CAPITULO 7: AMOR SIN LIMITES (Versión corregida con IA)




CAPITULO 7: AMOR SIN LIMITES (CON AYUDA DE IA)

***Personaje recurrente:

*La chica de los helados (Foto: Lucía Casani, OT 2025):

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🌅 FLASHBACK
La acción nos traslada ocho años atrás. Una hermosa Noelia, notablemente embarazada, se encuentra en la sala de la mansión junto a Magdalena, su joven cuñada, quien está sentada frente al piano ensayando con pasión unos acordes. Noelia contempla el talento de la joven con profundo orgullo.

—Sigue así, cuñadita, vas a ver que vas a llegar muy lejos en el mundo de la música.
—Muchas gracias, Noelia. De verdad aprecio que seas la única que cree en mí en esta casa.
—Más bien, todo este esfuerzo es gracias a tu disciplina y a Dios. A ver, ¿con qué nos vas a deleitar hoy?
—No lo sé... ¿tienes alguna sugerencia en especial?
—¿Por qué no intentas tocar "Total Eclipse of the Heart"?
—Uf... déjame ver... esa es una canción sumamente difícil, Noelia.
—¡Ánimo, yo sé que tú puedes con eso y más! Al fin y al cabo... eres una “bertsolari” del teclado, una auténtica “bertutetsu”.

Al escuchar aquella palabra en euskera que significa "virtuosa", Magdalena sonríe conmovida y, con gran maestría, comienza a ejecutar en el piano las notas de "Total Eclipse of the Heart", aquella desgarradora balada que hiciera famosa Bonnie Tyler en los años 80. Mientras la música inunda el lugar, Noelia se sienta en el sofá para revisar sus mensajes en el celular. De pronto, la pantalla se ilumina con un texto de un número completamente desconocido y sin remitente:

"¿Sabes que tu adorado esposo tiene un romance secreto con una tal Lorena?"

Noelia se queda helada, impactada por la fría revelación. ¿Su esposo, el hombre que juraba amarla con el alma, la estaba engañando con otra? Su corazón se resiste a creerlo; sabe que José Emilio sería incapaz de traicionarla de esa manera. Sin embargo, la angustia y el impacto emocional son tan devastadores que, de repente, comienza a sentir unas punzadas desgarradoras en el vientre. Las complicaciones del embarazo avanzan en segundos. Al verla palidecer, Magdalena deja de tocar el piano de golpe y, presa del pánico, llama a emergencias y a su hermano de inmediato. Los paramédicos irrumpen rápidamente en la mansión y trasladan a Noelia de urgencia al hospital.

Al llegar al centro médico, Noelia es ingresada de inmediato al quirófano debido a la gravedad de su estado. Magdalena aguarda en la sala de emergencias, caminando de un lado a otro, completamente angustiada y ahogada en llanto.

En ese momento, las puertas automáticas se abren y entra corriendo José Emilio, el desesperado esposo de Noelia. Pero no viene solo; a su lado llega Vanessa Lorena. Magdalena corre a refugiarse en los brazos de su hermano.

—¿Qué pasó, hermanita? ¡Dime cómo está Noelia! —pregunta José Emilio con la voz quebrada.
—¡Ay, hermano! —solloza Magdalena—. Estaba tocando el piano lo más bien, cuando de pronto Noelia se llevó las manos al vientre y comenzó a gritar de dolor... ¡Tengo mucho miedo, José Emilio! ¡No quiero que le pase nada malo a ella ni al bebé!
—Tranquila, todo va a salir bien, ya verás. Dios no nos va a desamparar.

José Emilio, intentando mantener la fuerza, le planta un tierno beso en la frente a su bella hermanita.

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Las horas transcurren lentas y tortuosas. La angustia colectiva consume a José Emilio y a Magdalena en la fría sala de espera. Tras lo que parece una eternidad, el médico cirujano sale del quirófano con el rostro desencajado y se encamina hacia ellos. José Emilio se levanta de un salto.

—Doctor, por favor, dígame algo. ¿Cómo está mi esposa?
—Señor Arizmendi... el parto se complicó de una manera terrible. La presión arterial se elevó a niveles críticos y, a pesar de todos nuestros esfuerzos médicos... lamentablemente no pudimos salvarle la vida. Lo siento muchísimo.

El mundo se detiene para los hermanos. Magdalena y José Emilio rompen en un llanto incontrolable. José Emilio deja escapar un quejumbroso y desgarrador grito de dolor que resuena por todo el pasillo del hospital:

—¡¡¡NOOOOO!!! ¡¡¡NOELIA, MI AMOR, NOOO!!!

Ambos hermanos se abrazan con el alma rota. El doctor, conmovido, aclara con suavidad:

—Sin embargo, logramos realizar una cesárea de emergencia y pudimos salvar a la bebé. Felicitaciones, señor Arizmendi... es usted el padre de una preciosa y saludable niña.
—¡¡¡No me importa nada más!!! ¡¡¡Quiero ver a mi esposa! ¡¡¡Déjenme pasar a verla!!!

