CAPITULO 12: AMOR SIN LIMITES (Versión corregida con IA)





CAPITULO 12: AMOR SIN LIMITES (Versión corregida con IA)

***PERSONAJES RECURRENTES:

*Alya y Cihan, padres de Deniz Cihan (Foto: Ozan Akbaba y Sinem Ünsal):

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CAPÍTULO 12: AMOR SIN LÍMITES

⏳ FLASHBACK: HACE 8 AÑOS (AÑO 2014)

En la frialdad de una sala de hospital, la doctora Alya, una de las ginecólogas más respetadas de la ciudad, se cubre el rostro con las manos mientras derrama lágrimas de profunda frustración. Acaba de perder a una paciente en pleno labor de parto; una joven madre que no es otra que Noelia. A su lado, intentando consolarla en medio de la tragedia, se encuentra su esposo, Cihan.

—Vamos, Alya, por favor, mírame... Hiciste absolutamente todo lo que estuvo en tus manos. ¿Qué más se podía hacer? —dice Cihan con voz suave—. Al menos lograste salvar la vida de la bebé. Está sana y salva.
—¿Es que no te das cuenta del peso de esto, Cihan? —exclama Alya, con el pecho oprimido por la culpa—. ¡Esa pobre e inocente criatura va a crecer completamente huérfana de madre por mi culpa! Yo debí prever las complicaciones...
—Tranquilízate, mi amor, no te castigues así. Oye, Alya... ¿qué te parece si empacamos unas maletas y hacemos un viaje largo? Has estado trabajando bajo demasiada presión últimamente, te mereces un descanso urgente de los hospitales.
—No lo sé, Cihan... El niño es todavía muy chiquito, ni siquiera ha cumplido su primer año de vida. No me parece correcto dejarlo.
—¡Bah, no pasa nada! Mi madre y mi hermana Nare estarán más que encantadas de quedarse a cargo del pequeño Deniz Cihan. No tienes de qué preocuparte, estará en las mejores manos.
—Aun así, no me agrada la idea de separarme de mi hijo siendo tan bebé.
—Mi familia sabrá cuidarlo perfectamente, confía en ellas. Además, hace ya muchísimo tiempo que no disfrutamos de un viaje a solas, como pareja.
—Está bien... ¿Y a dónde tienes pensado que vayamos?
—Nos vamos directo a Perú. Tengo unos asuntos pendientes y unos amigos que ver en la ciudad del Cuzco. Será la ocasión perfecta para desconectarnos y conocer juntos las ruinas de Machu Picchu. ¿Qué dices, aceptas?

Tras pensarlo unos instantes, Alya termina por ceder ante la insistencia de su esposo, aceptando la propuesta de viajar a Sudamérica y dejando al pequeño Deniz Cihan, de apenas un año de edad, bajo la amorosa protección de su suegra y su cuñada. Cihan, emocionado, sella el trato con un tierno beso en los labios de su bella esposa.

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Sin embargo, las vacaciones no logran mitigar la ansiedad de la doctora. Durante todo el trayecto hacia el Cuzco, Alya permanece pegada al teléfono, llamando constantemente a su suegra para verificar que todo marche en orden con el bebé.

—Vamos, Alya, relájate y disfruta del hermoso paisaje andino —le pide Cihan, rodeándola con el brazo—. Ya te confirmaron que el niño está perfectamente bien.
—No puedo evitarlo, Cihan. No dejo de preocuparme ni un solo segundo.
—Te preocupas demasiado por todo, mujer. Tienes que aprender a soltar.
—¡Claro, como tú no lo cargaste en tu vientre durante nueve largos meses, se te hace muy fácil decirlo! —responde Alya, suspirando—. Bueno, con permiso... voy a caminar un rato por la ciudad para despejar la mente.

Cihan decide no dejarla sola y la acompaña a dar un paseo por las místicas calles empedradas del Cuzco. De fondo, saliendo de los locales locales, se escucha la melancólica melodía de "Lo Olvidé", interpretada por el reconocido músico peruano Pedro Suárez-Vértiz:

"Una oportunidad perdida / En el amor, no vuelve más / Son las lecciones de la vida / Que nunca más te servirán..."

