre trabajador y honesto.
—¡Pero si es un simple handyman, Amber! Un humilde reparador de mantenimiento que vive al día. No está a mi nivel.
—¡¡¡Y tú ser una simple cleaning lady, Sofía!!! ¡¡¡Tú... limpiar... casas ajenas para ganarte el pan de cada día!!! No te des ínfulas de grandeza.
—¡Cállate, Amber! No me lo recuerdes, que esa situación laboral me avergüenza muchísimo ante los demás...
—El trabajo honesto... nunca... jamás... deber avergonzar a un ser humano, Sofía. Te equivocas feo.
Amber observa a su amiga con una mirada cargada de profunda molestia y desaprobación; sabe perfectamente que el orgullo y la superficialidad de Sofía la están haciendo desperdiciar la oportunidad de ser feliz al lado de un hombre noble y valioso como Rigo.
🏫 ACOSO EN EL PASILLO Y UNA TREGUA ENTRE MAESTRAS
En las instalaciones de la escuela primaria, Ana Lu camina con tranquilidad por los pasadizos con un fajo de exámenes de Matemáticas bajo el brazo, cuando de pronto su camino es bloqueado por la imponente figura de Gerardo, el sobrino de la directora. El delincuente traga saliva con dificultad y recorre el cuerpo de la maestra con una mirada lasciva y degenerada, devorándola con la mente y albergando el oscuro deseo de arrastrarla a su cama por la fuerza.
—Ay, amiga, por favor no empieces tú también... Es que simplemente es imposible que yo mantenga una relación sentimental con un hombre como él.
—Why? ¿Por qué dices eso? Él ser un muchacho bueno, un hombre trabajador y honesto.
—¡Pero si es un simple handyman, Amber! Un humilde reparador de mantenimiento que vive al día. No está a mi nivel.
—¡¡¡Y tú ser una simple cleaning lady, Sofía!!! ¡¡¡Tú... limpiar... casas ajenas para ganarte el pan de cada día!!! No te des ínfulas de grandeza.
—¡Cállate, Amber! No me lo recuerdes, que esa situación laboral me avergüenza muchísimo ante los demás...
—El trabajo honesto... nunca... jamás... deber avergonzar a un ser humano, Sofía. Te equivocas feo.
Amber observa a su amiga con una mirada cargada de profunda molestia y desaprobación; sabe perfectamente que el orgullo y la superficialidad de Sofía la están haciendo desperdiciar la oportunidad de ser feliz al lado de un hombre noble y valioso como Rigo.
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🏫 ACOSO EN EL PASILLO Y UNA TREGUA ENTRE MAESTRAS
En las instalaciones de la escuela primaria, Ana Lu camina con tranquilidad por los pasadizos con un fajo de exámenes de Matemáticas bajo el brazo, cuando de pronto su camino es bloqueado por la imponente figura de Gerardo, el sobrino de la directora. El delincuente traga saliva con dificultad y recorre el cuerpo de la maestra con una mirada lasciva y degenerada, devorándola con la mente y albergando el oscuro deseo de arrastrarla a su cama por la fuerza.
—Hola, mi hermosa y bellísima Ana Lu... Qué monumental te ves hoy —la saluda con voz sugerente.
—Hola, Gerardo. Con permiso, se me hace tarde para ingresar al salón a dictar mi clase —responde la maestra, intentando esquivarlo con molestia.
—Espera un segundo, no lleves tanta prisa, preciosa —la detiene Gerardo, colocándole un brazo en la pared para obstruirle el paso—. ¿Se puede saber qué planes tienes para hacer más tarde cuando salgas de trabajar?
—Seguir trabajando en las planificaciones de números en mi casa, Gerardo. Con permiso.
—Vamos, mi amor, la vida de una mujer tan hermosa como tú no puede resumirse únicamente en dar clases a unos mocosos. La vida está diseñada para gozarla y pasarla verdaderamente "rico" al lado de un hombre de verdad... —pronuncia el depravado y, aprovechando la cercanía, desliza su mano con atrevimiento para propinarle un fuerte golpe en la cola.
La indignación enciende la sangre de Ana Lu; sin dudarlo un solo segundo, la joven gira sobre su propio eje y le asesta una tremenda y sonora cachetada en pleno rostro: ¡¡¡PUAFFF!!! El impacto resuena con eco por todo el pasillo. Gerardo, con la mejilla enrojecida y el orgullo herido, estalla en cólera y la sujeta con violencia de las ropas, acorralándola contra los casilleros.
