CAPITULO 1: AMOR SIN LIMITES (Versión corregida con IA)



CAPÍTULO 1: AMOR SIN LÍMITES (* CON AYUDA DE IA *)

¡¡¡¡RRRRIIIIIIIIIINNNNNNNGGGGG!!!!

Suena la alarma del despertador. Ana Lu, una bellísima muchacha, se despierta y se prepara para su primer día de trabajo. De fondo se escucha "Stuck with You", un clásico ochentero interpretado por Huey Lewis and the News. Ana Lu contempla con ternura la fotografía de sus padres.

Le da un tierno beso al portarretratos y, de inmediato, entra al baño. Se despoja de sus ropas, abre la llave de la ducha y comienza a bañarse mientras tararea la pegajosa melodía:

"Yes, it's true, (yes it's true) I'm so happy to be stuck with you / 'Cause I can see, (I can see) that you're happy to be stuck with me..."

Al salir, Ana Lu selecciona su ropa, se cambia y se peina de prisa. Va hacia la nevera, saca un cartón de jugo de naranja, se sirve un vaso y se prepara un sándwich. Desayuna a medias, mira su reloj con preocupación y sale a la calle para subirse a su auto.

Justo en ese momento, se encuentra con Sofía, su bellísima vecina.

—Buenos días, Ana Lu —dice Sofía—. ¿Cómo has estado?
—¡Buenos días, Sofía! Conseguí trabajo.
—¿Un trabajo? ¡¡¡Qué bien!!! ¡¡¡Con lo difícil que es conseguir empleo hoy en día!!!
—Bueno, conseguí plaza como profesora sustituta en una escuela primaria. Algo es algo. ¿Y tú, cómo estás?
—Pues, sigo con la limpieza de casas. Si necesitas ayuda con algo, me puedes llamar —dice Sofía, entregándole su tarjeta de presentación.
—¿Estás limpiando casas?
—Sí, es un trabajo digno y da buena paga.
—¿Es verdad que en tu país vivías con muchos lujos? ¿Qué fue lo que pasó?
—Así es. Pero me dejé llevar por el "sueño americano" y me vine para acá. De todos modos, me está gustando mi trabajo; me siento útil y tengo muy buenos clientes. Hay una familia que es muy buena gente, los Arizmendi, ¿los conoces? Él es el dueño de una importante empresa de importación y exportación de materiales de construcción.
—He oído hablar de ellos —dice Ana Lu, cuando de pronto mira su reloj—. ¡Oh, te dejo! Tengo que irme ya. No puedo llegar tarde en mi primer día, ¿verdad?
—Sí, lo entiendo. ¡Anda, ve!

Sofía y Ana Lu se despiden. Ambas suben a sus respectivos autos, encienden los motores y toman rumbos opuestos por las calles de la ciudad.

+++

Un rato después, Sofía decide parar en una cafetería cubana. Al entrar al lugar, espera a que un mesero tome su orden. En ese momento se le acerca Amber, una chica norteamericana que habla un español bastante masticado.

—¡¡¡Hello!!! ¡¡¡Hola!!! ¿Cómo... "estár"...? —exclama Amber de forma efusiva.
—Bien, Amber —sonríe Sofía—. Veo que ya has mejorado tu español... aunque todavía te falta un poquito.
—Yo... ver... mucho "telenovelas" —explica Amber con orgullo.
—La verdad, yo no veo telenovelas —comenta Sofía—. Más bien, ahora estoy enganchada con una serie buenísima en streaming... aunque espero que no se demoren una eternidad en estrenar la segunda temporada.
—A mí no "gustar" series de streaming —replica Amber, arrugando la nariz—. Demorar mucho tiempo cada temporada.

En ese instante, por los altavoces del local comienza a sonar "Cuando", una nostálgica balada interpretada por Ricardo Arjona. A ambas parece gustarles la melodía de inmediato.

"¿Cuándo? / ¿Cuándo fue la última vez que te quisieron tanto? / ¿Cuándo? / ¿Cuándo te ganó el orgullo y escogiste el llanto?"