De pronto, los pasos de la pareja se detienen en seco. En una esquina apartada, Alya divisa a una jovencita casi adolescente que se encuentra en un visible estado de gestación avanzada, agachada y clamando por ayuda debido a los fuertes dolores de parto. Alya, guiada por su instinto médico, intenta convencerla de ir de inmediato a un hospital cercano, pero la muchacha se rehúsa rotundamente entre lágrimas, aterrada de ser descubierta. En ese momento de desesperación, Cihan logra detener el paso de una mujer del lugar que transita por la acera.

—Por supuesto que puedo ayudarles, patroncito —dice la mujer con amabilidad—. Yo soy partera de la zona y puedo llevar a la muchachita a mi humilde hogar para atenderla. Es aquícito no más, muy cerca de aquí.
—¿Qué opinas, Alya? ¿Vamos con ella? —pregunta Cihan, volteando hacia su esposa.
—Yo sigo insistiendo en que lo correcto es trasladarla a un hospital —responde Alya, desconfiada—. No conocemos a esta mujer y no tenemos la certeza de si está diciendo la verdad.
—¡¡¡Aaaaagggh...!!! —grita la adolescente, retorciéndose por una fuerte contracción—. Yo... yo sí conozco a esa señora. Por favor, vamos con ella, ya no aguanto más...

Ante la urgencia, Alya y Cihan deciden apoyar a la joven y se dirigen a toda prisa hacia la vivienda de la partera. Una vez allí, la doctora le exige a la muchacha que le proporcione algún número de contacto para comunicarse con sus familiares. Aunque al principio la joven se niega rotundamente por temor a la reacción de sus padres, la insistencia de Alya es tanta que la chica termina por ceder, entregándole los datos de contacto a Cihan para que este realice la llamada de emergencia.

Unas horas más tarde, mientras los dolores se intensifican, los padres de la adolescente ingresan apresuradamente a la habitación. Alya, despojándose de su rol de turista, se arremanga la camisa y colabora activamente con la partera en las labores del alumbramiento.

—¡Vamos, puja... puja con fuerza! —le indica Alya, intentando mantenerla consciente a base de plática—. Dime, ¿cómo te llamas?
—Me... me llamo Viviana... —responde la joven entre jadeos extenuantes—. Nací en Colombia... pero mis padres son peruanos... ¡¡¡Aaaarggh!!!

Viviana continúa pujando e intentando respirar con dificultad, pero el bebé parece resistirse a salir. Tras un esfuerzo monumental y momentos de alta tensión, la habitación se inunda con el llanto de una recién nacida. Alya deja escapar un suspiro de profundo alivio; ha logrado salvar la vida de la joven madre y también la de la preciosa criatura. Agradecida por el apoyo, la ginecóloga intenta ofrecerle una generosa cantidad de dinero a la partera, pero esta la rechaza con humildad, asegurando que solo cumplía con su deber.

Sin embargo, el ambiente de alivio se disipa cuando la partera le acerca la bebé a Viviana para que la sostenga entre sus brazos. Para sorpresa y desconcierto de la doctora Alya, la joven madre empuja la manta con desprecio, negándose a verla.

—Pero Viviana... ¿qué te sucede? ¿Por qué no quieres sostener a tu propia hija? —pregunta Alya, atónita.
—¡¡¡No la quiero, llévensela de aquí!!! ¡¡¡No la quiero ver!!! —exclama Viviana, estallando en un llanto histérico.

La recién nacida comienza a llorar con fuerza ante el rechazo. En ese preciso instante, los padres de la joven se acercan a la cama, presentándose formalmente ante los médicos como Charo y Raúl. Conmovida por la situación, Charo toma con delicadeza a la bebé entre sus brazos, logrando que la pequeña se tranquilice al instante. Charo contempla el tierno rostro de la niña con una mirada de profundo amor maternal y llama a su esposo para que la observe. Ambos se funden en un mar de ternura al mirar a la criatura. Al ver la estabilidad de la situación, la doctora Alya interviene para recordarles los trámites legales.

