***Personaje recurrente:
*Professor Erwin Sear (Foto: Hale Joel Osment):
+++
Esa misma noche, en la discoteca "Sabor Latino", Aleysha Lorena despliega todos sus encantos para convencer a Gerardo de quedarse en el lugar. Sin embargo, los pensamientos del joven están muy lejos de allí; su mente y su corazón siguen extrañando profundamente a Ana Lu. Al notar su distracción, Aleysha adopta una actitud sumamente coqueta.
—Hola, guapo. ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué tienes esa cara tan triste? —pregunta Aleysha Lorena, acariciándole el hombro.
—Debimos haber ido con Ana Lu, Aleysha. No debimos dejarla sola.
—¡¡¡Bah!!! ¡Ana Lu está perfectamente bien! ¡Se fue acompañada de sus mejores amigos!
—Sí, lo sé... pero siento que mi lugar debería ser a su lado en este momento.
—Claro que no. Tu lugar es aquí, conmigo. Vinimos a este sitio para pasarla "rico" y divertirnos, ¿acaso lo olvidaste?
Aleysha Lorena le lanza un pícaro guiño de ojos que, poco a poco, logra apaciguar la tensión del hombre. En ese preciso instante, los parlantes de la discoteca comienzan a retumbar con el tema "Papacito", interpretado por Karol G. Aleysha da un salto de alegría al reconocer la melodía y arrastra a Gerardo hacia el centro de la pista de baile. Una vez allí, la seductora mujer se deja llevar por el ritmo caribeño, ejecutando movimientos sensuales de hombros y caderas. Contagiado por la energía de su guapa pareja, Gerardo comienza a relajarse y a disfrutar del baile.
"Papacito, ay, qué rico tú / I want you and not just for a little / Touching your body is my desire / Please, don't be mad, si me le robo un besito..."
—Amorcito —le dice Aleysha Lorena al oído, con tono mimoso—, voy un momento al tocador de damas a retocarme el maquillaje, ya vengo. Quédate aquí esperándome tranquilo, ¿okay?
—Sí, sí... ve tranquila, mi amor —responde Gerardo, encogiendo los hombros de manera dócil.
Aleysha le regala un último guiño antes de alejarse. Gerardo suspira hondo y se encamina hacia una mesa desocupada para descansar. Al sentarse, levanta la mano para llamar a la mesera que atiende la zona:
—¡¡¡Waitress!!! ¡¡¡Waitress!!! ¡Señorita, por favor!
Al escuchar el llamado, la empleada se da la vuelta. Para sorpresa de Gerardo, se trata de Amber, la carismática amiga de Ana Lu y Sofía. Al fijar la vista, Amber lo reconoce de inmediato.
—Hi, honey! ¿Qué... hacer... tú por aquí? —pregunta Amber, saludando en su característico español masticado.
—Hola... Amber, ¿verdad? Te conozco de la cafetería cubana. Pues ya ves, precisamente estuve en el bar de al lado con Sofía y con Ana Lu.
—¿Ellas se fueron? Oh, no "despedir" de mí, qué mal.
—Es que Ana Lu no se sentía nada bien, pobrecita. Se puso muy mal de los nervios. Siento que debí haber ido con ella para protegerla.
—"No preocupar" por eso... ¡She'll be fine! Ella es fuerte. ¿Tú... querer... tomar algo? ¿Un cóctel especial?
—No, muchas gracias, Amber. Solo tomaré una Coca-Cola con bastante hielo, por favor.
Amber le sonríe con complicidad y le guiña el ojo. Gerardo deja escapar un leve suspiro y la atractiva mesera se retira a cumplir con el pedido. En ese mismo instante, Aleysha Lorena regresa del tocador y, al notar la mirada de Gerardo, se abalanza sobre él para plantarle un apasionado beso en los labios, justo enfrente de todas las personas del local.
—Mi amor, por favor, tranquilízate un poco... Recuerda que estamos rodeados de mucha gente —pide Gerardo, visiblemente tímido y sonrojado.
—¡¡¡A mí no me importa nada ni nadie!!! —sentencia Aleysha Lorena con orgullo—. ¡Quiero que todo el mundo en este lugar sepa perfectamente cuánto te amo!