Los enfermeros intentan detenerlo aplicando los protocolos, pero José Emilio, cegado por la desesperación y desoyendo los ruegos del personal, empuja las puertas y corre por los pasillos. Magdalena va pisándole los talones. Al entrar a la fría habitación, el hombre se topa con el cadáver de su hermosa esposa tendida sobre la camilla... inerte, pálida, sin vida. Una lágrima solitaria resbala por la mejilla de José Emilio, quien se abalanza sobre el cuerpo y abraza el cadáver con todas sus fuerzas, intentando transmitirle su calor para reanimarla. Pero es inútil; el destino final está sellado.

—No te vayas... Noelia, mi vida, por favor no te vayas... no me dejes solo en este mundo —suplica José Emilio, destrozado.

A escasos metros de la camilla, flotando en el umbral de lo inexplicable, el recién liberado espíritu de Noelia contempla con profunda impotencia y dolor el sufrimiento de su marido y de su cuñada. Finalmente, los guardias de seguridad logran apartar a José Emilio y a Magdalena, llevándolos de regreso a la sala médica, donde al borde de un colapso nervioso, los médicos se ven obligados a aplicarle un fuerte sedante al viudo.

A partir de ese fatídico día, la vida de los Arizmendi cambió para siempre. José Emilio buscó incansablemente respuestas sobre la negligencia o las causas exactas de la muerte de su esposa, exigiendo explicaciones al hospital, pero la enorme burocracia médica sepultó la verdad; ni siquiera el haber contratado al mejor abogado de Miami logró esclarecer los hechos. Con el paso del tiempo, una profunda tristeza se instaló en el hogar: Magdalena, con el corazón roto, se negó rotundamente a volver a tocar una sola nota en el piano, argumentando que la música ya no tenía ningún sentido sin la presencia de Noelia.

La amargura y la falta de esperanza transformaron a la joven Magdalena en una crítica despiadada de la sociedad, la política y el gobierno, volcando su frustración en el internet. Por su parte, Vanessa Lorena aprovechó la tragedia para mantenerse cerca, intentando consolar a José Emilio, quien volcó cada gramo de sus fuerzas en criar a su pequeña hija recién nacida, a la cual bautizó como Noelia en honor al gran amor de su vida.

Mientras tanto, vagando invisible por las esquinas de la mansión, el espíritu de la difunta Noelia observaba el dolor de su familia. El fantasma dedujo de inmediato que la "Lorena" del mensaje debía ser Vanessa Lorena, pero una gran incógnita atormentaba su alma inmortal: ¿quién había enviado realmente ese destructivo mensaje de texto? Ver a su pequeña hija crecer año tras año sin poder acariciarla, abrazarla o arrullarla era su mayor tormento.

Magdalena se convirtió oficialmente en una hater profesional en las redes sociales, criticando con rabia desde el clima hasta a los artistas del momento como Karol G. Sin embargo, tras largos años de soledad y de vagar sin rumbo entre el mundo de los vivos y los muertos, el espíritu de Noelia finalmente encontró una luz de esperanza al cruzarse en el camino de Ana Lu... una mujer con el don extraordinario de verla y escucharla. Ana Lu podría ser, finalmente, la clave para descubrir la verdad.

🔚 FIN DEL FLASHBACK

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Esa misma noche, en la intimidad de la sala, el espíritu de Noelia continúa su profunda plática con Ana Lu.

—Entonces... ¿me estás diciendo que jamás supiste la identidad de la persona que mandó ese mensaje de texto? —pregunta Ana Lu, consternada.
—Jamás lo descubrí —suspira el espíritu de Noelia—. Mi principal sospechosa siempre ha sido Vanessa. Después de todo, ella siempre estuvo obsesionada con mi marido y su segundo nombre es Lorena. Pero pongo las manos al fuego por José Emilio; él era incapaz de engañarme.
—Se nota a leguas que José Emilio te amaba con locura, Noelia.
—Por eso mismo, Ana Lu... esa Vanessa Lorena es una mujer perversa y calculadora. No puedes permitir que se quede con mi familia. Tienes que acercarte a mi marido y convertirte en la madre que mi pequeña Noelia tanto necesita.
—Noelia es una niña maravillosa e inteligente, pero ella ya tiene una madre... y esa eres tú.
—Pero yo ya pertenezco al mundo de las sombras, Ana Lu; ya no puedo estar físicamente para ella. En cambio, tú tienes la dulzura y el amor maternal que yo no pude darle en la Tierra.
—Es una locura lo que me estás pidiendo, Noelia. Lo siento, pero es imposible.
—Dime la verdad, Ana Lu... ¿acaso no te gusta mi esposo?