—Es una hermosa niña, los felicito. Pero recuerden que Viviana debe presentarse pronto ante el registro civil para asentar los datos de la bebé.
—Ejem... —interviene don Raúl, aclarándose la garganta con firmeza—. Doctora, seremos nosotros, mi esposa y yo, quienes registraremos legalmente a esta bebé. Quedará asentada como hija nuestra ante la ley.
—Pero señor Raúl, ustedes no pueden cometer una ilegalidad de ese tamaño. La verdadera madre biológica es Viviana.
—Tenemos todo el derecho del mundo de asegurar que esta niña crezca en el seno de una verdadera familia que la ame —responde Charo, decidida—. Además, Raúl y yo siempre tuvimos el inmenso deseo de tener otra hija en nuestras vidas, ¿verdad, mi amor?
—¿Y qué nombre han pensado ponerle a la pequeña? —pregunta Alya, resignada ante la situación social de la familia.
—Se llamará Lillwsisa —responde don Raúl con orgullo—. Es un hermoso nombre quechua que significa "flor brillante".
—Vaya... —comenta Cihan, interviniendo—. Admito que es un nombre verdaderamente poco común, pero suena hermoso.

Por un lado, Alya experimenta la satisfacción profesional de haber salvado dos vidas esa tarde; pero por el otro, una pesada culpa moral la invade al convertirse en cómplice silenciosa de aquella enorme mentira familiar. Cihan la abraza y le pide que deje las cosas en paz, argumentando que lo mejor es respetar la dolorosa decisión de los señores Charo y Raúl para proteger el futuro de todos. Mientras tanto, en un rincón de la habitación, Viviana llora amargamente su infortunio, ahogando el dolor de haber sido abandonada por el hombre que la dejó embarazada. Para consolarse, la joven se refugia en los versos de la canción de Pedro Suárez-Vértiz que sigue sonando a la distancia:

"Sé que debí dejar de lado / Que la razón debía ganar / Sé que debí no hacerme caso / Sé que debí volver a amar..."

Esa misma canción es la que Charo y Raúl comienzan a tararear con amor para arrullar a la pequeña Lillwsisa, mientras Viviana derrama lágrimas de frustración al ver a sus propios padres criando a su hija... una niña que, a partir de ese día y ante los ojos del mundo, pasará a ser considerada simplemente como su hermana menor.

Por su parte, a miles de kilómetros de distancia, Marcelo continúa ahogándose en remordimientos por haber sido un cobarde y haber dejado sola y desamparada a Viviana en su peor momento. Para acallar la voz de su conciencia, el hombre busca consuelo entregándose salvajemente a los placeres carnales con cuanta mujer se cruza en su camino.

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🏫 VARIOS AÑOS DESPUÉS... (ÉPOCA ACTUAL)

El destino, caprichoso y circular, decide entrelazar los hilos del pasado y vuelve a poner a la doctora Alya frente a frente con Charo, Raúl y Viviana, coincidiendo de forma increíble a la hora de la salida del colegio.

—¿Doctora Alya? —interviene Charo, abriendo los ojos de par en par—. ¿De verdad es usted la que está parada aquí?
—Hola... Pero qué maravillosa sorpresa encontrarlos en esta ciudad, señora Charo, señor Raúl... Y dime, ¿cómo has estado tú, Viviana? —saluda Alya con calidez.
—Bien... —responde Viviana con timidez, encogiendo los hombros y evitando fijar la mirada.
—Precisamente vine a este colegio a recoger a mi hijo Deniz Cihan. Hoy es su primer día de clases en esta institución. ¿Y qué tal está la preciosa niña? A ver... ¿cómo es que me dijeron que se llamaba?
—Su nombre es Lillwsisa —responden Charo y Raúl al unísono, con una sincronización perfecta.

En ese momento, Charo y Raúl divisan a la distancia a la pequeña Lillwsisa, quien corre emocionada a refugiarse en los brazos de quienes cree que son sus padres. Con una gran sonrisa, la niña Lillwsisa procede a presentarles a su mejor amiga, Noelia, y a su nuevo compañero de clases, Deniz Cihan. Al escuchar el nombre de su madre, el niño corre hacia ella. Alya recibe a su hijo dándole un fuerte abrazo lleno de amor materno.