—¡¿Pero qué te pasa, maldita loca?! ¡A mí ninguna mujer me levanta la mano!...
—Hola, Gerardo. Con permiso, se me hace tarde para ingresar al salón a dictar mi clase —responde la maestra, intentando esquivarlo con molestia.
—Espera un segundo, no lleves tanta prisa, preciosa —la detiene Gerardo, colocándole un brazo en la pared para obstruirle el paso—. ¿Se puede saber qué planes tienes para hacer más tarde cuando salgas de trabajar?
—Seguir trabajando en las planificaciones de números en mi casa, Gerardo. Con permiso.
—Vamos, mi amor, la vida de una mujer tan hermosa como tú no puede resumirse únicamente en dar clases a unos mocosos. La vida está diseñada para gozarla y pasarla verdaderamente "rico" al lado de un hombre de verdad... —pronuncia el depravado y, aprovechando la cercanía, desliza su mano con atrevimiento para propinarle un fuerte golpe en la cola.
La indignación enciende la sangre de Ana Lu; sin dudarlo un solo segundo, la joven gira sobre su propio eje y le asesta una tremenda y sonora cachetada en pleno rostro: ¡¡¡PUAFFF!!! El impacto resuena con eco por todo el pasillo. Gerardo, con la mejilla enrojecida y el orgullo herido, estalla en cólera y la sujeta con violencia de las ropas, acorralándola contra los casilleros.
—¡¿Pero qué te pasa, maldita loca?! ¡A mí ninguna mujer me levanta la mano!...
—¡¡¡Suelte de inmediato a esa profesora ahora mismo, insolente, o en este preciso instante me encargo de llamar a los oficiales de seguridad de la entrada!!! —interviene una voz firme enérgicamente en inglés.
Se trata de la profesora Carol, quien se aproxima al pasillo con paso firme y una mirada cargada de absoluto desprecio. Gerardo se detiene en seco, suelta a Ana Lu de mala gana y desvía sus ojos lascivos hacia la imponente figura de la maestra de Historia, devorándola también con su mirada degenerada. Con una sonrisa cínica, el delincuente da un paso atrás, les lanza un besito volado en el aire a ambas profesoras y se retira silbando por el corredor como si nada hubiera pasado. Una vez a salvo, Carol se vuelve hacia su colega, adoptando una postura más cálida y esforzándose por hablar en un correcto idioma español.
Se trata de la profesora Carol, quien se aproxima al pasillo con paso firme y una mirada cargada de absoluto desprecio. Gerardo se detiene en seco, suelta a Ana Lu de mala gana y desvía sus ojos lascivos hacia la imponente figura de la maestra de Historia, devorándola también con su mirada degenerada. Con una sonrisa cínica, el delincuente da un paso atrás, les lanza un besito volado en el aire a ambas profesoras y se retira silbando por el corredor como si nada hubiera pasado. Una vez a salvo, Carol se vuelve hacia su colega, adoptando una postura más cálida y esforzándose por hablar en un correcto idioma español.
—Ese hombre llamado Gerardo me cae verdaderamente antipático y repulsivo, Ana Lu —confiesa Carol, mostrando una sorprendente fluidez en la lengua de Cervantes—. Se cree con el derecho divino de pisotear y acosar a todo el personal del colegio solo por el simple hecho de ser el sobrino consentido de la directora Miss Halsey.
—Vaya, Carol... No sabía que dominabas tan bien el español —se asombra Ana Lu, acomodándose la ropa—. Y sí, tienes toda la razón, ese tipo es un peligro. ¿A ti también te ha molestado en los pasillos?
—¡Por supuesto! Ese imbécil insiste de forma sumamente fastidiosa en invitarme a salir a una cita romántica. Yo jamás saldría con un delincuente de su calaña. ¿Y quieres que te cuente un secreto que escuché en la sala de maestros, Ana Lu? Dicen los rumores de las autoridades que ese infeliz estuvo directamente involucrado en el misterioso asesinato del hermano de la directora hace unos años.
—Algo de esa turbia historia familiar me había comentado Lorena Lucía en una ocasión... Es un asunto verdaderamente espantoso.
