CAPITULO 2: AMOR SIN LIMITES (* CON AYUDA DE IA *)
*Personajes recurrentes:
*Jelly (Foto: Jelly Jilart):
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Ana Lu y José Emilio se quedan mirándose fijamente a los ojos, sumergidos en un silencio absoluto. En ese mágico instante, la pequeña Noelia interrumpe el momento llamando a su papá.
—¡¡¡Daddy, daddy!!! ¡¡¡Come on, let's go home!!! —exclama la pequeña Noelia, tirando de su mano.
—¿Eh? —reacciona José Emilio, parpadeando para salir del trance—. Oh, sí, disculpa, hijita. Ya nos vamos.
—Un gusto conocerlo, señor Arizmendi —responde Ana Lu con una tímida sonrisa.
—El gusto es completamente mío, señorita Ana Lu. ¿Nos vamos, Marcelo?
Marcelo no presta atención; se ha quedado mirando con profunda extrañeza a la pequeña Lliwsisa.
—¿Ah? Oh, sí, José Emilio. Ya nos vamos —dice Marcelo, intentando disimular—. Bueno, me despido, Viviana... espero que podamos vernos más seguido. Y chao, pequeña... Lliliwisa.
—¡¡¡Mi nombre es Lliwsisa!!! —lo corrige la niña, cruzándose de brazos.
—¿Por qué no vienen con nosotros a la casa? —interviene Marcelo de repente—. Se ve que Noelia y tu hermana se han hecho muy buenas amigas.
—¡¡¡That's neat!!! —exclama Noelia dando un saltito—. ¡Daddy, daddy, please! Por favor.
—No lo sé, hija. Marcelo, debes preguntarle a su hermana si acepta la invitación.
—No creo que se pueda hoy —interviene Viviana con premura—. Tendrá que ser para otro día. Lo siento mucho.
—Claro, no te preocupes, nos volveremos a ver pronto —insiste Marcelo con una mirada fija.
Marcelo se despide de Viviana y se retira junto a su amigo hacia el estacionamiento. Viviana y su hermanita también se despiden de Ana Lu, quien toma el rumbo opuesto para regresar a su hogar.
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Mientras van en el auto, la pequeña Noelia observa a su padrino a través del retrovisor.
—¿Te pasa algo, tío Marcelo?
—¿A mí? No, mi amor... Bueno, es que me quedé pensando en tu amiga peruana. ¿Cómo es que no me la presentaste antes?
—Es que hoy fue su primer día de clases, tío.
—Oh, ya veo.
—Vaya, veo que te impresionó bastante la amiguita de Noelia —comenta José Emilio con una ceja levantada mientras conduce—. ¿No crees que estás exagerando?
—¿De qué estás hablando, José Emilio? —se defiende Marcelo de inmediato—. No tengo ningún pensamiento extraño con la niña. Más bien... me impresiona lo mucho que se parece a mi hermanita.
—No sabía que tenías una hermana —dice José Emilio, sorprendido.
En ese momento, una lágrima solitaria resbala por la mejilla de Marcelo al recordar a su pequeña hermana, fallecida hace muchos años víctima de una enfermedad terminal.
—Esa niña, Lliwsisa, es idéntica a ella... es como ver un fantasma.
—¿Y su hermana mayor, Viviana? Noté que tampoco le quitabas el ojo de encima.
—¿Ah, sí? Bueno... Viviana representa un momento muy bello en mi pasado.
—¿Todavía la amas?
—Ella es el amor de mi vida, José Emilio —confiesa Marcelo con un hilo de voz—. Pero mejor no hablemos de eso... Te noté muy entusiasmado con la profesora de tu hija.
—Es la profesora de mi hija, Marcelo. Eso es todo —responde José Emilio de golpe, concentrándose en el camino mientras se dirigen a la mansión Arizmendi.
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Por su parte, Ana Lu decide hacer una parada en el supermercado para comprar algunos comestibles para la cena. Mientras recorre los pasillos seleccionando los productos, divisa a una extraña mujer de mirada profunda que no le quita los ojos de encima.
Tras pagar la cuenta, Ana Lu regresa al conjunto residencial donde vive y, para su sorpresa, se topa nuevamente con la misteriosa dama en los pasillos exteriores.
—¡¡¡Hello!!! —la saluda la mujer con voz suave.