—I like this song —dice Amber, moviendo los hombros—. Me gusta very much. ¿Quién... cantar... canción?
—Es una canción antigua, se llama... —responde Sofía, pero una voz masculina la interrumpe.

—El cantante se llama Ricardo Arjona.

Las chicas voltean rápidamente y se topan con un joven muy apuesto. Ambas reaccionan de inmediato con miradas coquetas. El chico se presenta con una sonrisa como Gerardo, el nuevo mesero del restaurante, listo para tomarles la orden. Ambas, un tanto distraídas por su atractivo, piden dos desayunos de huevos revueltos con jamón y café con leche. Mientras esperan, continúan disfrutando la música e intentan sacarle plática al muchacho, pero Gerardo no les da mucha cuerda; está demasiado ocupado atendiendo al resto de los clientes.

+++

Mientras tanto...

Ana Lu llega a la Elementary School, la escuela primaria que atiende a niños de entre 5 y 10 años. Tras preguntar en la entrada, se dirige a la oficina de Miss Halsey, la directora de la institución.

Al llegar a la puerta, toca suavemente. Desde el interior se escucha una enérgica voz que la invita a pasar. En la oficina suena a todo volumen "Build Me Up Buttercup" de la banda The Foundations, y la carismática directora canta alegremente al compás de la melodía:

"Why do you build me up (Build me up) / Buttercup, baby / Just to let me down? (Let me down)..."

Ana Lu se presenta formalmente.

—I'm Ana Lu Smith. The agency sent me as a substitute teacher.
—Good morning, Ms. Smith. I am Principal Halsey. I was expecting you. Sorry about the music. I like this song.
—Don't worry. I like this song, too.
—Really?

La directora la mira con asombro; no puede creer que a una muchacha tan joven le guste la música de la "vieja escuela". Ese pequeño detalle genera una conexión inmediata entre ambas. Miss Halsey, mostrando gran amabilidad, le ofrece una taza de café. Ana Lu acepta y ambas toman asiento.

Como es costumbre entre los residentes de Miami debido a la diversidad cultural, la directora le pregunta por sus raíces.

—Where are you from? —pregunta Miss Halsey.
—Bahamas.

Ana Lu aprovecha para relatar brevemente la romántica historia de sus padres: su padre, un estadounidense originario de Nashville, Tennessee, viajó de vacaciones a las Bahamas y allí se enamoró perdidamente de su madre, una ciudadana colombiana. La Directora escucha conmovida la anécdota.

Luego, le pregunta si sabe hablar español. Ana Lu le explica que su madre se encargó de enseñarle el idioma desde niña.

—Yo también... "hablar... español... poquito". Mom is from Cuba —responde la directora con un marcado acento.

Ambas sonríen con complicidad.

+++

De inmediato, Miss Halsey retoma el hilo profesional y le explica las directrices y reglas estrictas de la escuela. Le aclara de forma tajante que está prohibido cualquier acto de discriminación por raza, sexo o religión. Asimismo, le advierte que todo el personal docente y administrativo se somete a un riguroso control de seguridad, especialmente después del trágico tiroteo ocurrido meses atrás en otra escuela primaria de la zona.

—Yes —dice Ana Lu, con la mirada baja—. I remember that incident. How sad for their families —añade, mientras una lágrima solitaria resbala por su mejilla al recordar el sufrimiento de aquellas víctimas.

La directora asiente con gravedad; bajo su guardia no permitirá que una tragedia similar ocurra. Para aligerar el ambiente, invita a Ana Lu a realizar un recorrido por las instalaciones: los patios, la cafetería, los pasillos repletos de lockers, la biblioteca y el gimnasio.

+++

Finalmente, Ana Lu y Miss Halsey ingresan al salón de tercer grado.

—Good morning, class. Let me introduce our substitute teacher, Miss Ana Lu Smith —anuncia Miss Halsey con voz firme.

Los niños se levantan educadamente de sus asientos para recibir a la directora y a su nueva maestra.