—Mami —dice el pequeño Deniz Cihan con entusiasmo—, quiero presentarte formalmente a mis dos nuevas y mejores amigas de la escuela: ellas son Lillwsisa y Noelia.

Alya siente que el corazón se le enternece por completo al clavar su mirada en la pequeña Noelia. Con suavidad, le pregunta por el paradero de su mamá. La niña Noelia, con total inocencia, le responde que su madre falleció trágicamente el mismo día en que ella nació. Al escuchar aquellas palabras, una lágrima de profunda tristeza rueda por la mejilla de Alya; su instinto de ginecóloga le confirma de inmediato que esa hermosa niña es la misma bebé que rescató aquella fatídica tarde en la que su paciente Noelia perdió la vida en la sala de operaciones.

—Mami... ¿te sucede algo malo? ¿Por qué estás llorando? —pregunta el pequeño Deniz Cihan, preocupado.
—Snif... No, nada, mi amor —responde Alya, secándose rápidamente las lágrimas con un pañuelo—. Es solo que me da una inmensa emoción ver lo lindas, grandes y hermosas que están estas niñas. Deniz Cihan, déjame decirte que tienes unas amigas excepcionales. ¿Y saben una cosa, niños? Yo tuve la fortuna de ayudar a traer a estas dos preciosas princesas a este mundo.
—¿En serio, mamá? ¡Eso es increíble! —exclama el niño, asombrado.
—Lillwsisa, mi vida —interviene Charo con una risita nerviosa, intentando disimular el secreto ante la otra niña—, ella es la bondadosa doctora que estuvo presente y atendió el parto el día en que naciste, jejeje.

Por su parte, la profesora Ana Lu sale del edificio escolar cargando sus pertenencias cuando, de pronto, siente una presencia mística a su lado. Se trata del espíritu resplandeciente de Noelia madre. Con voz celestial, el fantasma le confiesa a Ana Lu que Alya fue la ginecóloga que atendió su trágico parto... pero le asegura con total paz que ya no le guarda absolutamente ningún tipo de rencor ni resentimiento del pasado. Justo en medio de esa revelación astral, la pequeña Noelia aparece corriendo y tira de la falda de la maestra.

—Profesora Ana Lu... ¿con quién está hablando usted a solas en la entrada? —pregunta la niña, curiosa.
—Ejem... —dice Ana Lu, reaccionando con nerviosismo—. Con nadie, mi amor. Solo son cosas mías, a veces tengo la mala costumbre de pensar en voz alta.

Sin sospechar nada, la pequeña Noelia jala del brazo a Ana Lu para guiarla hacia donde se encuentra Lillwsisa, presentándole con orgullo a sus "padres", Charo y Raúl. Asimismo, el carismático Deniz Cihan aprovecha para presentarle a su elegante madre, la doctora Alya. Tras intercambiar saludos cordiales y palabras de cortesía, la profesora Ana Lu se despide formalmente para retirarse a su hogar. Acto seguido, la doctora Alya toma de la mano a Deniz Cihan y se retira del lugar, dejando atrás a las dos pequeñas amigas.

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🚗 PASIÓN, MENTIRAS Y REVELACIONES FAMILIARES

Mientras tanto, en los alrededores del colegio, José Emilio estaciona su automóvil dispuesto a recoger a su pequeña hija cuando, de la nada, la silueta de Gala Lorena se materializa frente a él. Con movimientos calculados y una actitud sumamente seductora, la mujer se le acerca peligrosamente, intentando llamar su atención. José Emilio, manteniendo la distancia, busca la manera de evadir sus insinuaciones.