—Oh, hello —responde Ana Lu—. Are you new in the neighborhood? ¿Es nueva en el vecindario?
—Por favor, hablemos en español —pide la mujer con una sonrisa melancólica—. Me siento mucho más cómoda en ese idioma.
—De acuerdo, hablaremos en la lengua de Cervantes entonces —sonríe Ana Lu—. ¿Es nueva por aquí? Me pareció haberla visto hace un momento en el supermercado.
—Oh, sí, suelo comprar mucho en ese lugar. La verdad... solo quería hablar con alguien.
—Mucho gusto. Mi nombre es Ana Lu.
—Mi nombre es Noelia.
Al escuchar ese nombre, Ana Lu siente un extraño pero hermoso presentimiento en el pecho.
—¿Se llama Noelia?
—Así es. Mis padres me pusieron ese nombre en honor a una canción muy antigua... Y yo, bueno, decidí heredárselo a mi hijita.
—¿Tiene una hija llamada Noelia? Qué coincidencia... Ese es el nombre de una de mis nuevas alumnas. ¡Es una chiquilla tan linda y especial!
La mujer sonríe con una ternura infinita. Sin embargo, en ese preciso instante, alguien llama a Ana Lu a sus espaldas. Al voltear, se encuentra con una linda muchacha muy delgada, acompañada por un joven de tez morena.
—What's up, Ana Lu! —saluda el muchacho con energía.
—¡Hola, Ana Lu! —exclama la joven.
—¿Jelly? ¿Neville? ¡¡¡Qué gran sorpresa verlos aquí!!! ¿Cuándo llegaron a Miami?
—Llegamos esta misma mañana. Queríamos darte una sorpresa —dice Jelly con entusiasmo—. Oye, Ana Lu... ¿con quién estabas hablando tan entretenida?
Ana Lu se gira de inmediato para presentarlos, pero se queda sin palabras: detrás de ella no hay nadie. La misteriosa mujer se había esfumado por completo.
—Pues... era una nueva vecina que acabo de conocer, pero qué raro, ya se fue. Por favor, pasen a mi humilde apartamento.
Neville se encarga de meter las maletas mientras Ana Lu los invita a sentarse en el sofá y va a la cocina a preparar un té.
—A propósito, Ana Lu —comenta Neville desde la sala—, Ya Ya te manda muchísimos saludos desde la isla.
—¡Ay, mi querida Ya Ya! Cómo la extraño. No se preocupen, que tengo pendiente una visita a las Bahamas muy pronto. Pero por ahora se me complica, porque acabo de conseguir empleo.
—¿Conseguiste trabajo? —pregunta Jelly, asomándose a la cocina.
—Sí, como profesora sustituta en una escuela primaria. Hoy fue mi primer día —relata Ana Lu con orgullo mientras sirve las tazas.
—Oye, Ana Lu —dice Neville con tono más serio—, Ya Ya me pidió que te preguntara... ¿has vuelto a tener ese "don"?
—Pues... no, por el momento todo ha estado tranquilo.
—Sabes que es inevitable, Ana Lu. Pero si aprendes a canalizarlo, puede ser muy útil. Podrías ayudar a resolver muchos misterios del pasado.
—Es justo como en esa película famosa —interviene Jelly, tomando su taza.
—¿Cuál película? —pregunta Ana Lu, extrañada.
—La del niño que ve gente muerta —responde Jelly con total naturalidad.
Ana Lu prefiere guardar silencio y les ofrece unas galletas para cambiar de tema. Tras unos minutos de charla, Jelly y Neville logran convencerla de ir a cenar a un nuevo restaurante de temática americana y música country que acaban de inaugurar, sabiendo que a Ana Lu le fascina ese género musical.
A lo lejos, oculta entre las sombras del pasillo, el espíritu de la misteriosa Noelia observa a Ana Lu, sabiendo en su interior que esa muchacha es la única que puede ayudarla a proteger a su familia.
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Mientras tanto, la pequeña Noelia llega a la mansión Arizmendi escoltada por su padre y su padrino. En la entrada los recibe Sofía, la bellísima encargada de la limpieza. Al verla, Marcelo deja escapar un hondo suspiro. Noelia corre a estrechar a Sofía en un fuerte abrazo, y la hermosa colombiana aprovecha el momento para lanzarle una mirada coqueta y un guiño de ojo a Marcelo, quien se derrite en su sitio.