—Good morning, Miss Smith! —exclaman al unísono.

Un tierno niño se acerca al escritorio y le obsequia una manzana a Ana Lu como bienvenida. Ella le sonríe con dulzura y el pequeño regresa feliz a su pupitre.

La directora se retira del aula. Una vez a solas con el grupo, los niños toman asiento y Ana Lu comienza a presentarse. Para romper el hielo, les pide que se levanten uno a uno, digan sus nombres y mencionen su origen étnico.

Poco a poco, los alumnos cumplen con la dinámica. La gran mayoría de los niños son de origen hispano, provenientes de familias de Cuba, Nicaragua, Puerto Rico, Colombia y Venezuela.

Entonces llega el turno de una niña muy risueña, de cabello castaño y piel blanca. Se pone de pie y, con mucha seguridad, habla en inglés:

—Hello, Miss Ana Lu. My name is Noelia, I'm 8 years old. I was born in Miami, but my father is from Spain. ¡¡¡Y hablo español muy bien!!!

Al escucharla hablar en castellano, algunos compañeritos la miran con cierto recelo y desagrado.

—Noelia, that's a beautiful name. Un nombre muy bonito —la defiende la profesora con una sonrisa—. Y hablas un español excelente.
—Noelia es el nombre de mi mamá y también el de una canción antigua —explica la pequeña con orgullo.
—¡¡¡English, english, please, speak english!!! —comienzan a protestar los demás niños en el salón.

Para calmar las aguas y mantener el orden, Ana Lu le hace una pregunta a Noelia en inglés sobre su madre.

—Mom... —la voz de la pequeña se quiebra y contiene un sollozo—. Mom died when I was little.

La niña explica que su madre falleció durante el parto y nunca tuvo la oportunidad de conocerla. La confesión cala hondo en el corazón de Ana Lu. En ese preciso instante, una profunda conexión emocional nace entre la maestra y la alumna. Tras un tierno cruce de miradas, Noelia toma asiento y la dinámica de presentaciones continúa con el resto de la clase.

Minutos después, Ana Lu da inicio a la lección del día. Sin embargo, casi de inmediato vuelven a tocar a la puerta. Se trata de otra docente que viene acompañada de una niña recién transferida desde el Perú.

La pequeña entra al aula y saluda al grupo con timidez:

—Allinllachu.

Ante las miradas confundidas de los niños, Ana Lu sonríe, sabiendo que significa "Hola" en quechua.

—My name is Lliwsisa —continúa la pequeña.

Con voz dulce, la niña peruana explica que su nombre significa "flor brillante" en la lengua de sus ancestros. La profesora Ana Lu insta a los alumnos a darle la bienvenida a su nueva compañera.

—¡Hello! —exclaman todos a coro, aunque a la mayoría se les traba la lengua al intentar memorizar el nombre.
—¿What? —susurra un niño al fondo.

La pequeña peruana es asignada al asiento contiguo al de Noelia. De inmediato, entre Noelia y Lliwsisa surge una química inmediata de amistad.

+++

Mientras tanto, en un moderno y elegante edificio corporativo, se encuentra José Emilio, el exitoso CEO de la empresa de importación y exportación de materiales de construcción. De repente, la puerta de su oficina se abre para dar paso a un viejo y querido amigo.

—¡¡¡Marcelo, amigo mío!!! —exclama José Emilio, poniéndose de pie con entusiasmo—. ¡¡¡Qué milagro volver a verte!!!
—Vine a visitar a mi mejor amigo y, por supuesto, a mi ahijada. ¿Dónde está metida esa princesa? —pregunta Marcelo mientras estrechan un fuerte abrazo.
—Noelia está en la escuela a esta hora. En unas pocas horas iré a recogerla. Pero cuéntame de ti, ¿cómo va todo? ¿Cuándo llegaste a Miami?
—Llegué ayer por la tarde. Ya me tenía harto el frío del norte y quería venir a sentir un poco de calorcito. Por cierto, ¿cómo está tu hermana?
—Magdalena está muy bien. Siempre pregunta por ti.
—La sigo de cerca en sus redes sociales, la verdad es que esa chica tiene muchísimo talento. Por lo que veo, debe encantarle Karol G.
—Al contrario —se ríe José Emilio—, mi hermana detesta su música.
—¡¡¡Qué raro!!! —se extraña Marcelo—. Juraría que le fascina... siempre la menciona en sus videos. Pero bueno, dejando de lado sus gustos, tiene madera para esto; debería probar suerte en la televisión.
—¡Bah! Eso de las redes es solo un hobby. Ella primero tiene que sentar cabeza y pensar en su futuro profesional —sentencia José Emilio—. A propósito, ¿te sirvo algo de tomar?
—Un cafecito me vendría de perlas —asiente Marcelo.