Para romper el tenso momento, Amber regresa a la mesa trayendo consigo el vaso de Coca-Cola con hielo. Gerardo, aliviado por la interrupción, se separa sutilmente de su bellísima pareja y recibe la bebida. Amber, por su parte, adopta una postura seria y distante ante la hostil presencia de Aleysha Lorena.
—Con permiso —dice Gerardo para romper el hielo—. Voy a tomar un sorbo. Thank you, Amber.
—Oye, amorcito... —reclama Aleysha Lorena, mirando el vaso—, ¿y es que acaso no pediste absolutamente nada para mí?
—Oh, lo siento mucho, se me pasó por completo. Disculpa, mi vida. ¿Qué te gustaría tomar?
—Un cóctel Sex on the Beach, por favor —le ordena Aleysha a la mesera con un aire de superioridad.
Amber toma nota del pedido sin gesticular. De repente, las luces de la discoteca hacen brillar de forma llamativa el collar que la mesera lleva puesto, desviando por completo la atención de Aleysha.
—Qué bonito está tu collar —comenta Aleysha Lorena, suavizando el tono—. ¿En dónde lo compraste?
—¿El collar? —responde Amber con orgullo—. I did it myself. Lo hice yo misma. "Venir" del diseño tradicional de mi reservación. Yo "ser" originaria de la Navajo Nation.
—¿Ah, sí? ¿Eres indígena?
—Así es. Yo... ser... Native American.
—Pues te quedó divino, es muy hermoso. ¿Sería posible que hicieras un collar igual para mí?
—Por supuesto que sí —responde Amber, mirando de reojo a Gerardo con una sonrisa oculta.
La guapa Aleysha Lorena saca su teléfono y le dicta sus datos de contacto a Amber para coordinar los detalles y el precio de la entrega. Rápidamente, la mesera se retira hacia la barra para preparar el cóctel solicitado.
—Oye, amorcito... ¿tú crees que me quedaría bien un collar indígena de esos? —pregunta Aleysha Lorena, buscando aprobación de manera coqueta.
—Sí... sí, claro que sí, te verías hermosa —responde Gerardo, con la mirada perdida en el vacío.
—¿Te pasa algo, mi vida? Te noto sumamente distraído e ido desde hace rato.
—No, para nada, no es nada. Solo el cansancio del día.
—Mmm... a poco te gustó la mesera esa. Me pareció que te miraba de lo más coqueta.
—No, no digas tonterías. Es una muchacha guapa, sí, pero mi corazón ya le pertenece a otra mujer.
—Sí, claro... ya sé que le pertenece a Ana Lu —suelta Aleysha con un deje de amargura.
Gerardo prefiere guardar absoluto silencio. En su interior, sabe perfectamente que está perdidamente enamorado de Ana Lu; sin embargo, para evitar un escándalo público y arruinar la noche, prefiere ignorar el comentario y darle un largo sorbo a su vaso de Coca-Cola.
+++
Al mismo tiempo, en la quietud de la residencia, Ana Lu descansa profundamente en su cama. Mientras tanto, Neville se ha quedado sentado a un costado del colchón, contemplándola en silencio bajo la penumbra. El joven suspira con melancolía; ama a Ana Lu con toda su alma desde que eran unos niños en las Bahamas, pero ella siempre se ha encargado de repetirle que solo lo quiere y lo ve como a un hermano. Incapaz de aceptar la realidad, Neville se aferra con desesperación a ese amor imposible. De pronto, la silueta de Jelly Lorena aparece en el umbral de la puerta.
—¿Ya se quedó dormida Ana Lu? —pregunta Jelly Lorena, con un evidente tono de celos en la voz.
—Así es. Ya descansa muy tranquila por fin —responde Neville en un susurro, levantándose de la silla.
—Dime una cosa, Neville... —lo confronta Jelly Lorena a mitad del pasillo—. ¿A ti te gusta de verdad Ana Lu?
—Ana Lu es como mi hermana, Jelly. La quiero mucho.
—Pero la realidad es que ella no es tu hermana de sangre. No creas que soy tonta, Neville; me doy cuenta perfectamente de la forma tan especial en la que la miras cada vez que está cerca.