—¡¡¡Sofi!!! ¡¡¡Cómo estás!!! —exclama la pequeña.
—Hola, mi princesa. Veo que vienes muy contenta. ¿Cómo te fue en tu primer día de clases?
—¡¡¡Me fue de maravilla!!! —cuenta Noelia emocionada—. ¡Tuve una nueva profesora que se llama Ana Lu y es hermosísima! ¡Y también tengo una nueva amiga que se llama Lliwsisa y es de Perú!
—Vaya, veo que ya conociste a Ana Lu —sonríe Sofía—. Ella es una gran amiga mía. Es una bellísima persona y me alegra mucho que sea tu maestra.
—Ejem... —interviene José Emilio, aclarándose la garganta—. Buenas tardes, Sofía. ¿Cómo está todo por la casa?
—Buenas tardes, patrón. Todo bien... Por aquí lo está esperando la señorita Vanessa en la sala.
—¿Vanessa está aquí? —se extraña José Emilio, frunciendo el ceño.
—Ejem... —interrumpe una voz chillona. Vanessa aparece de la nada y empuja levemente a Sofía para apartarla—. Ya puedes regresar a tus labores de limpieza, Sofía. Yo misma me encargo de atender a la familia.
—Le recuerdo, señorita, que usted no es mi jefa —le frena Sofía, plantándole cara—. Mi único patrón es el señor José Emilio.
—Sofía, por favor, hazle caso a Vanessa y retírate —pide José Emilio para evitar una escena.
—Sí, patrón. Con su permiso —responde Sofía, bajando la mirada con dignidad.
La guapa colombiana se retira caminando con un sutil contoneo de caderas que hace que Marcelo vuelva a suspirar. Vanessa, ignorando el desplante, se cuelga del brazo de José Emilio con ademanes cariñosos, pero él se muestra distante.
—Ay, José Emilio, de verdad no entiendo por qué contrataste a esa coqueta —se queja Vanessa—. Limpia todo a medias y solo busca llamar la atención.
—Sofía es una trabajadora muy eficiente, Vanessa —la defiende José Emilio con firmeza—. Y lo más importante es que se lleva de maravilla con Noelia.
—Es una lagarta —insiste Vanessa con veneno—. Si fuera por mí, ya la habría sacado a patadas de esta casa.
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—¿Qué pasa, mi belleza caleña? ¿Por qué esa cara? —pregunta Rigo con una sonrisa pícara.
—¡Ay, es que no soporto a la insoportable de Vanessa! —exclama Sofía, cruzada de brazos—. ¡Se aparece aquí y se comporta como si fuera la dueña y señora! Pero bueno, ya llegó el patrón con Noelia... y también vino el señor Marcelo.
—¿El señor Marcelo? ¿El amigo de don José Emilio?
—Sí, él mismo. ¡Ay, Rigo, es que es taaaan guapo y caballeroso!
—Ya veo por dónde van los tiros... —se ríe Rigo, mirándola con simpatía.
—Bueno —dice Sofía, acomodando una bandeja—, tengo que ir a servirles unos refrescos al patrón y a las visitas. Con permiso, Rigo.
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En la sala, Magdalena saluda a su hermano y a Marcelo, disculpándose por la demora ya que estaba supervisando al plomero que arreglaba un daño urgente en la tubería del baño. Vanessa permanece sentada en el sofá, sosteniendo posesivamente la mano de José Emilio.
—¿Todavía sigue ese hombre aquí? Se está tardando una eternidad con esa reparación —comenta Vanessa con desdén—. Es un flojo; se la pasa perdiendo el tiempo hablando con la servidumbre. ¿Quién lo recomendó?
—Me lo recomendó un vecino de absoluta confianza —responde Magdalena con frialdad—. Me aseguró que es un técnico muy eficiente y honrado.
—La honradez es una cualidad escasa e importante hoy en día —asiente José Emilio.
Marcelo, por su parte, mira a Magdalena con ojos enamorados y deja escapar un suspiro.
—Hola, Marcelo, qué milagro encontrarte por aquí —lo saluda Magdalena—. Disculpa, estaba tan distraída que no te había visto.
—Hola, Magdalena —sonríe Marcelo—. No te preocupes. Yo siempre estoy muy pendiente de tus publicaciones en la web. Hablas muchísimo de Karol G, por cierto. Te debe fascinar su música.