—Cambiando de tema... La que me cae verdaderamente bien es su hermosa sobrina, Lorena Lucía. El concierto acústico de anoche estuvo espectacular, ¿verdad? Tiene una voz bellísima.
—Así es, Carol, no cabe duda de que esa chica posee un talento musical impresionante. Bueno, te dejo, de verdad debo correr al salón a dictar mi clase de Matemáticas.
—Yo también voy directo a mi aula, Ana Lu. Pero antes de irnos, déjame hacerte una pregunta... ¿Cómo le haces para lograrlo?
—No comprendo tu pregunta, Carol. ¿Lograr qué?
—Lograr que todos los niños del salón se encariñen contigo de esa manera tan desbordante. No paran de pronunciar tu nombre con nostalgia cada vez que intento dictar mi cátedra de Historia. El único alumno que se muestra verdaderamente amoroso, tierno y atento conmigo es ese carismático niño turco, Deniz Cihan. Pero lo que son las niñas Noelia y esa pequeña de nombre sumamente extraño... Lilisa, o como se llame... de plano no me soportan, me miran con frialdad.
—Su nombre correcto es Lillwsisa, Carol —sonríe Ana Lu con dulzura—. Es una niña sumamente especial, noble y de buenos sentimientos. Te aconsejo que le tengas un poco de paciencia; recuerda que es nueva en este país y el proceso de adaptación cultural siempre resulta ser un tanto complicado para los niños pequeños.
—Vaya, Carol... No sabía que dominabas tan bien el español —se asombra Ana Lu, acomodándose la ropa—. Y sí, tienes toda la razón, ese tipo es un peligro. ¿A ti también te ha molestado en los pasillos?
—¡Por supuesto! Ese imbécil insiste de forma sumamente fastidiosa en invitarme a salir a una cita romántica. Yo jamás saldría con un delincuente de su calaña. ¿Y quieres que te cuente un secreto que escuché en la sala de maestros, Ana Lu? Dicen los rumores de las autoridades que ese infeliz estuvo directamente involucrado en el misterioso asesinato del hermano de la directora hace unos años.
—Algo de esa turbia historia familiar me había comentado Lorena Lucía en una ocasión... Es un asunto verdaderamente espantoso.
—Cambiando de tema... La que me cae verdaderamente bien es su hermosa sobrina, Lorena Lucía. El concierto acústico de anoche estuvo espectacular, ¿verdad? Tiene una voz bellísima.
—Así es, Carol, no cabe duda de que esa chica posee un talento musical impresionante. Bueno, te dejo, de verdad debo correr al salón a dictar mi clase de Matemáticas.
—Yo también voy directo a mi aula, Ana Lu. Pero antes de irnos, déjame hacerte una pregunta... ¿Cómo le haces para lograrlo?
—No comprendo tu pregunta, Carol. ¿Lograr qué?
—Lograr que todos los niños del salón se encariñen contigo de esa manera tan desbordante. No paran de pronunciar tu nombre con nostalgia cada vez que intento dictar mi cátedra de Historia. El único alumno que se muestra verdaderamente amoroso, tierno y atento conmigo es ese carismático niño turco, Deniz Cihan. Pero lo que son las niñas Noelia y esa pequeña de nombre sumamente extraño... Lilisa, o como se llame... de plano no me soportan, me miran con frialdad.
—Su nombre correcto es Lillwsisa, Carol —sonríe Ana Lu con dulzura—. Es una niña sumamente especial, noble y de buenos sentimientos. Te aconsejo que le tengas un poco de paciencia; recuerda que es nueva en este país y el proceso de adaptación cultural siempre resulta ser un tanto complicado para los niños pequeños.
Las docentes se despiden con un respetuoso ademán y cada una se encamina a sus respectivas aulas. Al ingresar a su salón de Historia, la profesora Carol es recibida por el pequeño Deniz Cihan, quien se aproxima corriendo al escritorio para obsequiarle una hermosa y reluciente manzana roja, ganándose una sonrisa de la estricta maestra. Por su parte, Ana Lu dicta su cátedra de Matemáticas frente a los niños empleando dinámicas divertidas y juegos con figuras geométricas, logrando arrancar risas y entusiasmo de sus alumnos con los números.