—No te lo voy a negar, Jelly Lorena... Estoy enamorado de Ana Lu desde hace años —confiesa el joven con la cabeza gacha.
Al escuchar la revelación, Jelly Lorena experimenta un dolor agudo y punzante en el pecho. Su corazón se rompe en pedazos.
—Lo sabía... Todo tiene sentido ahora. Con razón insististe tanto en que viniéramos a Miami a visitarla.
—Pero ella solo me corresponde como a un hermano, Jelly. Ana Lu es y será siempre un imposible para mí.
—¿Y qué pasa conmigo? ¿Qué soy yo para ti?
—Para mí... tú eres una gran y maravillosa amiga, Jelly.
—¿Solo una amiga? ¿Nada más que eso?
—Bueno... creo que ya es demasiado tarde y lo mejor es que nos vayamos a dormir, ¿okay?
Neville se acerca, le deposita un tierno pero doloroso beso en la frente a Jelly Lorena y se encamina hacia la habitación de visitas. Jelly se queda sola en el pasillo, sumida en una profunda frustración al ver que el hombre que ama no corresponde a sus sentimientos.
+++
Al día siguiente por la mañana, Jelly Lorena y Neville entran al cuarto de Ana Lu para despertarla, pues debe cumplir con sus responsabilidades laborales. Sin embargo, la maestra se cubre con las sábanas, negándose por completo a levantarse. Ante su resistencia, sus dos amigos la toman firmemente de los brazos y la jalan de la cama para escoltarla hasta el baño para que se dé una ducha revitalizante. Jelly le pide a Neville que espere afuera en la cocina y se encargue de preparar el desayuno.
Unos minutos más tarde, tras ayudarla a alistarse y vestirse, ambas jóvenes se dirigen al comedor, donde Neville ya tiene todo servido sobre la mesa.
—¿Todo esto lo preparaste para mí? —pregunta Ana Lu, con timidez y una leve sonrisa.
—Te preparé un delicioso souse, Ana Lu —responde Neville con orgullo—. Sé perfectamente que es tu platillo favorito en el mundo.
—Pues muchísimas gracias, Neville. Huele espectacular —agradece la maestra, tomando asiento.
Ana Lu comparte la mesa con sus dos amigos y comienza a saborear el souse, una sopa tradicional de las Bahamas hecha a base de un sustancioso caldo de pollo con limón y especias. Cada cucharada de la sopa le evoca de inmediato hermosos recuerdos de su infancia en las islas... la calidez de su madrina Ya Ya... el sol brillante... las playas de arena blanca... y esa alegre música con tambores metálicos (steel drums) que siempre amenizaba las fiestas familiares.
Más tarde, Jelly Lorena y Neville acompañan a Ana Lu en el automóvil para llevarla al colegio. Durante el trayecto por las avenidas de Miami, Neville se encarga de conducir mientras Jelly, desde el asiento del copiloto, enciende la radio para sintonizar algo de música. Al principio suena un ritmo caribeño muy movido, pero Ana Lu, sumida en sus pensamientos, pide que busquen "la otra versión". Jelly sintoniza entonces una hermosa y melancólica versión acústica. Aunque la letra narra la emotiva despedida de un hombre hacia su mejor amigo, su padre y la dulce Michelle, el estribillo resulta tan pegajoso que contagia a los tres amigos, quienes terminan cantando al unísono dentro del auto:
"We had joy, we had fun / We had seasons in the sun / But the hills that we climbed / Were just seasons out of time..."
+++
Ana Lu ingresa formalmente al aula de tercer grado. Sentada en las primeras filas se encuentra la pequeña Noelia, quien se levanta de inmediato para saludarla con un dulce y cariñoso abrazo. Al verla, Ana Lu experimenta una oleada de miedo y ansiedad; no sabe cómo lidiar con el hecho de que acaba de ver e interactuar con el fantasma de la madre de la niña. Los demás alumnos comienzan a pedirle que dé inicio a la lección, pero la abrumadora presencia de Noelia altera tanto los nervios de Ana Lu que, presa de la desesperación, sale corriendo del salón de clases.