—Al contrario —interrumpe la pequeña Noelia entre risas—. ¡Mi tía detesta su música con todo su corazón!
—Qué extraño, porque siempre la mencionas en tus videos de redes —comenta Marcelo—. ¿En serio no te gusta Karol G?
—Detesto la música de esos artistas modernos —sentencia Magdalena con amargura—. Si es que a ese ruido se le puede llamar música... ¡Bah!
En ese preciso instante, Sofía entra a la sala cargando la bandeja de refrescos mientras tararea alegremente una canción de Karol G:
"Papacito, ay, qué rico tú / I want you and not just for a little..."
Marcelo vuelve a suspirar embelesado contemplando a Sofía, mientras la pícara sirvienta le devuelve una mirada cómplice. Sin embargo, en un descuido por mantener el juego de miradas, la bandeja se tambalea y Sofía derrama accidentalmente el refresco sobre la falda del vestido de Vanessa.
—¡¡¡Fíjate lo que haces, estúpida ordinaria!!! —grita Vanessa, poniéndose en pie hecha una furia—. ¡¡¡Este vestido es finísimo y de diseñador!!!
—¡Ay! ¡Ups! Perdone, señorita Vanessa, fue un accidente —se disculpa Sofía, fingiendo consternación.
—¡Ay, José Emilio, mírale las fachas! —grita Vanessa, histérica—. ¡No sé qué esperas para despedir a esta inepta coqueta!
—No, patroncito, por favor no me despida... Fíjese que de verdad necesito este empleo —le suplica Sofía a José Emilio con ojos de cordero degollado.
—Tranquila, Sofía, no te voy a despedir, fue un accidente —la calma José Emilio, para luego dirigirse a su hermana—. Magdalena, por favor, acompáñala arriba y préstale uno de tus vestidos a Vanessa para que se cambie.
Haciendo un berrinche, Vanessa se retira hacia las escaleras escoltada por una seria Magdalena.
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Unas horas más tarde, en el restaurante de moda "Honky Tonk", Gerardo se encuentra cenando junto a su novia Aleysha. El lugar está ambientado con música country en inglés. Entre las mesas dobla Amber, quien al reconocer a Gerardo de inmediato se acerca y le lanza una mirada provocativa.
—Hello, handsome! ¿Te acuerdas de mí? —dice Amber con tono seductor.
—Eh... perdón, ¿nos conocemos? —responde Gerardo, poniéndose completamente nervioso y abrazando con fuerza a su novia.
—Tú... "trabajar" in la cafetería cubana —le recuerda Amber con su español masticado.
—No... no lo recuerdo —miente Gerardo con timidez—. Atiendo a tantos clientes al día, jejeje.
—¡¡¡Ejem!!! —interviene Aleysha con voz cortante, clavándole una mirada asesina a la intrusa—. ¿Acaso no tienes otra cosa mejor que hacer? ¡Él es mi novio!
—Ups, sorry, señoría —balbucea Amber, retrocediendo asustada ante los celos de la cubana.
Amber se retira a toda prisa y camina hacia la entrada, donde providencialmente se topa con Ana Lu, Jelly y Neville, quienes acaban de llegar.
—¡Hola, Amber! —saluda Ana Lu de buen humor—. Qué bueno encontrarte aquí. Mira, quiero presentarte a mis grandes amigos: Neville, que viene de las Bahamas, y Jelly.
—Mucho gusto —sonríe Jelly—. Mi nombre completo es Jelly Lorena.
—¿Te llamas Jelly Lorena? —se extraña Amber, abriendo mucho los ojos.
—Así es —responde Jelly, confundida—. ¿Tiene algo de malo mi nombre?
—Es que Lorena "ser" nombre típico de villana de telenovela —explica Amber con seriedad.
—Oye —replica Jelly, cruzándose de brazos e indignada—. ¿Qué estás queriendo decir con eso?
—Vamos, chicas, no empiecen a pelear apenas llegando —interviene Neville para calmar los ánimos—. ¿Qué les parece si nos sentamos y ordenamos algo de comer?
—¡¡¡Yo "recomendar" las barbecue ribs!!! ¡¡¡They're delicious!!! ¡¡¡Yummy!!! —sugiere Amber, olvidando el pleito.
