CAPITULO 3: AMOR SIN LIMITES (Versión corregida con IA)



CAPITULO 3: AMOR SIN LIMITES (CON AYUDA DE IA)

***PERSONAJES RECURRENTES:

*FER, amiga de Magdalena (Foto: Paulina Bazán):


*ANGEL, el DJ (Foto: Evan Gambardella):


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Ángel, el DJ del local, continúa mezclando música en su cabina cuando, de repente, se le acerca una chica sumamente atractiva, de tez clara y cabello rubio. Al fijar la vista, la joven reconoce al encargado de la música de inmediato.


—Hola, guapo. ¿Te acuerdas de mí? —pregunta la muchacha con un tono muy coquetón.
—¿Gala? ¿Eres tú? ¿Qué estás haciendo por aquí? —reacciona Ángel, sorprendido.
—Pues ya ves, vine a divertirme y a despejarme un rato. Oye, no tenía la menor idea de que fueras DJ. Qué buena sorpresa. Por cierto... ¿qué pasó con tu novela?
—¿Mi novela? —Ángel sonríe con un toque de timidez—. Pues la tengo en pausa, ya sabes cómo es esto. Con el trabajo diario no me queda mucho tiempo libre.
—Pues a mí me encantaría leerla. Debe ser superinteresante todo ese rollo relacionado con el hotel subterráneo.
—Bueno, eso tendrá que esperar un poco. Ahora mismo soy el DJ de la noche y acepto peticiones. ¿Tienes alguna canción especial que quieras escuchar?
—Ninguna en especial, la verdad. Sorpréndeme.

Gala le lanza un pícaro guiño de ojo al muchacho. Ángel encoge los hombros, un tanto intimidado pero halagado por la sensualidad de la chica, y de inmediato busca en su repertorio un clásico del grupo ABBA: "Super Trouper". Gala le sonríe, le regala otro guiño y se retira de la cabina moviendo los hombros y la cintura con total soltura. Sin embargo, en su trayecto hacia las mesas, se termina tropezando de frente con Vanessa Lorena.

—¡Ups! Disculpe —dice Gala, deteniéndose.
—¡¡¡Fíjese por dónde camina!!! ¡¡¡Zorra coqueta!!! —exclama Vanessa Lorena con desprecio.
—¡Uy, pero qué mal genio! Disculpe, señorita. Con permiso —replica Gala, rodando los ojos.

Ambas se dan la espalda, tomando rumbos completamente opuestos en el local.

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Vanessa Lorena se encamina hacia la barra, toma asiento y le pide al cantinero un cóctel Sex on the Beach. Justo a su lado se encuentra Aleysha Lorena, quien casualmente acaba de ordenar la misma bebida.

—¿Vanessa Lorena? ¿Qué estás haciendo tú por aquí? —pregunta Aleysha Lorena, girándose en su taburete.
—Aquí me ves, pasándola con mi novio —responde Vanessa Lorena con amargura—, aunque la verdad él se la está pasando de lo lindo bailando en la pista con la dichosa profesora de su hija.
—¿Tu novio? ¿Y quién es el afortunado?

Vanessa Lorena estira el dedo y le señala la pista de baile, donde José Emilio se encuentra con Ana Lu. Al ver a la maestra, Aleysha se llena de rabia y el coraje se le sube al rostro.

—¡¡¡No puede ser!!! ¿Se puede saber qué tiene esa tipa para volver locos a todos los hombres? —exclama Aleysha Lorena, apretando los puños—. ¡Mi novio Gerardo también está loquito por ella!
—No tengo la menor idea —suspira Vanessa Lorena, dándole un vistazo lejano—. Tampoco me parece la gran cosa ni tan bonita. No sé qué demonios le ven los hombres a esa mujer.

En ese instante, el cantinero les sirve los cócteles y ambas Lorenas, ahogando sus penas y frustraciones, se los toman de un solo sorbo.

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Por su parte, en otra zona de la ciudad, Viviana se encuentra en su departamento compartiendo un momento con su pequeña hermanita, Lliwsisa.

—¿Entonces te hiciste muy amiga de esa niña, Noelia? —pregunta Viviana mientras acomoda algunas cosas.
—Sí, hermana. Desde el primer momento en que nos vimos en el salón, sentimos una conexión muy bonita, como si debiéramos estar juntas.
—Me alegra mucho, mi amor.
—Oye, hermana... ¿y de qué conoces a ese hombre? El que estaba acompañando al papá de Noelia en la escuela.
—Bueno... digamos que salimos un par de veces hace muchos años.
—¿Y lo quisiste mucho?