José Emilio presiona el intercomunicador y le pide a su secretaria que traiga dos tazas de café.


—Y tú, cuéntame... ¿cómo te va en los terrenos del amor? —pregunta José Emilio con tono pícaro.
—Pues, te soy sincero, todavía no ha aparecido la mujer indicada —suspira Marcelo.
—¿Y qué pasó con aquella chica colombiana... Viviana?

Al escuchar ese nombre, Marcelo se queda pensativo y deja escapar un hondo suspiro.

—No la he vuelto a ver en ocho años. Me enteré por ahí que se regresó a Perú con sus padres. ¿Y tú? Dime, ¿cómo van las cosas con Vanessa? —pregunta Marcelo, devolviendo la estocada.
—Pues... todo sigue igual. Ella insiste en que nos casemos, pero la verdad es que yo no quiero dar ese paso.
—Aprovéchate, hombre. Un mujerón con ese porte no se encuentra a la vuelta de la esquina.
—No lo sé, Marcelo. Vanessa es una mujer despampanante, pero no la amo. Para serte franco, todavía no he podido superar la muerte de la madre de Noelia. Su ausencia se siente cada día en la casa.
—Te entiendo, hermano. Pero no puedes cerrarte al amor para siempre, no te quedes solo.
—Cambiando de tema —dice José Emilio, mirando su reloj—, ya es hora de ir por Noelia a la escuela. ¿Me acompañas?
—Claro que sí, vamos. Aunque... ¿por qué no mandas al chofer o a alguien del personal a recogerla?
—No, de ninguna manera. Prefiero encargarme de mi hija personalmente. Pasan demasiadas cosas raras allá afuera, sobre todo en los colegios. El día que seas padre me vas a dar la razón.

Ambos amigos toman sus sacos, salen de la oficina corporativa y se encaminan hacia la escuela primaria.

+++

Por su parte, Sofía llega en su auto al exclusivo edificio de los Arizmendi. Al subir al ascensor, se topa con Rigo, el handyman del edificio, quien viste su característico overol de trabajo y un pesado cinturón de herramientas. Al ver entrar a la bellísima Sofía, Rigo no puede evitar lanzar una mirada pícara que recorre sus estilizadas piernas y su esbelta silueta.

—¿Usted también va al penthouse? —pregunta Rigo con tono coqueto—. A mí me llamaron de urgencia por una avería. Soy el técnico.
—Sí, yo voy a hacer las labores de limpieza allá arriba —responde Sofía con amabilidad pero manteniendo su distancia.
—Vaya, vaya... pues déjeme decirle que está usted demasiado guapa para dedicarse a la limpieza. ¿De dónde es ese acento tan bonito?
—Soy de Cali, Colombia.
—¡Oh, una caleñita! Mirá, vé, oís... —intenta Rigo, exagerando y parodiando el acento de esa región.
—Por favor, los caleños no hablamos de esa forma tan exagerada, vé —se burla Sofía, soltando una carcajada.

Rigo se contagia de su risa, encantado con la simpatía de la joven.