—Por favor, Gala Lorena, te ruego que me disculpes pero de verdad tengo muchísima prisa —dice José Emilio, intentando zafarse de su cercanía—. Tengo que recoger a mi hija de sus clases de inmediato.
—¡¡¡Ejem...!!! —exclama Gala Lorena, deteniéndolo con una mirada fría—. ¿Es que acaso todavía no has tenido la oportunidad de escuchar las noticias de última hora en la radio?
—¿Noticias? ¿De qué estás hablando? ¿Qué pasó? —reacciona el hombre, intrigado.
—Las autoridades acaban de hallar el cadáver de una mujer flotando en un canal de la ciudad... y no te imaginas de quién se trata —suelta Gala Lorena con dramatismo.
—¿De quién es el cuerpo, Gala? ¡Habla de una vez por todas! ¿De quién estás hablando?

De pronto, fingiendo una profunda tristeza, Gala Lorena deja escapar un par de lágrimas falsas y se abalanza fuertemente sobre el pecho del hombre, rodeando su cuello con los brazos.

—Se trata de Vanessa Lorena... Vanessa Lorena está muerta, José Emilio —responde Gala entre sollozos fingidos, aprovechando la cercanía para acariciar la espalda del hombre con audacia.
—¿Vanessa Lorena muerta? ¡¡¡No puede ser posible, Dios mío!!! ¡Pero si la vi perfectamente bien hace apenas unos días en el club! Pero... ¿cómo ocurrió? ¿Qué fue lo que pasó con ella?
—Eso es precisamente lo que la policía está investigando en estos momentos, mi amor... —responde la malévola mujer, continuando con sus caricias provocativas sobre el pecho del hombre.

Aturdido por la impactante noticia y vulnerable ante la situación, José Emilio flaquea por un instante y se deja envolver por los sensuales brazos de la calculadora mujer. Gala Lorena le pide con voz susurrante que la abrace con todas sus fuerzas para consolarse. Sin embargo, el hombre recobra la razón de golpe, se separa firmemente de ella y corre a toda velocidad hacia la entrada del colegio para buscar a su hija. Decidida a no perder el terreno ganado, Gala Lorena se apresura a seguirle los pasos y lo acompaña.

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Por otra parte, en el interior de la acogedora casa de Ana Lu, el joven Neville mantiene una seria conversación con Jelly Lorena en la sala de estar.

—Te noto sumamente tensa y alterada esta tarde, Jelly Lorena. ¿Te sucede algo malo? —pregunta Neville, observándola.
—Tenemos que empacar nuestras cosas y marcharnos de este lugar de inmediato, Neville —responde la mujer con tono tajante—. Ya no soporto pasar un minuto más aquí metida, además de que este apartamento nos queda ridículamente chico para los dos.
—No lo sé, Jelly Lorena... Siento que me estás ocultando el verdadero motivo de tu prisa. A ti te pasa algo más.
—¡¡¡Está bien, lo admito!!! ¡Lo que pasa es que ya no tolero los constantes desplantes y maltratos del padre de Ana Lu! —exclama Jelly Lorena, perdiendo los estribos—. Creo que lo mejor es hacerle caso a sus exigencias y largarnos de una buena vez antes de que las cosas empeoren.
—¿Y en dónde se encuentran ellos en este momento?
—Salieron con prisa a comprar unas cosas al supermercado. Este es nuestro momento perfecto, vámonos ya, antes de que Ana Lu regrese del colegio con sus padres.
—Dime la verdad, Jelly Lorena... ¿Acaso todo este drama es porque estás muerta de celos?
—¿Celos? ¿Yo? ¿Celosa de qué o de quién, según tú?
—De ver lo feliz y plena que se encuentra Ana Lu ahora que está rodeada del amor de sus padres.
—Ana Lu es mi mejor amiga de toda la vida, Neville. Yo jamás tendría el menor motivo para sentir celos de su felicidad, métetelo en la cabeza.

En ese preciso instante, la puerta principal se abre de golpe, anunciando la llegada de Lydia y Bob, los padres de Ana Lu, quienes entran cargando las bolsas de las compras. Al entrar a la sala, Bob se detiene en seco y muestra un visible esto de desagrado y sorpresa al perdonar que Jelly Lorena continúa instalada en el apartamento de su hija. Sin pensarlo dos veces, Bob avanza con brusquedad, toma a Jelly Lorena fuertemente del brazo y comienza a arrastrarla hacia la salida. Jelly Lorena se resiste al agarre y comienza a gritar clamando por ayuda; ante el desafío, Bob levanta la mano con intenciones de golpearla para imponer su autoridad. Es en ese momento crucial cuando Lydia interviene con un grito ensordecedor que paraliza a todos en la habitación.