Viviana guarda silencio por unos segundos. Su mirada se vuelve nostálgica y deja escapar un hondo suspiro al recordar a Marcelo.

—La verdad es que nos quisimos con el alma, Lliwsisa. Pero yo jamás volvería a estar con él.
—¿Por qué, hermana? ¿Qué pasó?
—Porque es un hombre mujeriego, inestable y le huye al compromiso.
—Quizás es que nunca se ha enamorado de verdad —reflexiona la pequeña.

En ese preciso momento, el timbre del apartamento resuena. Viviana camina hacia la entrada y pregunta quién es antes de abrir. Al escuchar la voz, abre la puerta de inmediato y se topa cara a cara con Marcelo. El joven sostiene un hermoso ramo de rosas rojas en una mano y un tierno oso de peluche en la otra.

—Hola, Viviana, qué hermoso volver a verte. Pasaba por el barrio y no pude resistir las ganas de venir a saludarte. ¿Me dejas pasar?
—Está bien, pasa... Pero tengo una pregunta, ¿cómo demonios te enteraste de dónde vivía?
—Me lo dio Noelia, la amiguita de tu hermana. Lliwsisa le mandó un mensaje por WhatsApp con la dirección y Noelia me la pasó a mí.
—¿Mi hermana te dio la dirección? —Viviana voltea a ver a la niña con una ceja levantada.
—Así es. Espero de corazón que no te moleste mi atrevimiento.

En ese momento, la pequeña Lliwsisa corre hacia la entrada, sumamente emocionada al ver la visita.

—¡¡¡Marcelo!!! ¿Cómo estás? ¡Claro que puedes pasar, bienvenido!
—Hola, mi campeona. Qué gusto verte. Mira, te traje este pequeño regalito para ti —dice Marcelo, entregándole el oso de peluche con una sonrisa.
—¡Oh, muchas gracias, Marcelo! Me encanta —exclama la niña, abrazando el juguete.
—Y estas hermosas flores son para ti, Viviana —añade Marcelo, dándole el ramo con una mirada intensa.
—Gracias... están preciosas —responde Viviana, sintiendo que los ojos se le humedecen por la emoción del detalle.

Con una sonrisa, Marcelo da un paso al frente e ingresa formalmente al apartamento.

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Mientras tanto, en la fastuosa mansión Arizmendi, la pequeña Noelia se encuentra sentada en la mesa del comedor coloreando sus dibujos, bajo la cariñosa supervisión de su tía Magdalena.

—Oye, tía Magda... ¿cómo era mi mamá?
—Tu mamá era una mujer bellísima, mi amor. Tenía un corazón enorme y siempre estaba dispuesta a ayudar a los más pobres y necesitados del mundo.
—Me hubiera gustado muchísimo conocerla y abrazarla...
—Puedes estar completamente segura de que ella está muy cerca de ti en este momento, cuidándote y velando por tu seguridad desde el cielo.


Conmovida, la niña se baja de la silla y se refugia en un tierno abrazo con Magdalena.

—Oye, tía... ¿y por qué te cae tan mal Karol G?
—¿Qué? ¿Estuviste revisando mis publicaciones en las redes sociales? —pregunta Magdalena, sorprendida.
—Sí, claro. Yo te sigo junto con unas amigas del colegio. Tienes muchísimo talento, tía... Pero la verdad, ya deberías dejar en paz a la pobre Karol G —bromea la niña.

Magdalena no puede evitar su deprimida seriedad y suelta una pequeña carcajada ante la ocurrencia de su sobrina.

En ese instante, el intercomunicador de la entrada principal empieza a sonar. Magdalena atiende la llamada y la sirvienta le anuncia la visita de Fer, su mejor amiga. Fer entra a la casa con una gran sonrisa y trae consigo un obsequio especial para la pequeña: un set de arte profesional con pinceles, témperas y hojas para dibujar. Noelia da saltos de alegría, le agradece el detalle y corre a estrenarlo en la mesa.

A solas en la sala, Magdalena y Fer comienzan a platicar.