En ese momento, las puertas del ascensor se abren en el piso indicado y ambos se dirigen a la entrada principal del penthouse. Tras tocar el timbre, la puerta es abierta por Magdalena, una hermosa muchacha de mirada un tanto melancólica. Sofía la saluda con afecto y Magdalena le devuelve el saludo, para luego indicarle a Rigo el lugar exacto del desperfecto en la cocina. Sofía, por su parte, se encamina a una habitación de servicio para cambiarse de ropa y comenzar sus tareas cotidianas.

+++

Un rato más tarde, el timbre del penthouse vuelve a resonar. Sofía, que se encuentra cerca de la entrada, acude a abrir. Al abrir la puerta se encuentra con Vanessa, quien entra al lugar con una actitud sumamente arrogante y altiva, como si fuera la dueña absoluta del lugar.

—¿Qué haces tú aquí, igualada? —suelta Vanessa, mirándola de arriba abajo con desprecio.
—Pues lo mismo de siempre, señora: vengo a cumplir con mi trabajo —responde Sofía, sosteniéndole la mirada.
—¿Qué es esa forma de responderme? ¡¡¡Más respeto con tus superiores, por favor!!!
—¡Usted no es mi patrona para que me hable así! —exclama Sofía, cansada de sus desplantes.
—¡Ay, por favor! Pero qué insolente y ordinaria salió esta tipa. Ahora mismito voy a exigirle a José Emilio que te ponga de patitas en la calle.

En medio de la tensa discusión, Magdalena aparece en el pasillo, atraída por los gritos.

—¿Se puede saber qué escándalo es este? —pregunta Magdalena, cruzándose de brazos.
—¡Ay, cuñada, qué bueno que llegas! —se queja Vanessa dramáticamente—. ¡Esta muchacha atrevida me ha faltado al respeto! ¡Tienes que correrla inmediatamente de la casa!
—Sofía es una trabajadora excelente y muy eficiente —la defiende Magdalena con frialdad—. A todo esto, Vanessa... ¿a qué viniste?
—Vine a ver a mi hombre, a José Emilio. ¿Dónde está?
—Trabajando, como siempre.
—Pues lo espero aquí adentro.

Vanessa camina con aires de grandeza hacia la sala, se desploma en el sofá y exige un vaso de jugo de naranja. Magdalena, harta de su actitud, le responde con ironía que camine hacia el refrigerador y se lo sirva ella misma.

—Ejem... —interviene Rigo, saliendo de la cocina con una sonrisa galante—. Si me lo permite, yo mismo me ofrezco a servirle el jugo a tan hermosa señorita.
—¿Y tú quién eres? —pregunta Magdalena, completamente atónita por el atrevimiento del técnico.
—Me llamo Rigoberto, señorita Magdalena, pero mis amigos me dicen Rigo. Soy el handyman que vino a solucionar el problema del lavadero.
—Vaya, eres un hombre muy atento y caballeroso —responde Vanessa, lanzándole una mirada provocativa y guiñándole un ojo. Rigo, completamente desarmado ante la sensualidad de Vanessa, se pone colorado y comienza a tartamudear de los nervios.

+++

Mientras tanto, en la escuela primaria, suena el timbre que anuncia la hora de la salida.

José Emilio y Marcelo estacionan el auto y se dirigen a la entrada de la Elementary School, donde una multitud de padres espera ansiosa a que salgan los niños. De repente, mientras observa a la gente, Marcelo se queda helado al reconocer un rostro del pasado.

—¿Viviana? ¿De verdad eres tú? —pregunta Marcelo, con una mezcla de fascinación e incredulidad.

Al escuchar esa voz, Viviana da un respingo y se pone sumamente nerviosa.

—¿Marcelo...? Qué milagro volverte a ver...
—Lo mismo digo. ¿Cuándo regresaste a Miami?
—Hace apenas unos días... Vine a recoger a mi... ejem... a mi hermanita a su primer día de clases.
—¿Una hermana? No sabía que tus padres hubieran tenido otra hija.

Viviana traga saliva con dificultad, visiblemente incómoda y empezando a titubear.