Neville hace señas al mesero para tomar la orden. Mientras tanto, Ana Lu pide permiso al grupo para ir un momento al baño de damas.
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Camino al tocador, en un pasillo un tanto apartado, Ana Lu se detiene en seco al ver nuevamente a la misteriosa señora Noelia.
—Hola... Noelia, ¿verdad? —dice Ana Lu con asombro—. Vaya, qué coincidencia volvernos a encontrar aquí.
—Así es, Ana Lu. Me encanta este lugar; solía venir muchísimo con mi esposo. A él le fascinaba pedir las costillas barbecue.
—Justo eso acabamos de ordenar en mi mesa —sonríe Ana Lu—. ¿Por qué no nos acompaña y cena con nosotros?
—Te lo agradezco en el alma, pero no quiero ser una molestia para tus amigos —responde Noelia con voz suave.
En ese momento, una voz conocida interrumpe la conversación desde el pasillo principal.
—¡¡¡Ana Lu!!! ¡¡¡Qué grata sorpresa encontrarte en este lugar!!! ¿Sueles venir seguido por aquí? —pregunta José Emilio, acercándose con una gran sonrisa.
—Es la primera vez que vengo, de hecho —responde Ana Lu, sintiendo que las mejillas se le colorean—. ¿Y cómo está la pequeña Noelia?
—Ella está muy bien, se quedó en casa cenando con mi hermana Magdalena.
En ese instante, los acordes de una hermosa e íntima balada comienzan a resonar en el restaurante. Se trata de "Rest Your Love on Me", interpretada magistralmente por los Bee Gees. A Ana Lu se le iluminan los ojos al reconocer la melodía.
—Adoro esta canción... —susurra ella.
—¿Me harías el honor de bailar esta pieza conmigo? —le propone José Emilio, extendiéndole la mano con galantería.
—Encantada —acepta Ana Lu, colocando su mano sobre la de él.
Ambos se dirigen a la pista de baile, fundiéndose en un tierno y cercano abrazo al compás de la nostálgica música. José Emilio experimenta una maravillosa sensación de paz al estrechar el cuerpo de esa bellísima mujer:
"Maybe you don't know me any more than I know you / And I wouldn't blame you if you walked away..."
No muy lejos de la pista, las miradas de Neville y Gerardo se llenan de una profunda frustración al ver la escena. Neville, quien lleva años enamorado en secreto de Ana Lu sin ser correspondido (ya que ella solo lo ve como un hermano), aprieta los puños. Jelly, notando su tristeza, le da un cariñoso empujón y lo saca a bailar para animarlo. Por su parte, Gerardo, que también ha reconocido a Ana Lu de sus visitas a la cafetería, contempla el baile con el corazón roto. Amber nota su distracción e intenta invitarlo a la pista, pero Aleysha interviene de inmediato, tomándolo del brazo de manera posesiva para bailar con él. A pesar de estar con otras parejas, ni Neville ni Gerardo pueden apartar los ojos de Ana Lu; cierran los ojos por un instante, imaginando con amargura que son ellos quienes la sostienen en sus brazos:
"Lay your troubles on my shoulders / Put your worries in my pocket / Rest your love on me awhile..."
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Mientras tanto, Vanessa entra al restaurante buscando a José Emilio. Al recorrer el lugar con la mirada, sus ojos se clavan en la pista de baile y descubre a su novio abrazado a Ana Lu. Llena de rabia, Vanessa se dispone a avanzar para armar un escándalo, cuando de repente, siente que una fuerza invisible y descomunal la empuja violentamente contra la pared, impidiéndole el paso.
—¡Epa! ¿Pero qué me pasa? ¿Quién demonios me empujó? —grita Vanessa, mirando furiosa a todos lados—. ¡¡¡Quién fue, sal de ahí!!!
—Yo no "tener idea" —comenta Amber, quien va pasando por el pasillo con un trago en la mano.
—¡¡¡Fuiste tú!!! ¡¡¡Tú me empujaste a propósito, maldita intrusa!!! —brama Vanessa.
—Yo solo "estar" viendo a... my friend... bailando muy bonito —responde Amber, apuntando a la pista.
—¿Tu amiga?