—Oye, Magda, ¿qué te parece si nos arreglamos y salimos a un lugar que acaban de inaugurar aquí cerca? Dicen que ponen una música retro buenísima.
—No lo sé, Fer. Tú sabes perfectamente que me toca quedarme a cuidar a mi sobrina esta noche. Tendrá que ser para otra ocasión.
—Por cierto, Magda... ¿te enteraste de que cerraron el multicines del barrio?
—Sí, lo supe. Qué verdadera lástima.
—Una pena total. ¿Te acuerdas de aquellas épocas cuando íbamos juntas a ver todas las películas nominadas del año? Nos la pasábamos genial y siempre nos regalaban entradas, palomitas de maíz o gaseosas por los puntos que acumulábamos en la tarjeta.
—Sí, lo recuerdo perfectamente. Es que ahora la industria cambió; la gente ya casi no va a las salas de cine. Prefieren quedarse cómodamente en sus casas viendo películas en la televisión a través de las plataformas digitales.
—Cambiando de tema... ¿cómo van las cosas en los terrenos del corazón?
—Pues... aquí está, mira... siéntelo... siéntelo —responde Magdalena, tomándole la mano a Fer y poniéndola sobre su pecho con ironía.
—¡¡¡Jajajaja!!! No, tontita, no me refiero a tus latidos. ¡Quiero decir si no hay ningún galán rondando tu vida!
—No hay ningún galán a la vista, Fer. A este paso creo que me voy a meter de monja.
—¡Por eso mismo te insisto en que vayamos a bailar a ese sitio!
—De verdad lo siento, amiga. Será otro día. Hoy mi prioridad es cuidar a Noelia.
—Bueno, ya que nos quedamos... ¿escuchamos un poco de música? ¿Qué tal algo de la vieja escuela? Definitivamente la música de antes tenía alma; la de ahora no me gusta para nada.

Fer saca su teléfono celular y lo conecta mediante Bluetooth a los potentes parlantes de la mansión. A los pocos segundos, los acordes de "Don't Look Back in Anger" de Oasis inundan la sala. Ambas jóvenes cierran los ojos, dejándose llevar por la nostalgia y moviéndose al compás de la melodía rockera. Desde su mesa, la pequeña Noelia detiene su lápiz y se queda observando con ternura la complicidad entre su tía y su amiga:

"And so Sally can wait / She knows it's too late / As we're walking on by / Her soul slides away..."

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De vuelta en el restaurante "Honky Tonk", Vanessa Lorena localiza a José Emilio, quien se ha quedado solo por un momento cerca de la barra.

—¿Se puede saber qué haces aquí solo? ¿En dónde dejaste guardada a la dichosa profesorcita? —pregunta Vanessa con un marcado tono irónico.
—Fue un momento al tocador, Vanessa. Pero por favor, no me salgas ahora con que estás muerta de celos solo porque bailé una canción con la maestra de mi hija.
—Es que me parece una mosquita muerta muy coqueta, José Emilio. No me da buena espina. Y no soporto la idea de verte cerca de otra mujer.
—Pues, que yo recuerde, entre tú y yo no hay ningún compromiso formal ni somos nada. Con tu permiso —sentencia José Emilio de manera cortante.

José Emilio se da la vuelta y se aleja, dejando a Vanessa con la palabra en la boca. Mientras camina, el rostro de Ana Lu inunda sus pensamientos y deja escapar un hondo suspiro. En ese instante, Gala se le cruza en el camino y le lanza una mirada sumamente provocativa.

—José Emilio... ¿cómo estás, guapo? ¿Te acuerdas de mí? Soy Gala, tu cliente favorita.
—Oh, claro que sí, hola. ¿Cómo ha estado, señora Ramírez?
—Pues te cuento que finalmente me divorcié. Y gracias al excelente abogado que me recomendaste, pude reclamar hasta el último centavo de lo que por ley me correspondía. Así que ahora me ves aquí: solterita, libre y a la orden para lo que gustes.

Gala le guiña el ojo de forma seductora y se le acerca un poco más de la cuenta. José Emilio se pone completamente nervioso, se sonroja y encoge los hombros, visiblemente abrumado ante los explícitos coqueteos de la despampanante mujer.

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Por su parte, Ana Lu se encuentra en un rincón apartado del establecimiento, con la mente flotando en las nubes e ilusionada por el romántico baile que acaba de compartir con José Emilio. En ese preciso momento, de la nada, la figura de la misteriosa Noelia se materializa a su lado.

—Veo que te la estás pasando de maravilla con José Emilio, ¿verdad? —comenta la mujer con voz dulce.
—Pues... sí. Pero la verdad es un amor imposible, señora —responde Ana Lu con un suspiro de resignación.
—¿Y por qué dices que es un imposible?
—Porque es el padre de una de mis alumnas del colegio. Sería una falta de profesionalismo; no puede ni debe haber nada entre él y yo.
—Eres una muchacha excelente y de buenos sentimientos, Ana Lu. José Emilio ha sufrido demasiado en estos años, su corazón está roto... Por eso mismo, a mí me encantaría que estuviera al lado de una mujer con tu luz y tu bondad.
—Oiga, señora Noelia... disculpe la indiscreción, pero ¿cómo conoció usted al señor José Emilio?