Ana Lu guarda silencio de inmediato. Siente que las mejillas se le encienden y deja escapar un hondo suspiro al evocar el rostro de José Emilio en su mente.

—Ejem... bueno —titubea Ana Lu—, el señor José Emilio es únicamente el padre de una de mis alumnas del colegio, Noelia. No debo mezclar las cosas.
—Vamos, Ana Lu, eres una mujer excepcional. Estoy completamente segura de que José Emilio siente una fuerte atracción por ti también. Harían una pareja verdaderamente hermosa.
—No, de verdad... es imposible lo que me pides. No insistas, por favor.

En ese preciso instante, Jelly Lorena entra a la habitación y se detiene al notar que Ana Lu se encuentra hablando sola mirando hacia la nada. Ana Lu disimula rápidamente el gesto al ver a su amiga.

—Oye, Ana Lu... ¿otra vez estás hablando sola con el espíritu ese? —pregunta Jelly, cruzándose de brazos.
—Se llama Noelia, Jelly. Y bueno... sí, aquí está. Me está pidiendo algo una locura: que intente conquistar a su viudo, el papá de mi alumna.
—¿El hombre guapo del que me platicaste el otro día? Pues mira, si el tipo está soltero y es viudo, yo no le veo ningún impedimento legal ni moral, amiga.
—Por favor, Jelly, eso es un imposible. Mejor cambiemos de tema, ¿en dónde dejaste a Neville?
—Se quedó profundamente dormido en la habitación, como un lirón.
—Lo amas muchísimo, ¿verdad?
—Lo adoro con cada fibra de mi alma, Ana Lu. Es el hombre de mi vida.
—Me alegra tanto ver y saber que eres feliz, Jelly.
—Gracias, amiga. Oye, por cierto, ¿cómo están tus padres?
—Están muy bien, gracias por preguntar. De hecho, ya están planeando su viaje a Miami para venir a pasar con nosotros el Día de Acción de Gracias, Thanksgiving.
—¡Qué gran noticia! Les mandas mis más cariñosos saludos cuando hables con ellos, son unas personas adorables.
—Se los daré de tu parte, descuida. Bueno... ¿nos vamos a dormir ya?

Ana Lu y Jelly Lorena apagan las luces de la sala y se dirigen a sus respectivas habitaciones a descansar.

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Al día siguiente, durante la hora del almuerzo en la cafetería de la escuela, Ana Lu se sienta a comer en una mesa junto al profesor Finn. Sin embargo, el docente ni siquiera presta atención a su comida; se la pasa suspirando e hipnotizado mirando hacia la barra, donde la directora Halsey camina luciendo una atrevida y ceñida minifalda que se roba las miradas de todo el personal masculino.

—Buenos días, Jack. ¿Cómo estás? —saluda Ana Lu, acomodando su bandeja.
—¿Ah? —reacciona Jack Finn, saliendo del trance—. Lo siento... ¿me estabas hablando a mí, Ana Lu?
—Te he estado observando, Jack. Tienes los ojos clavados en la directora Halsey.
—Oh... bueno, es que es una mujer espectacularmente guapa, ¿no crees?
—Coincido contigo, la directora es sumamente atractiva y distinguida.

En ese momento, el profesor Erwin Sear se une a la mesa trayendo su almuerzo.

—Lo que pasa, Miss Smith, es que aquí mi amigo Jack vive locamente enamorado en secreto de la jefa —bromea el profesor Sear.
—¡¡¡Bah, mentira!!! —exclama Jack, poniéndose colorado—. ¡Admito que es una mujer muy atractiva, pero yo jamás me fijaría en una superiora! Más bien, Erwin, me parece que el que está muriéndose por ella eres tú.
—¿Yo? ¡¡¡Por favor, ya quisieras!!! —replica Erwin Sear entre risas.

Las risas se cortan cuando la guapísima directora Halsey se acerca a la mesa balanceando sus caderas y saluda al grupo con un sensual: "Hello, guys... and girls."

Ana Lu responde al saludo de manera muy educada y discreta, mientras que Erwin y Jack se quedan mudos, dejando escapar un suspiro colectivo por la espectacular jefa. Miss Halsey les regala un pícaro guiño de ojo a los dos profesores antes de tomar asiento de forma muy sugerente. Como queriendo romper el hielo, la directora les comenta, hablando en inglés, que esa misma noche su sobrina se presentará en un club local.

—My niece will sing tonight!!! And you are invited to her concert!!!

Ana Lu la mira con curiosidad. Jack Finn toma la palabra para explicarle a Ana Lu los detalles sobre la misteriosa sobrina de la jefa, relatando que la joven formaba parte de una prestigiosa academia de música en Barcelona, España, donde compartía clases con un grupo de talentosos chicos: Cristina, Teyou, Olivia, Crespo, Tinho, los dos Guilles... y Magdalena Arizmendi, quien se encargaba de acompañarlos magistralmente en el piano.