Al ver a dónde señala Amber, Vanessa se enfurece aún más y trata nuevamente de abalanzarse hacia la pareja, pero una misteriosa corriente de aire helado la aparta con fuerza, manteniéndola alejada de José Emilio y Ana Lu, quienes continúan flotando en su burbuja romántica.
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Finalmente, las últimas notas de la canción se desvanecen. Ana Lu le agradece el baile a José Emilio con una mirada tímida. En ese preciso momento, la fuerza invisible libera a Vanessa, quien rompe el círculo con paso firme y el rostro desencajado por la furia.
—Oiga, José Emilio, ¿se puede saber qué significa este numerito? —exclama Vanessa con voz estridente.
—¿Yo? —responde José Emilio con calma—. Solo estaba disfrutando de una pieza con la señorita Ana Lu.
—¿Ana Lu? ¿Y quién es ella si se puede saber?
—Es la nueva profesora de Noelia en la escuela.
—Mucho gusto —interviene Ana Lu de manera educada, extendiéndole la mano—. Mi nombre completo es Ana Lucía Smith.
—Yo soy Vanessa Lorena... la novia y futura esposa de José Emilio Arizmendi —sentencia ella con desprecio, ignorando el saludo.
—Vaya, una disculpa, señorita Vanessa Lorena. Solo era un baile de cortesía con el señor.
—No empieces con tus celos absurdos, Vanessa. Solo fue una canción —la frena José Emilio con fastidio.
—Conozco perfectamente a las de tu clase, mosquita muerta. Sé cuándo una zorra intenta meterse con lo mío.
En medio de la tensión, Gerardo se acerca a la mesa para romper el hielo y saluda a Ana Lu.
—¿Ana Lu? Qué milagro encontrarte en este lugar. ¿Te acuerdas de mí? Soy Gerardo, el de la cafetería cubana —dice el joven con una sonrisa.
—Oh, hola, Gerardo. Qué sorpresa. ¿Sueles venir seguido por aquí? —pregunta Ana Lu, aliviada por la interrupción.
Antes de que Gerardo pueda responder, Aleysha aparece como un torbellino y se cuelga de su brazo de manera posesiva.
—Vino conmigo, por supuesto. Soy Aleysha Lorena... su novia y su futura esposa —declara la cubana con orgullo y tono retador.
—Ejem... sí —añade Gerardo, visiblemente intimidada—. Aleysha y yo nos conocemos desde hace mucho en la Iglesia. Vamos todos los domingos sin falta a la misa del padre David Soto.
—Así es —remata Aleysha con soberbia—. Mi familia es católica, apostólica y cubana de pura cepa.
—Mucho gusto, Aleysha —responde Ana Lu, un tanto abrumada por tanta hostilidad, y de pronto cae en cuenta de un detalle—. Bueno, los dejo, me está llamando mi grupo de amigos. Qué curioso... mi amiga también se llama Lorena, igual que ustedes dos. Parece que hay demasiadas "Lorenas" juntas esta noche por aquí, ¿verdad? Con su permiso.
Ana Lu se retira a paso rápido de la incómoda reunión y regresa a su mesa junto a Neville y su fiel amiga Jelly Lorena. En ese mismísimo instante, las luces del restaurante cambian y por los potentes altavoces comienza a sonar "Total Eclipse of the Heart", la icónica obra de Jim Steinman interpretada por la desgarradora voz de Bonnie Tyler.
Al escuchar los primeros acordes, Jelly Lorena, Vanessa Lorena y Aleysha Lorena se detienen en seco en sus respectivas posiciones. Como impulsadas por un mismo hilo invisible, las tres levantan una ceja al mismo tiempo, dibujando una sutil y fría mueca de maldad en sus rostros.
Desde la cabina, observando la escena con atención, el DJ Angel Knight —un economista mexicano originario de la CDMX, escritor y respetado crítico de telenovelas— clava su mirada analítica sobre las tres "Lorenas", anticipando el drama que se avecina. A unos metros, disfrutando de la música y del ambiente, Juan Tune —un colombiano apasionado seguidor del festival de Eurovisión— corea el estribillo con entusiasmo, ignorando la tensión del lugar:
"(Turn around) / Every now and then / I get a little bit lonely / And you're never coming 'round..."
CONTINUARÁ...
***La canción elegida es "Total Eclipse of the Heart", composición de Jim Steinman e interpretada por Bonnie Tyler:








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