Horas más tarde, tras concluir el horario regular de clases, Ana Lu y Carol acuden juntas al auditorio principal para presenciar el ensayo general de la coral estudiantil, coordinado por el maestro de música Jack Finn. Los pequeños alumnos ensayan numerosas piezas clásicas en el idioma inglés; sin embargo, por sugerencia directa y cortesía de Ana Lu, el repertorio incluye también hermosas baladas en castellano y espectaculares adaptaciones al español de grandes éxitos anglosajones. La profesora Carol observa el ensayo con absoluta sorpresa y admiración; confiesa entre risas a Ana Lu que antes de esta tarde ella pensaba que la música en español se limitaba únicamente a los ritmos urbanos de Bad Bunny, Shakira o Karol G, agradeciéndole profundamente el haberle descubierto un universo musical lleno de verdadera poesía, folklore y romanticismo.
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🍧 ENCUENTROS EN LA HELADERÍA Y CELOS EN EL CENTRO COMERCIAL
Mientras tanto, en las instalaciones de la heladería del centro comercial, Domingo se aproxima a la barra principal para encontrarse con la hermosa Lorena Lucía, quien atiende el negocio familiar.
—¡Hola, Domingo! Qué alegría tenerte por aquí. ¿Te sirvo tu orden de siempre? —saluda la joven con entusiasmo.
—Hola, Lorena. Sí, por favor, quiero una copa con dos bolas grandes de helado de sabor Mamey.
—Vaya, me quedé esperándote anoche en el bar del centro, Domingo. No te vi entre el público asistente al concierto acústico.
—Te pido una enorme disculpa por eso, Lorena... Surgieron unos contratiempos de última hora y me fue imposible asistir. Pero para compensarlo, te confieso que pasé toda la velada en mi casa leyendo los nuevos capítulos de tu espectacular foronovela. Déjame felicitarte de verdad, posees un talento literario impresionante. Me tiene completamente fascinado el personaje de la villana Jade... ¡¡¡Qué tremenda y magistral villana crearon!!!
—¡Ay, muchísimas gracias por el cumplido, Domingo! —se sonroja la escritora—. Pero debo ser honesta y dar el crédito a quien le corresponde: el personaje de Jade es una creación absoluta de la mente de mi querido tío Emilio. Originalmente él quería incluir en la trama a su actriz favorita de la televisión, pero yo la consideré demasiado mayor para el perfil del personaje, así que mi tío se sentó a escribir y diseñó a esta villana libidinosa, egocéntrica y sumamente divertida.
—Es un personaje redondo y magistral, sin duda alguna. Tu tío Emilio es un hombre sumamente talentoso en las letras.
—Mi querido tío... No sabes cuánto lo extraño y cuánta falta me hace en los momentos difíciles, Domingo... snif —comenta Lorena Lucía, limpiándose una lágrima con un pañuelo.
—Hola, Lorena. Sí, por favor, quiero una copa con dos bolas grandes de helado de sabor Mamey.
—Vaya, me quedé esperándote anoche en el bar del centro, Domingo. No te vi entre el público asistente al concierto acústico.
—Te pido una enorme disculpa por eso, Lorena... Surgieron unos contratiempos de última hora y me fue imposible asistir. Pero para compensarlo, te confieso que pasé toda la velada en mi casa leyendo los nuevos capítulos de tu espectacular foronovela. Déjame felicitarte de verdad, posees un talento literario impresionante. Me tiene completamente fascinado el personaje de la villana Jade... ¡¡¡Qué tremenda y magistral villana crearon!!!
—¡Ay, muchísimas gracias por el cumplido, Domingo! —se sonroja la escritora—. Pero debo ser honesta y dar el crédito a quien le corresponde: el personaje de Jade es una creación absoluta de la mente de mi querido tío Emilio. Originalmente él quería incluir en la trama a su actriz favorita de la televisión, pero yo la consideré demasiado mayor para el perfil del personaje, así que mi tío se sentó a escribir y diseñó a esta villana libidinosa, egocéntrica y sumamente divertida.
—Es un personaje redondo y magistral, sin duda alguna. Tu tío Emilio es un hombre sumamente talentoso en las letras.
—Mi querido tío... No sabes cuánto lo extraño y cuánta falta me hace en los momentos difíciles, Domingo... snif —comenta Lorena Lucía, limpiándose una lágrima con un pañuelo.