—¿Magdalena Arizmendi? —reacciona Ana Lu, sumamente sorprendida al escuchar el nombre de la tía de su alumna.
—Así es, la misma —asiente Jack—. Magdalena es una pianista verdaderamente excepcional, de las mejores que he escuchado.

Erwin decide cambiar de tema y le pregunta a Jack, en inglés, si finalmente ha decidido ampliar sus horizontes musicales en sus clases. Jack sonríe y reconoce que el tiempo lo ha cambiado y que ahora es mucho más tolerante con todo tipo de géneros. Erwin se suelta a reír, recordándole las épocas de juventud en las que Jack casi se iba a los golpes con la gente en internet por defender el rock y atacar el pop facilón de Hannah Montana, Justin Bieber o los Jonas Brothers.

—I have changed. He cambiado, de verdad —asegura Finn—. Ahora acepto y tolero cualquier ritmo musical.
—Oh, sí, claro... —bromea Erwin—. Ahora resulta que te encanta Karol G, jejeje.

Jack Finn se pone rojo de la vergüenza ante la burla de su colega.

—Bueno, bueno... admito que el último disco de Bad Bunny tiene cosas interesantes. Si le quitas la voz de fondo, la producción musical es bastante buena... jejeje —reconoce Finn, defendiéndose.

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Mientras tanto, en un concurrido centro comercial de Miami, Viviana camina distraída mirando los escaparates de las tiendas cuando, de pronto, se topa de frente con Marcelo. Las miradas de ambos se clavan fijamente, inundadas de una tensión evidente, hasta que Marcelo decide romper el hielo con una sonrisa.

—Hola, Viviana. Qué agradable sorpresa. ¿Cómo estás?
—Marcelo... hola. La verdad me tomas completamente por sorpresa... jejeje. ¿Qué estás haciendo por aquí?
—Estaba dando una vuelta para despejar la mente y me alegra muchísimo haberte encontrado. Oye... ¿no deberías estar trabajando a esta hora?
—Hago trabajo remoto desde la casa, pero decidí tomarme un pequeño descanso para caminar por el centro comercial, ya que hoy hay unas ofertas fantásticas en las tiendas. ¿Y tú? ¿No trabajas?
—Igual que tú, hago mis labores desde casa y vine a estirar las piernas un rato.
—Bueno, en unas horas me toca ir al colegio a recoger a mi hermanita.
—¿Cómo está la pequeña Lliwsisa?
—Muy bien, gracias. Es una niña sumamente inteligente y despierta.
—Me alegra mucho saberlo. Oye, Viviana... me estaba acordando de algo. Cuando nos conocimos hace años, me comentaste que tu madre había tenido un parto extremadamente complicado y que los médicos le aseguraron que jamás podría volver a tener hijos.
—Pues... sí, es la verdad. A mi mamá le dijeron textualmente que era médicamente imposible que tuviera más familia. Pero ya ves... Lliwsisa llegó a este mundo por un verdadero milagro de Dios.
—Ya veo. Pero dime... ¿qué ha sido de la vida de tus padres? ¿Cómo están?
—Están muy bien, gracias. Siguen viviendo felices y siempre juntos.
—Son unas excelentes personas. Me imagino que deben extrañar muchísimo a sus dos hijas. Aunque... siempre me ha llamado la atención que la niña viva permanentemente aquí contigo en Miami y no con sus padres.
—¡¡¡Ejem!!! —exclama Viviana, poniéndose repentinamente pálida y muy nerviosa—. Se me hace tarde y tengo que ir ya mismo a recoger a mi hermana. Con permiso, Marcelo.
—Te acompaño al estacionamiento —ofrece Marcelo—. Me gustaría saludar a la niña.
—No, de ninguna manera. Prefiero ir completamente sola. Con permiso.

Viviana da la vuelta de forma tajante y se retira a toda prisa de la presencia del hombre, dejándolo muy confundido.

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Por su parte, en otro pasillo del enorme centro comercial, Sofía camina cargando varias bolsas de ropa de marcas exclusivas, cuando repentinamente Rigo le sale al encuentro, cortándole el paso.

—Hola, Sofía. Qué milagro. Mira qué coincidencia volver a encontrarnos por aquí —dice Rigo con una sonrisa coqueta.
—Hola... Rigo, ¿no? —responde ella con evidente fastidio.
—Oye, Sofía, he estado revisando muy de cerca tus redes sociales y noto que te fascina aparentar y vivir una vida de millonaria en internet... cuando todos sabemos muy bien que la realidad de tu día a día es otra muy diferente.
—¿Se puede saber por qué demonios estás espiando mis redes sociales?
—Por favor, Sofía, solo quiero que me des una oportunidad para salir. Veo que compraste mucha ropa fina, ¿eh?
—¡¡¡Eso es algo que a usted no le incumbe en lo absoluto! ¡Así que déjeme en paz de una buena vez!!!