La joven se refugia en un rincón apartado del pasillo, lamentándose en silencio. En ese momento, Erwin Sear, uno de los profesores de la institución, camina por el lugar y la reconoce.
—Hi! —saluda Erwin con amabilidad—. Tú debes ser Ana Lu, la maestra sustituta que cubre a Carol. Yo soy Erwin Sear. Ayer te vi almorzando en la cafetería, pero lamentablemente no tuvimos la oportunidad de presentarnos formalmente.
—Mucho gusto, profesor —responde Ana Lu con la cabeza gacha, intentando ocultar su angustia.
—¿Te está pasando algo malo? Te noto sumamente triste y alterada. Vamos, confía en mí, desahógate.
—No lo sé... tengo muchísimo miedo. Mi madrina Ya Ya siempre me advirtió que existía la probabilidad de que heredara esto de mi madre... y de mi abuela.
—¿Heredar? ¿De qué estás hablando exactamente? ¿Y quién es esa tal Ya Ya?
—Es mi madrina de las Bahamas. Ella ha sido como una segunda madre para mí y siempre me prevenía de que en cualquier momento podría desarrollar este aterrador poder familiar.
—¿Un poder? ¿De qué clase de poder hablas, Ana Lu?
—Que... que tengo la capacidad de ver a la gente muerta.
Al escuchar la icónica frase, Erwin experimenta una especie de déjà vu mental. Sin embargo, respira hondo, mantiene la calma y le sonríe con serenidad para transmitirle paz.
—Bueno... ejem... —comenta Erwin—. Visto desde otra perspectiva, quizás no sea una maldición tan terrible como piensas, Ana Lu. Piénsalo: podrías utilizar esa habilidad para resolver grandes misterios o para unir a parejas que se aman. Muchas veces, las almas dejan "asuntos pendientes" en la Tierra antes de poder partir definitivamente hacia el más allá. Y tú tienes el don de ayudarlos a cerrar esos ciclos para que den el siguiente paso.
—¿Cómo es que usted sabe tanto sobre eso?
—Digamos que lo digo por pura experiencia de vida. Cuéntame, ¿a quién pudiste ver en esta ocasión?
—Al espíritu de la madre de una de mis alumnas.
—¿De qué alumna se trata?
—De la pequeña Noelia Arizmendi.
—¿De Noelia Arizmendi? —Erwin asiente conmovido—. Pues Noelia es una niña preciosa y sumamente inteligente. Sí, conozco perfectamente su trasfondo familiar. Su madre lamentablemente falleció durante las labores de parto y su padre tuvo que hacerse cargo de ella completamente solo. Pero dime... ¿has vuelto a ver a la madre? ¿Se encuentra cerca de nosotros en este instante?
En ese preciso momento, una ráfaga de viento helado recorre el pasillo y el espíritu de la señora Noelia se materializa a unos metros de distancia.
—Sí... acabo de sentir su presencia justo aquí —susurra Ana Lu, fijando la mirada en el espectro.
—Si la tienes enfrente, dile de mi parte que trajo al mundo a una niña maravillosa, especial y que es una estudiante ejemplar y sobresaliente en la escuela —pide Erwin con respeto.
—Estoy segura de que ella lo está escuchando a usted perfectamente en este momento.
El profesor le pregunta con la mirada en qué punto exacto se encuentra el fantasma y Ana Lu se lo señala con el dedo. Erwin gira la cabeza en esa dirección y realiza un respetuoso gesto de saludo con la mano.
—Mucho ánimo, Ana Lu. ¿Puedo llamarte por tu nombre, verdad? —pregunta Erwin, devolviéndole la confianza.
—Sí, no me molesta para nada.
—No le veo absolutamente nada de malo a tu condición, Ana Lu. Al contrario, tal vez esa mujer se te apareció porque te necesita como el puente ideal para restablecer la paz, el amor y la armonía en la familia de esa pobre niña. Y bueno... tienes una clase muy importante que dictar allá adentro. Vamos, demuestra lo que vales. ¡Y por favor, mándale mis más cordiales saludos a la mamá de Noelia! ¡Mucho ánimo!