Justo en medio del emotivo instante, la silueta de Magdalena ingresa al establecimiento. Al ver aparecer a la bellísima muchacha, Domingo experimenta un vuelco en el corazón y exhala un profundo suspiro de amor reprimido; sin embargo, la joven no acude sola, viene acompañada de su inseparable amiga Fer. Al divisar a Domingo en la barra, Fer estalla en júbilo, corre hacia él y lo rodea con un efusivo abrazo seguido de un cariñoso beso de saludo en la mejilla.
La escena provoca una intensa y dolorosa puñalada de celos en el pecho de Magdalena, quien de inmediato transforma su semblante y hace el amago de retirarse del local para no presenciar las muestras de afecto; pero la astuta Lorena Lucía lo nota de inmediato y la retiene del brazo con amabilidad, invitando a ambas jóvenes a sentarse a compartir una copa de helado de cortesía para platicar en grupo.
La escena provoca una intensa y dolorosa puñalada de celos en el pecho de Magdalena, quien de inmediato transforma su semblante y hace el amago de retirarse del local para no presenciar las muestras de afecto; pero la astuta Lorena Lucía lo nota de inmediato y la retiene del brazo con amabilidad, invitando a ambas jóvenes a sentarse a compartir una copa de helado de cortesía para platicar en grupo.
Por otra parte, en los pasillos exteriores del centro comercial, Gerardo camina apresuradamente hasta encontrarse de frente con la hermosa Amber. La joven extranjera se muestra sumamente molesta, esquiva e indignada con él por no haber respondido a ninguna de sus ruidosas llamadas telefónicas de la noche anterior; sin embargo, Gerardo apela a su depurada labia criminal y a su juego de seducción, acortando las distancias y susurrándole al oído que se encontraba inmerso en reuniones de negocios sumamente complejas y urgentes.
Amber, completamente vulnerable ante los encantos del manipulador, cede ante sus caricias y permite que el hombre selle sus labios en un apasionado beso de reconciliación en medio del pasillo. Mientras la besa con fingida devoción, la mente de Gerardo viaja directo a las escenas de pasión salvaje que compartió con Gala Lorena, planificando en secreto la manera de volver a escabullirse a su apartamento esa misma noche. A los pocos metros de distancia, oculto detrás de una columna, el bondadoso Benito contempla la escena con el corazón destrozado y los puños apretados, experimentando una inmensa frustración al descubrir cómo Amber continúa cayendo redonda en las redes y mentiras del delincuente.
🚪 UN ENCUENTRO SOBRENATURAL EN LA SALIDA Y EL QUECHUA DE MARCELO
Al finalizar la jornada escolar, en la gran explanada de la entrada de la escuela primaria, José Emilio y Marcelo permanecen de pie junto a los vehículos esperando la salida de los niños. Al abrirse las puertas principales, la pequeña Noelia divisa a su progenitor y corre con los brazos abiertos hacia él, fundiéndose ambos en un fuerte y emotivo abrazo de oso.
Amber, completamente vulnerable ante los encantos del manipulador, cede ante sus caricias y permite que el hombre selle sus labios en un apasionado beso de reconciliación en medio del pasillo. Mientras la besa con fingida devoción, la mente de Gerardo viaja directo a las escenas de pasión salvaje que compartió con Gala Lorena, planificando en secreto la manera de volver a escabullirse a su apartamento esa misma noche. A los pocos metros de distancia, oculto detrás de una columna, el bondadoso Benito contempla la escena con el corazón destrozado y los puños apretados, experimentando una inmensa frustración al descubrir cómo Amber continúa cayendo redonda en las redes y mentiras del delincuente.
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🚪 UN ENCUENTRO SOBRENATURAL EN LA SALIDA Y EL QUECHUA DE MARCELO
Al finalizar la jornada escolar, en la gran explanada de la entrada de la escuela primaria, José Emilio y Marcelo permanecen de pie junto a los vehículos esperando la salida de los niños. Al abrirse las puertas principales, la pequeña Noelia divisa a su progenitor y corre con los brazos abiertos hacia él, fundiéndose ambos en un fuerte y emotivo abrazo de oso.