Desde el pasillo central, Marcelo observa la escena y nota la insistencia del sujeto y cómo Sofía intenta esquivarlo visiblemente incómoda. Decidido a intervenir, Marcelo camina con paso firme y se interpone entre ambos, deteniendo a Rigo con el brazo.

—Oye, amigo... deja en paz a la señorita de una vez —sentencia Marcelo con voz autoritaria.
—Okey, okey, yo no le estaba haciendo nada malo ni le estaba faltando al respeto —se defiende Rigo, levantando las manos—. Bueno, con permiso, ya me voy.
—¿Te encuentras bien? —pregunta Marcelo, girándose hacia Sofía con amabilidad.
—Sí, muchísimas gracias. Ese hombre es un pesado que se la pasa acosándome a cada rato en todas partes.
—Deberías considerar ponerle una denuncia por acoso.
—¿Para qué gastar tiempo en eso? La verdad... en el fondo me divierte un poco ver el esfuerzo que hace... es taaan... patético y divertido a la vez —sonríe ella de forma coqueta—. Oye... tú eres Marcelo, ¿verdad? ¿Qué planes tienes para hacer esta noche?
—Pues... la verdad no tengo ningún compromiso. ¿Por qué lo preguntas?
—Quería invitarte a salir a un club que acaban de inaugurar aquí cerca. Tocan una música latina buenísima, quizás te guste.
—¿Acaso esto es una cita, Sofía? —sonríe él, halagado—. Pues acepto encantado.

Sofía y Marcelo se clavan una mirada intensa y coqueta en los ojos. A los lejos, ocultándose detrás de una columna, Viviana contempla la escena y siente que la sangre le hierve de los puros celos al ver a Marcelo sonriéndole a otra chica. Sin embargo, tragándose el orgullo, decide no hacer un escándalo, da la vuelta y se encamina a su auto para recoger a su hermana a la salida del colegio. No muy lejos de ahí, Rigo observa con impotencia cómo Sofía se derrite por Marcelo y, maldiciendo su suerte entre dientes, se retira furioso del lugar.

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En otra zona del centro comercial, específicamente en una colorida heladería gourmet, Fer se encuentra trabajando detrás de la barra junto a su compañera: una chica delgada, de sonrisa sumamente risueña y cabello claro. En ese momento, Rigo se acerca a la barra arrastrando los pies y con el ánimo por los suelos. La rubia se le acerca de inmediato con dulzura.

—Can I help you? ¿Puedo ayudarte en algo, guapo? —pregunta la joven con una hermosa sonrisa.
—No creo que nadie en este mundo pueda ayudarme a mí en este momento, señorita. Lo siento —responde Rigo, deprimido.
—Bueno, quizás un buen helado gigante sea justo lo que necesitas. Te aseguro que te va a endulzar el alma por completo. ¿Qué dices, te animas? —insiste la chica con picardía—. No te preocupes por el dinero, este va por cuenta de la casa.

La joven le lanza un coqueto guiño de ojo a Rigo. Al ver el gesto de la guapa rubia, Rigo se relaja y le cambia el semblante.

—Ejem... —interviene Fer, aclarándose la garganta con seriedad desde la caja—. Si el caballero desea consumir un helado de la tienda, las reglas dicen que debe pagarlo como todo el mundo.
—Tiene toda la razón la muchacha, los negocios son los negocios —asiente Rigo, sacando su billetera—. Acepto el helado entonces... que sea de ron con pasas, por favor... y sí, voy a pagarlo completo.

Fer rueda los ojos, le sirve un cono generoso de helado de ron con pasas y se lo entrega a Rigo, quien paga la cuenta en la caja.

—Oye, guapo —le dice la chica rubia, apoyando los codos en el mostrador—. Aprovecho para contarte que esta noche voy a dar un concierto en un club de la zona y estás cordialmente invitado a verme.
—Vaya... ¿así que eres artista?
—Así es —sonríe ella con orgullo—. Soy cantante. Me fascina interpretar esas baladas desgarradoras y románticas del ayer. Soy de las que piensa firmemente que la música de antes tenía mucha más alma que las porquerías de ahora.
—¡Yo opino exactamente lo mismo que tú! —coincide Rigo, saboreando feliz su helado.

En ese preciso instante, Magdalena entra a la heladería para buscar a su amiga. Al verla llegar, Rigo la reconoce de inmediato.