Las sabias y reconfortantes palabras de su colega logran apaciguar por completo los temores de Ana Lu. En ese instante, Miss Halsey, la estricta rectora del colegio, aparece en el pasillo y los regaña severamente, recordándoles que los docentes no deben perder el tiempo platicando en los corredores. Sin perder un segundo, Ana Lu regresa con paso firme al aula para impartir su clase de Historia a los alumnos de tercer grado.
+++
Ana Lu imparte la lección completamente en inglés, explicando detalladamente los pormenores de los viajes de Cristóbal Colón. En medio de la explicación, la maestra lanza una pregunta al grupo para evaluar su atención:
—Who can tell me the name of the first island Columbus arrived at? ¿Cómo se llama la primera isla a la que arribó Colón?
La pequeña Noelia levanta la mano con entusiasmo y responde con perfecta pronunciación:
—Guanahani, on October 12th, 1492.
Ana Lu la felicita efusivamente y, como premio a su excelente respuesta, se acerca para colocarle una brillante estrellita en la frente. La niña Noelia sonríe de oreja a oreja, llena de orgullo. Desde un rincón del aula, el espíritu de la señora Noelia contempla la escena con los ojos iluminados de felicidad al ver el logro de su hija. Sin embargo, la alegría se ve interrumpida cuando Hank, un compañero de clase envidioso, le propina una fuerte patada en la pierna a Noelia por debajo del pupitre.
—¡¡¡Auch!!! —se queja la niña, sobándose el golpe.
Ana Lu se percata de la mala acción de inmediato, le llama severamente la atención al niño y, para ponerlo a prueba, le lanza una pregunta directa:
—A ver, Hank... ¿a qué país actual pertenece la isla de Guanahani?
El niño, rascándose la cabeza y de mala gana, responde:
—¿A Cuba?
Ana Lu sonríe con orgullo y aclara la respuesta frente a todo el salón de clases, declarando en inglés que Guanahani pertenece en realidad al hermoso archipiélago de las Bahamas... el mismísimo lugar donde ella nació y se crió. Además, les explica que, de hecho, muchos de los habitantes de las islas consideran de manera jocosa a Cristóbal Colón como el mismísimo primer turista en la historia de las Bahamas.
La guapa profesora prosigue con la cátedra, explicando que la isla actualmente es conocida bajo el nombre de San Salvador, o también llamada Isla Watling. Curiosa por el trasfondo de su maestra, la pequeña Noelia levanta la mano nuevamente:
—Miss Ana Lu... ¿usted conoce en persona la isla de San Salvador?
—Sí, mi amor, la conozco muy bien. De hecho, en una de sus playas hay una gran estatua conmemorativa en honor al almirante Cristóbal Colón —responde Ana Lu con una sonrisa.
En ese momento, Lliwsisa, otra de las estudiantes, levanta la voz con firmeza para dar una opinión contraria:
—Pues en mi casa dicen que Cristóbal Colón no fue ningún héroe, sino un asesino responsable del genocidio de los indígenas en todo el continente americano, y que por eso no deberíamos celebrar para nada su descubrimiento.
Ana Lu la escucha con atención y le pregunta con curiosidad de dónde obtuvo esa valiosa información. La pequeña Lliwsisa saca su teléfono celular y le muestra la pantalla con un artículo educativo que detalla los abusos sufridos por los nativos americanos. Sorprendida por la madurez de la alumna, Ana Lu califica el dato como sumamente interesante y le pide a la niña que pase al frente del pizarrón para compartir su punto de vista con el resto de la clase. Lliwsisa explica sus argumentos a sus compañeros, pero la gran mayoría de los niños comienza a interrumpirla y a burlarse de sus palabras. Ana Lu interviene de inmediato, exigiendo orden con voz firme y pidiéndoles a todos que escuchen y traten con absoluto respeto las opiniones de los demás, independientemente de que estén o no de acuerdo con ellas.
En ese preciso instante, el timbre del colegio resuena por los pasillos, anunciando el cambio de período. Los estudiantes comienzan a guardar sus útiles y a desalojar el aula. Al pasar junto al escritorio, las pequeñas Noelia y Lliwsisa se despiden de la profesora Ana Lu con una tierna sonrisa. La maestra les devuelve el gesto con cariño, recoge sus materiales didácticos y sale del salón.