—Sí... ejem... se llama Lliwsisa.
—¿Lli... qué? ¿Qué clase de nombre es ese? —se extraña Marcelo.
—Es un nombre quechua. Significa "flor brillante". La niña nació cuando mis padres y yo nos mudamos al Cuzco. Yo no quería que tuviera un nombre común, así que cuando me sugirieron ese, me encantó. No te imaginas lo hermosa que se veía cuando la tuve por primera vez en mis brazos... tan chiquitita, tan frágil...
—Por la forma en que lo dices, cualquiera pensaría que la diste a luz tú misma.

El comentario hace que Viviana palidezca de la impresión, aterrorizada ante la sola idea de que Marcelo descubra la verdad que oculta.

—Ejem... bueno, sí... es que... ya sabes la emoción que se siente al tener una hermana menor... ¿Me entiendes, no?
—¿Y cómo están tus tíos... tus padres?
—Ellos están muy bien, se quedaron viviendo allá en Perú.
—Mira, antes de que salgan los niños —dice Marcelo, rompiendo la tensión—, quiero presentarte a José Emilio, mi compadre y mejor amigo.
—Mucho gusto, sí te conozco —asiente Viviana, tratando de recuperar la compostura—. He visto tu rostro en varias revistas de negocios. Eres un hombre muy influyente en la ciudad.
—El gusto es mío, gracias por tus palabras —responde José Emilio de manera cortés.

En ese instante, la marea de niños comienza a inundar el patio. La pequeña Lliwsisa corre hacia Viviana. Al ver a la niña de cerca, Marcelo siente una extraña ternura en el pecho, lo que aumenta los nervios de Viviana.

—Ejem... hola, pequeña Lilliwisa... —intenta saludar Marcelo.
—¡¡¡Mi nombre es Lliwsisa!!! ¡¡¡Lli-Wsi-Sa!!! —lo corrige la niña con firmeza.
—A mí me parece un nombre hermoso —sonríe Marcelo, fascinado por la personalidad de la pequeña peruana.

Mientras se saludan, Noelia aparece corriendo y se cuelga del brazo de su padre.

—¡Padrino! —exclama la niña al ver a Marcelo.
—¡Hola, mi campeona! Aquí estoy, muy feliz de verte. Estábamos hablando con tu compañerita Llilliwisa...
—¡¡¡Que me llamo Lliwsisa!!! —protesta la niña de nuevo, provocando la risa de los adultos.
—Lliwsisa y yo nos hicimos mejores amigas hoy en el salón —interviene Noelia con alegría.

+++

En ese momento, ambas niñas divisan a la profesora que viene saliendo del plantel.

—¡Miren, ahí viene la maestra Ana Lu!
—Niñas, no se olviden de repasar la tarea para mañana, ¿entendido? —les dice Ana Lu con voz cariñosa mientras se acerca al grupo.
—¡¡¡Yes, Miss Smith!!! —responden Noelia y Lliwsisa dando saltos.
—Miss Ana Lu —dice Noelia, tirando suavemente de la mano de su maestra—, quiero presentarle a mi daddy.

José Emilio da un paso al frente y, con absoluta caballerosidad, le extiende la mano a la bellísima profesora. Al hacer contacto, una especie de corriente eléctrica parece cruzar entre ambos.

—Buenas tardes. Mi nombre es José Emilio Arizmendi —se presenta él, cautivado por la mirada de la joven.
—Es un verdadero placer, señor Arizmendi. Yo soy Ana Lu Smith —responde ella, sintiendo que el corazón le da un vuelco.

Ana Lu y José Emilio se quedan estáticos, mirándose profundamente a los ojos en un silencio absoluto que lo dice todo, mientras de fondo, como un presagio del destino, comienza a escucharse una romántica melodía de José Luis Perales:

"El amor es la espera sin límites / es la entrega sin límites..."

CONTINUARÁ...

***La canción elegida es "Amor sin limite", interpretado por José Luis Perales:



Comentarios

  1. Que guapísimos Marcelo y José Emilio me encantaron. Como me gusto la escena entre ellos. Muy buen capítulo

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    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario, Emili, espero que sigas leyendo la foronovela y comentando. :)

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