—¡Ey! Yo a ti te conozco —dice Rigo, señalándola—. Tú eres la chica seria del otro día, a la que le fui a hacer un trabajo de reparación en su departamento.
—La verdad, no lo recuerdo en absoluto. Lo siento —responde Magdalena con su habitual frialdad.
—¡Hola, Magda! —interviene la chica rubia—. Qué bueno que llegas. Le estaba contando aquí al caballero que esta noche voy a dar un concierto acústico con algunos de los chicos de la banda. Vamos a revivir esas grandes canciones del ayer. ¿Te acuerdas de "Amor de verano"? La tenemos en el repertorio. Tienes que ir.
—No lo sé, Lorena... La verdad no creo que sea una buena idea que yo vaya —responde Magdalena, esquivando la mirada.
—Oye, Magdalena, por favor —interviene Fer, quitándose el delantal—. Yo creo firmemente que deberíamos ir a apoyar a tu amiga. Además, te aseguro que te va a hacer mucho mejor salir a distraerte que quedarte encerrada en tu habitación derramando amargura y criticando la situación política y social del mundo en tu podcast, ¿no crees?
—¿Ves, Magda? —sonríe la cantante rubia—. Fer está totalmente de acuerdo conmigo. Además, tengo un gran problema: mi pianista titular se enfermó de la panza a última hora. Quizás... tú quieras hacerme el gran favor de suplirlo en el teclado.
—Hace muchísimos años que no toco una sola nota en público, Lorena. Lo siento, pero no —sentencia Magdalena de forma tajante.
—Ejem... pues yo sí pienso ir a verte cantar, preciosa —interviene Rigo, guiñándole el ojo a la rubia mientras disfruta de su cono.
—¡Qué excelente! Nos alegra muchísimo contar contigo —responde la cantante con entusiasmo.

Minutos más tarde, Magdalena mira su reloj y pide permiso para retirarse, alegando que ya es la hora de ir a recoger a su pequeña sobrina Noelia a la salida del colegio, despidiéndose de Fer y de su amiga. Flotando a su lado, el espíritu de Noelia la contempla con infinita tristeza y decide seguirla de cerca en su trayecto.

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En la entrada principal de la escuela, Magdalena aguarda pacientemente a que su sobrina cruce las puertas cuando, de repente, se encuentra de frente con Ana Lu y el profesor Jack Finn.

—¡Vaya, vaya! —exclama el profesor Finn con entusiasmo—. Qué magnífica sorpresa encontrarse aquí a una auténtica virtuosa del piano. Dime, Magdalena... ¿ya te enteraste de que la sobrina de Miss Halsey va a dar un concierto espectacular esta noche?
—Sí, de hecho lo sé —responde Magdalena con timidez—. Ella trabaja con Fer en el centro comercial y me invitó personalmente hace unos minutos. Es más... tuvo el atrevimiento de pedirme que subiera a suplir a su pianista enfermo.
—¡Pues yo opino que deberías aceptar e ir de cabeza a ese escenario! —insiste el profesor Finn.
—No lo creo, Jack. Por favor, no insistan más con ese tema.
—Ejem... disculpa que me meta, Magdalena —interviene Ana Lu con suavidad—, pero yo también creo firmemente que deberías darle una oportunidad a tu talento y retomar tu amor por la música.

Magdalena guarda un silencio hermético, cruzándose de brazos. El espíritu de Noelia, posicionado justo al lado de Ana Lu, se inclina y le susurra al oído la palabra clave: “Bertutetsu”. Sin pensarlo dos veces, Ana Lu repite el término en voz alta.

—¿Bertutetsu?

Al escuchar la palabra, Magdalena da un respiro, completamente impactada y con los ojos abiertos de par en par.

—Oye... ¿qué... qué acabas de decir? —pregunta con la voz temblorosa.
—Dije... Bertutetsu... ¿Acaso sabes qué significa eso, Magdalena?
—Esa... esa es una palabra íntima en euskera que me decía textualmente Noelia, mi difunta cuñada, cada vez que yo me ponía nerviosa antes de tocar el piano... ¿Cómo demonios puedes saber tú esa palabra, Ana Lu?

Ana Lu se queda muda, sin saber cómo explicarle que el fantasma de su cuñada está parado al lado de ellas dictándole los secretos.

—Ejem... bueno —interviene Jack rápidamente para salvar la situación—, lo que pasa es que Ana Lu sabe perfectamente que eres una virtuosa nata y se muere de ganas de verte en el concierto. ¿Qué dices, nos acompañas?
—¿Un concierto? —interviene la pequeña Noelia, apareciendo de la nada con su mochila—. ¿De qué concierto están hablando, tía Magda?
—Hola, pequeña Noelia —la saluda Jack con una sonrisa—. Una gran amiga de tu tía va a dar un concierto musical esta noche y estamos intentando convencerla de que nos acompañe a divertirse.
—¡Tienes que ir, tía Magda! —suplica la niña Noelia, abrazándola de la cintura—. ¡Por favor ve, te vas a divertir muchísimo y ya no vas a estar tan aburrida en la casa!

Magdalena contempla con una ternura infinita el rostro de su pequeña sobrina y, sintiendo que las barreras de su amargura se derrumban, da un hondo suspiro y decide aceptar.

—Está bien... iré al concierto.