+++
Mientras camina de regreso por los solitarios corredores del colegio, el aire se vuelve a enfriar y el espíritu de la señora Noelia se materializa nuevamente a su lado, caminando a su mismo compás.
—Hola, Ana Lu —saluda la señora Noelia con una dulce sonrisa.
Recordando los sabios consejos de su colega Erwin, Ana Lu respira hondo, junta valor y decide responderle directamente al fantasma por primera vez.
—Hola, señora Noelia —contesta la guapa profesora en un hilo de voz.
—Pude ver tu clase. Me hace muy feliz ver lo bien que te llevas con mi pequeña hija.
—Noelia es una alumna brillante, sumamente inteligente y con un corazón de oro.
—Me recuerda tanto a mí en mis épocas de estudiante; yo también solía ser una de las mejores de la clase. ¡Oh, qué no daría en esta vida por poder tocarla, abrazarla y llenarla de besos! Mi hermosa niña... Por cierto, Ana Lu, he estado observando tus reacciones y me he dado cuenta de que te atrae mucho mi esposo, José Emilio.
—Él... él ya tiene su vida hecha, señora. Tiene una novia formal.
—¡¡¡Bah!!! ¡José Emilio no está para nada enamorado de esa mujer tan antipática y superficial! No te engañes.
—No, de verdad, yo no puedo hacer eso. Va en contra de mis principios involucrarme sentimentalmente con el padre de una de mis alumnas del colegio.
—Pues quiero que sepas que cuentas con todo mi consentimiento desde el más allá para conquistar el corazón de José Emilio. Si necesitas cualquier tipo de ayuda para acercarte a él, puedes contar conmigo; yo conozco absolutamente todos los secretos, gustos y detalles de su vida. Ah, y por cierto... mi perfume favorito de siempre es el Gucci Bloom.
La señora Noelia le lanza un cómplice guiño de ojos a Ana Lu antes de guardar silencio.
—¿El Gucci Bloom? —repite la profesora en voz alta, completamente extrañada por el consejo de belleza del fantasma.
+++
En ese preciso momento, las pequeñas Noelia y Lliwsisa doblan la esquina del pasillo y se quedan estupefactas al descubrir a la maestra hablando sola de espaldas y mirando hacia la pared.
—Miss Ana Lu... ¿se encuentra bien? ¿Con quién está hablando ahí sola? —pregunta Noelia con curiosidad.
Ana Lu da un brinco de la impresión y voltea a ver el espectro de la madre. El espíritu de Noelia la mira con dulzura y le susurra al oído que no tenga miedo de revelarle la verdad a su pequeña.
—¿Eh? Pues... ejem... —titubea Ana Lu, acomodándose los anteojos—. Noelia, mi niña hermosa... solo estaba... pensando en voz alta. Quería decirte que tu mami siempre está muy cerca de ti, cuidándote, amándote y velando por tus sueños desde el cielo en cada segundo.
—¿De verdad? ¿Y cómo sabe usted eso con tanta seguridad, Miss? —pregunta la niña Noelia, con los ojos iluminados por la intriga.
—Bueno... es el instinto de una maestra. Por cierto, ¿no se les hace tarde para su siguiente clase, señoritas? —evade Ana Lu con una sonrisa cariñosa.
Las dos niñas asienten y se retiran corriendo por el pasillo hacia su salón. Ana Lu se queda estupefacta, contemplando el espacio vacío, y se da cuenta de que, tal vez, Erwin tenga toda la razón: este don sobrenatural no es una maldición, sino una oportunidad maravillosa para devolverle la felicidad a las personas que sufren. En ese instante, la mirada de Ana Lu se posa sobre el mural de anuncios de la escuela, donde resalta una convocatoria para un nuevo e importante proyecto musical liderado por el profesor Finn. Una brillante idea cruza por su mente y, al mirar de reojo, el espíritu de la señora Noelia asiente con una gran sonrisa de total aprobación.
CONTINUARÁ...
***La canción elegida es "Seasons in the Sun" de Terry Jacks:


.jpeg)

.jpg)






.jpeg)

Comentarios
Publicar un comentario