Antes de que la mujer pueda responder, unas voces conocidas interrumpen a Ana Lu. Al girar la cabeza, se topa con Neville y Jelly Lorena, quienes se acercan preocupados. Neville la mira con ojos llenos de adoración y celos contenidos.

—Hola, Ana Lu —dice Jelly Lorena, mirando hacia el rincón—. ¿Con quién estabas hablando tan concentrada?

Ana Lu se da la vuelta para señalar el asiento, pero se queda helada: la misteriosa Noelia ha desaparecido por completo del lugar sin dejar rastro. En ese mismo instante, por los micrófonos del restaurante, el DJ Ángel interrumpe la música para hacer un gran anuncio.

—This is your opportunity to be discovered!!! You could be the next Superstar!!! ¡Damos inicio al concurso de cantantes aficionados de la noche!

Al escuchar la convocatoria, Jelly se emociona de inmediato y corre a inscribirse en la lista de participantes. Neville, aprovechando la energía del momento, anima a Ana Lu para que también se apunte. Ana Lu se pone muy nerviosa y se niega al principio, pero ante la insistencia y el apoyo de su amigo, termina cediendo y acepta participar junto a Jelly.

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Poco a poco, los participantes van desfilando por el escenario principal; algunos desafinan por completo y otros logran defenderse bastante bien. En su turno, un cantante de música country sube al escenario e interpreta una emotiva versión del tema "Rest Your Love on Me".

Al escuchar los primeros acordes, Ana Lu y José Emilio cruzan miradas desde extremos opuestos del local. Sus ojos se clavan fixedmente el uno en el otro, recordando con perfecta nitidez la cercanía y la magia del baile que compartieron minutos antes:

"Lay your troubles on my shoulders / Put your worries in my pocket / Rest your love on me awhile..."

Incapaz de resistirse, José Emilio camina con paso firme hacia donde se encuentra Ana Lu. Ambos quedan frente a frente, contemplándose en un silencio cargado de electricidad. De repente, al sacar su pañuelo, un pequeño portarretratos de bolsillo se le resbala de la cartera a José Emilio y cae al suelo. Ana Lu se agacha rápidamente para recogerlo y, al mirar la fotografía del interior, se le corta la respiración: es el rostro exacto de la misteriosa Noelia.

—¿Por qué... por qué tiene usted una foto de esa mujer? —pregunta Ana Lu con la voz temblorosa y el rostro pálido.
—Ella... —José Emilio baja la mirada con tristeza—. Ella era mi esposa. La madre de mi pequeña Noelia.
—No... no puede ser... ¡Yo conozco a esta mujer! Hablé con ella hace apenas unas horas, en este mismo lugar.
—Eso es completamente imposible, Ana Lu. Mi esposa falleció hace ocho años.
—¡¡¡No, le estoy diciendo la verdad! ¡Yo hablé con ella en el pasillo y me dijo su nombre!!!
—Ana Lu, por favor, escúchame... Mi esposa Noelia murió en el hospital hace ocho años.

Al escuchar sus palabras, el mundo de Ana Lu se derrumba. En ese instante, el terror la invade al recordar aquel oscuro poder de ver y hablar con la gente muerta, un don sobrenatural que la ha atormentado y perseguido desde su adolescencia. Desesperada y al borde del llanto, Ana Lu da un paso atrás y sale corriendo del lugar. José Emilio intenta seguirla para calmarla, pero Vanessa aparece de inmediato y lo toma del brazo con fuerza, impidiéndole el paso.

Afuera del local, bajo la fría brisa de la noche, Ana Lu corre por el estacionamiento hasta que tropieza con el espíritu de la señora Noelia, quien la aguarda con una mirada de profunda súplica. Ana Lu retrocede aterrorizada.

—¡¡¡NO!!! ¡¡¡Por favor, vete, vete de mi presencia! —exclama Ana Lu entre lágrimas—. ¡¡¡Tú estás muerta... eres un fantasma!!!
—Eres la única persona en el mundo que puede devolverle la felicidad a José Emilio, Ana Lu...
—¡No, déjame en paz, vete!