Jack, Ana Lu y el invisible espíritu de Noelia celebran la victoria con una enorme sonrisa cómplice.

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Esa misma noche, la atmósfera del club nocturno está llena de luces y energía. Magdalena y Fer ingresan al local y son recibidas en la entrada por el DJ Ángel, quien de inmediato se muestra sumamente atento y coqueto al ver llegar a Fer.

—Hola, Fer, qué hermosa te ves. Qué gran alegría que hayas venido... y veo que trajiste a una excelente compañía.
—Hola, Ángel —sonríe Fer—. Quiero presentarte formalmente a mi gran amiga, Magdalena Arizmendi.

Ángel saluda a Magdalena de manera muy caballerosa y galante, pero ella se limita a asentir con la cabeza, mostrándose completamente indiferente ante sus encantos. En ese preciso momento, Sofía ingresa al local del brazo de Marcelo, acercándose a saludar al grupo. Al ver entrar a Sofía, los ojos del DJ Ángel casi se salen de sus órbitas, completamente fascinado por la impactante belleza de la joven colombiana.

—Vaya... es un auténtico placer recibirte en mi club, hermosa jovencita —dice el DJ Ángel, ignorando por completo a Fer—. ¿Se puede saber de dónde viene tanta belleza?
—Muchas gracias, soy de Cali, Colombia —responde Sofía con un tono sumamente coqueto y una sonrisa matadora.
—¿Caleña? ¡Con muchísima razón eres una mujer tan espectacular! —exclama el DJ Ángel, acomodándose los auriculares—. Justo tengo la melodía perfecta y adecuada guardada en mi repertorio para una reina como tú.

Ángel hace una rápida transición en la consola y los potentes parlantes del club comienzan a emitir las notas de "Algo que se quede", la exitosa y pegajosa salsa del Grupo Niche de Colombia:

"Déjame entrar en tu jardín / Dame la llave de tu Sol / Quiero mostrarte los colores del amor / Quiero que sientas cómo es llegar al cielo..."

Marcelo toma con delicadeza la mano de Sofía y la guía con paso firme hacia el centro de la pista de baile. Sofía causa un revuelo inmediato entre los presentes, deleitando a propios y extraños con sus movimientos sensuales y profesionales de hombros y caderas al compás de la salsa. Cerca de la barra, Rigo hace su ingreso al local y, al divisar a Sofía bailando de lo más feliz y apretada con otro hombre, el rostro se le desencaja por completo de la frustración. Aprovechando el momento, Fer se le acerca por detrás y lo toma de la mano para sacarlo a bailar; Rigo, queriendo ahogar sus celos, acepta de buena gana y se adentran en la pista. En otra esquina, Gerardo y Amber también disfrutan de la noche moviéndose alegremente al ritmo de la música.

Por su parte, Magdalena toma asiento en una mesa apartada, limitándose a observar con nostalgia a las parejas que disfrutan en la pista. Es en ese instante cuando Ana Lu hace su entrada al club acompañada por los profesores Erwin y Jack, junto a la distinguida directora Halsey. Para sorpresa de todos, la llegada del grupo coincide exactamente con la entrada de José Emilio, quien viene acompañado del brazo de Vanessa Lorena. Al verla, José Emilio se separa un poco y se acerca de inmediato a saludar a la maestra. Ana Lu siente que el corazón se le acelera por los nervios.

—Hola, Ana Lu. Qué maravillosa sorpresa encontrarte por aquí esta noche. ¿Sueles venir muy seguido a este club? —pregunta José Emilio con una mirada brillante.
—Hola, José Emilio. No, la verdad es que vine por una invitación especial junto a mis compañeros de trabajo —responde ella, regalándole una mirada coqueta.
—Ejem... —interviene Erwin Sear, quien se ha quedado petrificado mirando fijamente a la mujer que acompaña a José Emilio—. ¿Vanessa... Vanessa Lorena? ¿De verdad eres tú?
—Perdone usted, caballero, pero me parece que me está confundiendo con otra persona —responde Vanessa Lorena con voz gélida, fingiendo demencia absoluta y girando la cara para ignorar por completo el evidente pasado que comparte con Erwin.

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De repente, las luces principales del club se apagan por completo, dejando únicamente operativos los reflectores del escenario principal. Entre aplausos, la carismática cantante de la heladería hace su entrada triunfal al escenario sosteniendo el micrófono. En la mesa principal, Miss Halsey aplaude eufórica al ver a su bella sobrina lista para el espectáculo.

—Muy buenas noches a todos. Yo soy la cantante de la noche, vengo directamente de Valencia, España, y de todo corazón espero que disfruten muchísimo de este concierto acústico. Pero antes de comenzar con la primera canción, quiero pedir un fuerte aplauso para invitar a subir aquí conmigo en el escenario a una concertista de piano verdaderamente excepcional: ¡Magdalena Arizmendi!