—¡¡¡Detente de una buena vez, Bob!!! ¡¡¡Tú no tienes ningún derecho de sacar a golpes a tu otra hija de esta casa!!! —exclama Lydia con los ojos inyectados en ira.

Un silencio sepulcral cae sobre la sala. Tanto Jelly Lorena como Neville se quedan completamente estupefactos ante las palabras de la mujer.

—Señora Lydia... por favor... ¿se puede saber de qué demonios está hablando usted? —pregunta Jelly Lorena, atónita y con el corazón palpitándole a mil por hora.
—Ejem... —se aclara Lydia, respirando hondo—. Es hora de que sepas la verdad de una vez por todas, Jelly Lorena. Bob, mi esposo, es tu verdadero padre biológico. Eso significa que Ana Lu y tú son medias hermanas de sangre. Tú eres el fruto directo de una infidelidad que mi marido cometió hace años con... ejem... con tu madre.
—Dios mío... Eso lo explica todo... —balbucea Jelly Lorena, uniendo las piezas en su mente—. Eso explica perfectamente el porqué mi madre jamás pudo llevarse bien con usted ni soportaba verla.
—¿Y cómo querías que me portara amablemente con ella si tu madre se acostaba descaradamente con mi esposo a mis espaldas? —exclama Lydia con amargura—. Pero tú eres completamente inocente de los pecados de tus padres, Jelly Lorena, tú no tienes la culpa de nada. Por esa misma razón acepté y permití que mantuvieras esa bonita amistad con mi hija... con tu media hermana.

Jelly Lorena rompe en un llanto incontrolable, completamente confundida por la impactante revelación y amenaza con salir corriendo del lugar para escapar de la situación. Sin embargo, justo en ese dramático segundo, la puerta vuelve a abrirse y Ana Lu ingresa al apartamento, deteniéndose en seco al notar el tenso ambiente que se respira en su hogar.

—¿Pero qué está pasando aquí? ¿Por qué hay tanto misterio? ¿Se puede saber por qué Jelly Lorena está llorando de esa manera tan desconsolada? —pregunta Ana Lu, mirando a todos los presentes.
—Hija... —interviene Lydia, acercándose a ella con solemnidad—. Ha llegado el momento de que tú también conozcas la verdad de nuestra familia.
—¿De qué verdad estás hablando, mamá? Me están asustando.
—Jelly Lorena y tú son medias hermanas de sangre, Ana Lu. Ella también es hija legítima de tu padre —sentencia Lydia sin rodeos.
—¡Eso es una mentira! —grita Bob, desesperado por salvar su relación con su hija preferida—. ¡Hijita, escúchame bien, tú eres mi única y verdadera hija, no le hagas caso!
—¿Es eso verdad, papá? —pregunta Ana Lu, sintiendo que el mundo se le viene abajo mientras las lágrimas comienzan a nublar su vista—. Mírame a los ojos y dime la verdad, por favor... ¿Es verdad que Jelly Lorena es mi media hermana?

Acorralado por las evidencias y la mirada implacable de su esposa, a Bob no le queda más remedio que bajar la cabeza y confesar su antiguo pecado en voz baja. Ana Lu se lleva las manos a la boca, completamente confundida y abrumada por la noticia; sin embargo, guiada por el inmenso cariño que siempre le ha tenido a su compañera, da un paso al frente y abraza fuertemente a su ahora descubierta hermana, fundiéndose ambas en un emotivo llanto.

Mientras tanto, en otro sector de la ciudad, Amber observa con horror la pantalla del televisor de su boutique, donde se detalla la sangrienta noticia del asesinato de Vanessa Lorena, y corre de inmediato a relatarle a Benito cada uno de los escabrosos detalles de lo sucedido.

CONTINUARÁ...

***La canción elegida es "Lo Olvidé" interpretado por Pedro Suárez-Vértiz:

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