En ese momento de crisis, Neville llega corriendo al estacionamiento. Al verla tan alterada, la toma entre sus brazos y Ana Lu se refugia en el pecho de su fiel amigo, llorando desconsoladamente mientras el espíritu de Noelia se desvanece en el aire.

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De vuelta en el interior del restaurante, el concurso continúa y sube al escenario un dueto de jóvenes, Teyou y Crespo, quienes interpretan de manera acústica una sentida melodía de Oasis:

"And so Sally can wait / She knows it's too late / As we're walking on by / Her soul slides away..."

Justo en ese momento, Fer, la amiga de Magdalena, entra al local completamente sola. Se encamina directo a la cabina de sonido, se sienta en un taburete al lado de Ángel el DJ, cruza sensualmente sus estilizadas piernas y le lanza un guiño fulminante al muchacho. Ángel se pone colorado, encoge los hombros y empieza a juguetear nervioso con los controles de la consola.

—Hola, guapo. Qué bueno encontrarte trabajando por aquí esta noche.
—Ah... hola, Fer. Qué sorpresa —titubea Ángel—. ¿Sabes algo de Magdalena? ¿Por qué no vino contigo?
—Magdalena está muy bien, no te preocupes. Solo que hoy le tocó quedarse en casa haciendo de niñera de su sobrina Noelia.
—Por favor, le mandas mis más sinceros saludos cuando la veas. Dile... dile que la quiero muchísimo.
—Descuida, yo le paso el recado completo. Oye... ¿y cómo vas con la escritura de tu libro?
—Lo tengo un poco parado, la verdad. Ya sabes que con las jornadas de trabajo es sumamente difícil concentrarse para escribir.
—Pues ya me muero de ganas por saber qué pasa en el siguiente capítulo con ese misterioso Palacio Paraíso.
—Te aseguro que el desenlace te va a sorprender bastante —sonríe Ángel.

Fer le vuelve a regalar un guiño coqueto a Ángel, disfrutando de lo nervioso y atolondrado que se pone el DJ ante sus encantos.

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Tras la aplaudida presentación del dueto, llega el turno de Jelly, quien sube con mucha seguridad al escenario para interpretar una canción de su propia autoría. Es un tema acústico titulado "Noche Estrellada", cantado con una hermosa mezcla de portugués y español. Todos los hombres del lugar quedan completamente hipnotizados ante el ritmo y el movimiento sensual de sus hombros y caderas. En la cabina, Ángel deja escapar un hondo suspiro, embelesado por la bellísima intérprete. Al notar la distracción del DJ, Fer se cruza de brazos, devorada por un ataque instantáneo de celos.

Al terminar su aplaudida presentación, Jelly baja del escenario y camina hacia el estacionamiento en busca de Neville. Sin embargo, su sonrisa se borra al descubrirlo abrazando cariñosamente a Ana Lu en la oscuridad. Jelly se detiene en seco, indignada por la escena.

—¿Se puede saber qué demonios está pasando aquí? —exclama Jelly con tono de reclamo.
—No pasa nada malo, Jelly —la frena Neville con calma—. Solo estoy consolando a Ana Lu, que se puso muy mal.
—¿Y por qué tienes que estar consolando a mi mejor amiga, eh? ¿Qué pasó?
—¡¡¡Snif!!! —solloza Ana Lu, limpiándose las lágrimas—. Jelly... me volvió a pasar. Nuevamente regresó ese maldito poder a mi vida.
—¿Poder? ¿De qué rayos estás hablando, Ana Lu? —pregunta Jelly, confundida.
—De mi capacidad para ver y hablar con las personas muertas...
—Así es —asiente Neville con gravedad—. Acaba de tener un encuentro directo con el espíritu de la difunta esposa de ese hombre.
—¿Viste a un fantasma? ¿De la esposa de quién?
—De José Emilio, el papá de Noelia, una de mis alumnas del colegio.
—Le he estado diciendo que no tiene absolutamente nada que temer —interviene Neville, tomándola de las manos—. ¿No lo crees, Ana Lu? Quizás la aparición de esa mujer sea una señal del destino.
—¡¡¡Pues yo no quiero ninguna maldita señal del destino!!! —exclama Ana Lu, soltándose con brusquedad—. ¡¡¡Estoy completamente harta de este don y de que todos piensen que soy una anormal o una loca!!!

Sin darles tiempo de reaccionar, Ana Lu se da la vuelta, corre hacia su auto, enciende el motor y se marcha a toda velocidad rumbo a su casa, huyendo del misterio que la persigue.

CONTINUARÁ...



***La canción elegida es "Don´t look back in anger" interpretada por Oasis:

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