El público estalla en aplausos. Magdalena se pone sumamente nerviosa en su asiento y niega con la cabeza, alegando en voz baja que está completamente fuera de práctica y que no puede hacerlo.

—Vamos, hermanita, por favor —le suplica José Emilio, tomándola del hombro con cariño—. Anda, sube a ese escenario y demuéstrales a todos lo que vales. Toca una pieza para nosotros, hazlo por mí.
—Está bien... lo haré por ti, hermano. Con permiso.

Armándose de un valor que creía perdido, Magdalena camina con elegancia hacia el escenario y toma asiento frente al imponente piano de cola. El público la ovaciona con entusiasmo.

—Daremos inicio a esta velada con un hermoso y desgarrador tema de Mon Laferte —anuncia la cantante rubia por el micrófono.

Magdalena respira hondo, coloca sus manos sobre las teclas y comienza a ejecutar los acordes perfectos de “Tu falta de querer”. La potente y educada voz de la española se une al piano en una interpretación magistral:

"Ven y cuéntame la verdad / Ten piedad / Y dime por qué, no, no-no, oh / ¿Cómo fue que me dejaste de amar? / Yo aún podía soportar / Tu tanta falta de querer..."

La combinación del piano de Magdalena y la desgarradora interpretación de la joven conmueven a todos los presentes en el club, quienes al finalizar la canción estallan en una ovación de pie. Miss Halsey, al borde de las lágrimas y llena de orgullo, grita eufórica a sus colegas de mesa:

—¡She's my niece! ¡Es mi sobrina!

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Aprovechando la conmoción y los aplausos del espectáculo, Vanessa Lorena se pone de pie y pide permiso para ir discretamente al tocador de damas. Sin embargo, al adentrarse en el pasillo solitario que conduce a los baños, el profesor Erwin Sear le da alcance y la toma suavemente del brazo, acorcolándola contra la pared.

—Vamos, Vanessa Lorena... ya deja de huir de mí de una buena vez. Sé perfectamente que te acuerdas de mí y de todo lo que pasó entre nosotros.
—Le repito que me suelte, señor. Usted está completamente loco y se está confundiendo de mujer —miente ella con la respiración agitada.

Incapaz de contener el deseo y los recuerdos por más tiempo, Erwin actúa de forma impulsiva, se inclina y le planta un apasionado beso directo en la boca a Vanessa Lorena. Vanessa intenta resistirse el primer segundo pero, traicionada por sus propios impulsos, cede por completo, rodea el cuello del profesor con sus brazos y ambos terminan fundiéndose en un beso salvaje, apasionado y lleno de un oscuro pasado.

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Mientras tanto, en el área del escenario, Miss Halsey se acerca a la tarima hablando en un fluido e impecable inglés para felicitar efusivamente a su hermosa sobrina.

—Vamos, tía, por favor ya deja el teatro. Sé perfectamente que hablas un castellano perfecto —le dice la joven cantante entre risas, bajando el micrófono.
—Disculpa, sobrina, pero sabes muy bien que en el entorno escolar prefiero mantener las distancias y que mi personal me hable estrictamente en inglés —responde la guapa directora, hablando ahora en un perfecto y pulido castellano con total naturalidad.

En ese momento, José Emilio se acerca al escenario junto a Ana Lu para felicitar a su hermana, quien viene bajando de la tarima notablemente conmovida.

—Estuviste verdaderamente fenomenal, hermanita. Muchas felicidades, me hiciste el hombre más orgulloso —dice José Emilio, dándole un fuerte abrazo.
—Muchísimas gracias, de verdad... y eso que pensaba que se me había olvidado cómo usar los dedos, jejeje —sonríe Magdalena, con los ojos brillando de la emoción.
—Felicidades, Magdalena. Tocaste con el corazón, estuvo hermoso —añade Ana Lu con sinceridad.
—Gracias por insistir, Ana Lu. Te lo agradezco de verdad.
—Ejem... —interviene la joven cantante rubia, acercándose al grupo con una mirada sumamente coqueta clavada en el viudo—. Oye, Magdalena... no me habías contado que tenías un hermano tan terriblemente guapo.
—Cantas de forma espectacular, señorita. Una voz hermosa —responde José Emilio, un tanto sonrojado por el cumplido—. Disculpa la indiscreción... ¿pero cuál es tu nombre?

La bella cantante española arquea una ceja, le lanza una mirada cargada de picardía y misterio a José Emilio, y responde con voz sugerente:

—Mi nombre es... Lorena.

CONTINUARÁ...

***La canción elegida es "Tu falta de querer" interpretada por Lucía Casani:

Comentarios

  1. Buenas. Aqui leyendo. Superidea OT en Amor sin Límites

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    1. Gracias por el comentario. A mi me gusta referenciar los programas que veo en el momento en mis foronovelas. Me encantó esa interpretación de Lucía Casani y por eso, quise incorporarlo en la foronovela. :)

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