A escasos metros de distancia, flotando con una radiante luz mística en el ambiente, el espíritu errante de Noelia madre los contempla con una expresión de absoluta dicha y paz celestial. En ese preciso instante, la profesora Ana Lu —quien es la única persona viva en el lugar capaz de percibir las dimensiones del más allá— se aproxima con paso lento hacia la familia. De pronto, un chispazo de energía mística sacude la explanada y, para sorpresa de todos, la pequeña Noelia voltea hacia el costado de la maestra, rompiendo la barrera mortal para clavar sus ojos infantiles directamente en la silueta resplandeciente de su progenitora.
—¡¿Mami?!... ¡¿De verdad eres tú, mami?! —exclama la pequeña Noelia con lágrimas de felicidad en los ojos.
—¡¿Me puedes ver con total claridad, mi hermosa y preciosa hijita?! —responde el espíritu de Noelia madre, flotando con inmensa ternura frente a ella.
—¡¿Mami?!... ¡¿De verdad eres tú, mami?! —exclama la pequeña Noelia con lágrimas de felicidad en los ojos.
—¡¿Me puedes ver con total claridad, mi hermosa y preciosa hijita?! —responde el espíritu de Noelia madre, flotando con inmensa ternura frente a ella.
José Emilio se queda completamente petrificado y atónito en su sitio al percatarse de que su pequeña hija está interactuando y viendo fijamente un punto invisible en el aire; comprende de golpe que la niña ha heredado la sensibilidad mística de la que le habló don Bob. Desesperado, el hombre recorre el espacio con la mirada, pero sus ojos mundanos siguen siendo incapaces de percibir la silueta de su difunto amor.
—¡Sí, mami, te veo perfectamente bien! Estás preciosa vestida de blanco —afirma la niña Noelia con una gran sonrisa—. ¿Verdad que es cierto que tu más grande deseo es que mi papá me organice una hermosa fiesta para celebrar mi cumpleaños?
—¡Así es, mi cielo! ¡Dile a tu padre que exijo que sea la mejor y más espectacular fiesta de cumpleaños de toda tu vida terrenal! —pide el alma de Noelia madre con una tierna sonrisa.
—Noelia... mi amor... —pronuncia José Emilio con la voz quebrada, permitiendo que una gruesa lágrima ruede por su mejilla—. No sabes la falta tan inmensa que nos haces en este hogar... Cómo te extraño cada día de mi existencia.
—¡Sí, mami, te veo perfectamente bien! Estás preciosa vestida de blanco —afirma la niña Noelia con una gran sonrisa—. ¿Verdad que es cierto que tu más grande deseo es que mi papá me organice una hermosa fiesta para celebrar mi cumpleaños?
—¡Así es, mi cielo! ¡Dile a tu padre que exijo que sea la mejor y más espectacular fiesta de cumpleaños de toda tu vida terrenal! —pide el alma de Noelia madre con una tierna sonrisa.
—Noelia... mi amor... —pronuncia José Emilio con la voz quebrada, permitiendo que una gruesa lágrima ruede por su mejilla—. No sabes la falta tan inmensa que nos haces en este hogar... Cómo te extraño cada día de mi existencia.
El resplandeciente espíritu desvía su mirada hacia el empresario, extendiendo una mano incorpórea para rozar sutilmente su hombro, transmitiéndole una cálida sensación de paz que disipa toda la tristeza de su pecho.
—Dile a tu padre que no debe seguir llorando ni lamentando mi ausencia con tanto dolor, mi pequeña Noelia... —le encomienda el espíritu a la niña—. Explícale que su dolor terrenal actúa como una pesada cadena que me retiene en este plano y me impide realizar mi viaje definitivo hacia el más allá. Yo necesito partir en paz.
José Emilio escucha la traducción de su hija y muerde sus labios con fuerza; su único y más ferviente deseo en esta vida es poder platicar e interactuar con Noelia, el gran y único amor de su existencia, por unos breves minutos. Ana Lu, conmovida ante la desgarradora escena familiar, da un paso al frente y coloca una mano reconfortante en la espalda del empresario.
—Ten un poco de paciencia y fe, José Emilio... —le susurra Ana Lu al oído con absoluta convicción mística—. Esta misma noche, las leyes del universo se confabularán y ella volverá a manifestarse plenamente en tu vida. Mantén el corazón abierto.
Mientras tanto, en el otro extremo de la explanada escolar, Marcelo divisa la silueta de la pequeña Lillwsisa, quien camina con su mochila al hombro. Sintiendo el arrollador e incontrolable llamado de la sangre, el joven empresario corre a su encuentro y la eleva por los aires, estrechándola en un fuerte, prolongado y emotivo abrazo paternal, ahora consciente de la maravillosa verdad de su paternidad.
—Dile a tu padre que no debe seguir llorando ni lamentando mi ausencia con tanto dolor, mi pequeña Noelia... —le encomienda el espíritu a la niña—. Explícale que su dolor terrenal actúa como una pesada cadena que me retiene en este plano y me impide realizar mi viaje definitivo hacia el más allá. Yo necesito partir en paz.
José Emilio escucha la traducción de su hija y muerde sus labios con fuerza; su único y más ferviente deseo en esta vida es poder platicar e interactuar con Noelia, el gran y único amor de su existencia, por unos breves minutos. Ana Lu, conmovida ante la desgarradora escena familiar, da un paso al frente y coloca una mano reconfortante en la espalda del empresario.
—Ten un poco de paciencia y fe, José Emilio... —le susurra Ana Lu al oído con absoluta convicción mística—. Esta misma noche, las leyes del universo se confabularán y ella volverá a manifestarse plenamente en tu vida. Mantén el corazón abierto.
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Mientras tanto, en el otro extremo de la explanada escolar, Marcelo divisa la silueta de la pequeña Lillwsisa, quien camina con su mochila al hombro. Sintiendo el arrollador e incontrolable llamado de la sangre, el joven empresario corre a su encuentro y la eleva por los aires, estrechándola en un fuerte, prolongado y emotivo abrazo paternal, ahora consciente de la maravillosa verdad de su paternidad.
—¡Hola, Marcelo! Qué sorpresa tan agradable encontrarte de nuevo por aquí en la escuela —saluda la niña con una enorme sonrisa al ser depositada en el suelo.
—Allinllachu, mi hermosa Lillwsisa —responde Marcelo, esforzándose por pronunciar correctamente el saludo tradicional.
—¡¿Acaso tú hablas el idioma quechua, Marcelo?! —pregunta la niña, abriendo los ojos de par en par con asombro.
—Arí... Kay pachapi aswan sumaq sipasmi kanki, mi pequeña Lillwsisa —pronuncia el hombre con los ojos humedecidos por la emoción, dedicándole la frase que traducía su corazón: «Sí... Eres la niña más hermosa de todo este mundo».
La pequeña Lillwsisa, conmovida por el tierno detalle del amigo de su hermana, le lanza un sutil y cariñoso guiño de ojo. Marcelo experimenta un profundo suspiro de dicha que le llena el alma y vuelve a rodearla en un tierno abrazo de protección; sin embargo, el mágico instante de conexión paternal es interrumpido de golpe por la ruda intervención de doña Charo y don Raúl, quienes irrumpen en la explanada acompañados de una desencajada Viviana. Con ademanes bruscos y miradas cargadas de hostilidad, los abuelos se encargan de separar físicamente a Marcelo de la pequeña Lillwsisa, rompiendo el idilio familiar en medio del patio escolar.
CONTINUARÁ...
—Allinllachu, mi hermosa Lillwsisa —responde Marcelo, esforzándose por pronunciar correctamente el saludo tradicional.
—¡¿Acaso tú hablas el idioma quechua, Marcelo?! —pregunta la niña, abriendo los ojos de par en par con asombro.
—Arí... Kay pachapi aswan sumaq sipasmi kanki, mi pequeña Lillwsisa —pronuncia el hombre con los ojos humedecidos por la emoción, dedicándole la frase que traducía su corazón: «Sí... Eres la niña más hermosa de todo este mundo».
La pequeña Lillwsisa, conmovida por el tierno detalle del amigo de su hermana, le lanza un sutil y cariñoso guiño de ojo. Marcelo experimenta un profundo suspiro de dicha que le llena el alma y vuelve a rodearla en un tierno abrazo de protección; sin embargo, el mágico instante de conexión paternal es interrumpido de golpe por la ruda intervención de doña Charo y don Raúl, quienes irrumpen en la explanada acompañados de una desencajada Viviana. Con ademanes bruscos y miradas cargadas de hostilidad, los abuelos se encargan de separar físicamente a Marcelo de la pequeña Lillwsisa, rompiendo el idilio familiar en medio del patio escolar.
CONTINUARÁ...
***La canción elegida es "Para mí", interpretada por Lucía Casani:

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